Escribir es solo la mitad del trabajo.
Cuando eres guionista, tu día a día oscila entre dos extremos que no se parecen en nada. Hay semanas enteras en las que no sales de casa, encerrada con tu historia, tus personajes y tus deadlines. Y hay otras en las que toca salir al mundo: viajar a mercados, circular un poco para que no se olviden de tu cara, y pitchear ese proyecto que llevas meses —a veces más— escribiendo. Estás todo el rato pendiente de convocatorias, labs, residencias, cualquier cosa que le dé visibilidad a lo que escribes y que te ponga en el mapa de la industria.
Pero hay algunas iniciativas que van más allá. En lugar de poner a los proyectos en el centro, ponen a los creadores. Y eso es exactamente lo que hace Canneseries Writers Club. Un espacio donde no vas a pitchear una historia: vas a pitchearte a ti como profesional. A sentarte con guionistas de quince países distintos y hablar de oficio, de proceso, de lo que funciona y lo que no. A escuchar a showrunners y productores que normalmente no son accesibles. Y a descubrir que muchas de las preguntas que te haces en tu escritorio de Madrid son las mismas que se hace alguien en Copenhague, México o París.

Un club que no se busca: te encuentran a ti
Canneseries Writers Club es una de las iniciativas más singulares del ecosistema de festivales/mercados en Europa. Fue una de las primeras secciones en crearse dentro de Canneseries y funciona con una lógica muy distinta a la de cualquier otro programa de industria: no puedes postularte. Tu nombre llega a la organización siempre por recomendación de un participante anterior, y a partir de ahí, si cumples con los requisitos —haber estrenado al menos una serie en los últimos dos años—, te invitan.
Si te aceptan, asistes a un programa de tres días intensivos pensado exclusivamente para guionistas: charlas con showrunners y productores de primer nivel, sesiones cerradas, almuerzos con el resto de los miembros del club y una jornada de speed meetings con productores internacionales. Todo cubierto por el festival. Y detrás, un equipo liderado por Shirin Rashidian que cuida cada detalle con una atención que rara vez se ve en este tipo de eventos. El Writers Club es, además, el único de los clubs de Canneseries al que solo puedes ser invitado una vez, lo cual le da un carácter irrepetible.
Este año, la edición 2026 reunió a más de treinta guionistas de Francia, Alemania, Dinamarca, Grecia, Israel, Croacia, Eslovaquia, Finlandia, Italia, Sudáfrica, Australia, Reino Unido, Canadá y España —de donde fui la única representante—. Ver esa lista de países en una misma sala ya dice mucho sobre el tipo de conversación que se genera.
Charlas que inspiran (de verdad)
El programa del Writers Club se organiza en torno a sesiones con profesionales cuya experiencia marca una diferencia real. Y lo que distingue estas charlas de las que sueles encontrar en otros foros es que están diseñadas para un público de guionistas. No se habla en abstracto ni en titulares: se habla de proceso, de decisiones concretas, de errores y de hallazgos.
La sesión con David Levine, de Anonymous Content, fue una de las que más me impactó. Se centró en la relación de confianza entre guionista y productor, en cómo equilibrar la visión creativa con el feedback externo, y en saber identificar cuándo un proyecto está listo para dar el salto. También abordó las diferencias entre escribir para formatos episódicos y para binge, algo que para quienes trabajamos en mercados donde ambos modelos conviven resulta muy relevante.
Ron Leshem compartió su experiencia desde ‘Euphoria’ hasta sus proyectos actuales con una generosidad poco habitual. Lo que más me interesó de su intervención fue cómo habló de la posibilidad real de escribir para mercados distintos al propio, algo que para los guionistas europeos que no escribimos en inglés como lengua materna es un tema central. Anna Winger, creadora de ‘Unorthodox’ y la trilogía ‘Deutschland’, aportó la perspectiva de alguien que ha logrado fusionar el modelo de showrunning estadounidense con la producción europea, algo que muchos aspiramos a entender mejor. Y Lesli Linka Glatter, con su trayectoria como directora en series como ‘Homeland’, trajo algo que no siempre se ve en estos foros: la representación de mujeres con carreras extensas y consolidadas en posiciones de liderazgo creativo. Noah Hawley cerró la edición hablando con claridad sobre el estado de la industria en Estados Unidos y sobre su forma de abordar las series en las que trabaja, con una perspectiva que ayuda a entender el panorama global más allá de lo que nos llega filtrado.
Speed meetings: donde el contenido empieza a viajar
Si las charlas aportan perspectiva, los speed meetings con productores son el espacio donde las conexiones se concretan. El Writers Club organizó una jornada en la que los guionistas nos reunimos con miembros del Producers Club y del Composers Club, en rondas cortas pero intensas. Es un formato exigente —tienes pocos minutos para presentarte y presentar tu trabajo—, pero está pensado para que de ahí salgan conversaciones reales.
En mi caso, pude establecer contacto con varios productores con los que ya estoy explorando posibles colaboraciones. Es un recordatorio tangible de que el contenido puede viajar, y de que lo que escribimos en español tiene interés más allá de nuestras fronteras cuando encontramos los interlocutores adecuados. También fue interesante comprobar que varios de los productores presentes —de Francia, Irlanda, Alemania, Italia, Israel, Reino Unido— buscan activamente historias que vengan de otros territorios. La coproducción europea no es un concepto abstracto en estos espacios: es la práctica habitual.
Lo que pasa fuera de la burbuja
Una de las cosas que más valoro de esta experiencia es lo que te obliga a hacer: salir de tu contexto. Cuando trabajas en un mercado como el español, donde hay mucha actividad pero también mucha endogamia, es fácil perder de vista qué se está produciendo fuera, qué buscan las plataformas internacionales, qué tendencias narrativas están emergiendo. Canneseries, y en particular el Writers Club, te coloca frente a ese panorama sin filtros.
Este año, el programa incluyó un taller con Climate Spring sobre cómo la ficción puede abordar el cambio climático y el poder tecnológico sin caer en la distopía genérica, y una sesión del Albi Fund sobre crear series en contextos de conflicto, con Hagai Levi y Tawfik Abu Wael hablando de su colaboración en ‘Our Boys’. Son conversaciones que rara vez se dan en los foros españoles y que amplían enormemente el rango de lo que consideramos posible como material narrativo.
Entender el panorama internacional no es un lujo: es una necesidad práctica. Las decisiones que toman las plataformas sobre qué producir, dónde y con quién responden a dinámicas que se definen fuera de España. Si no estás presente en esos espacios, te enteras tarde y -creo yo-reaccionas en lugar de proponer.

El elefante en la sala: España y sus guionistas
Algo que me llamó la atención este año fue comprobar que muchos de mis colegas del Writers Club, especialmente los franceses y alemanes, trabajan regularmente para mercados distintos al suyo. Escriben en inglés o participan en writers’ rooms internacionales. No es que hayan abandonado sus mercados locales: es que han ampliado su campo de acción. Y eso les da una perspectiva que se nota en sus proyectos.
Es evidente que el idioma es el principal obstáculo para los guionistas españoles que quieren trabajar fuera. Pero no es el único. También lo es la falta de una cultura de internacionalización real del talento de escritura. España produce mucha ficción, tiene guionistas con un nivel altísimo, pero el ecosistema no está diseñado para que ese talento circule.
Por supuesto que no económico también pesa. Asistir a mercados y festivales nacionales e internacionales cuesta dinero, y para un guionista autónomo no siempre es viable. Por eso también creo que son muy positivas las apuestas como la de DAMA que permiten costear gastos de asistencia a mercados y festivales. Este tipo de iniciativas son súper necesarias para que los guionistas sigamos circulando y haciendo carrera. Y creo que, cuando lo haces, el retorno es enorme: no solo en contactos inmediatos, sino en la forma en que empiezas a pensar tus proyectos y tu carrera.
Por qué estos espacios importan
Iniciativas como Writers Club demuestran que invertir en los guionistas tiene un impacto directo en la calidad y el alcance de lo que se produce. Cuando un guionista tiene acceso a conversaciones de alto nivel con showrunners y productores internacionales, cuando puede sentarse frente a alguien que produce para Netflix, HBO, Apple TV o Canal+ y hablar de su trabajo, algo cambia. No solo en su carrera individual, sino en el ecosistema que lo rodea.
Europa necesita más espacios así. Y España, en particular, necesita entender que potenciar a sus guionistas para que puedan competir y colaborar a nivel internacional no es un gasto: es una inversión estratégica. En un momento de cambios acelerados en la industria —con plataformas redefiniendo sus estrategias, con la inteligencia artificial planteando preguntas nuevas, con los modelos de producción en constante transformación—, los guionistas que tengan una visión internacional y una red de contactos fuera de sus fronteras van a estar mejor preparados para lo que venga.
Lo digo como guionista argentina radicada en Madrid, que reconstruyó su carrera desde cero después de emigrar: sumergirse en nuevos territorios, nuevas historias y formas de trabajar no es solo posible, es una de las decisiones más estratégicas que puedes tomar. No se trata de esforzarse más, sino de mirar más lejos. De entender que la carrera de un guionista hoy no se construye solo con lo que escribes, sino con dónde te colocas, a quién conoces y qué conversaciones estás teniendo. Buscar esos espacios, estar presente en ellos y pensar tu trabajo con vocación internacional es, probablemente, una de las mejores inversiones que puedes hacer en tu profesión.



