El audiovisual cántabro crece, pero reclama menos trabas en las ayudas para producir y coproducir

Por Adela Mac Swiney, desde Santander.

El sector audiovisual de Cantabria ha crecido, cuenta ya con ayudas al desarrollo y la producción y atrae cada vez más rodajes, pero productores y responsables de las instituciones coinciden en que todavía existen importantes obstáculos administrativos para consolidar ese avance. La exigencia de avales, los retrasos en las justificaciones, la falta de personal técnico, las dificultades para articular coproducciones entre comunidades autónomas y la competencia fiscal con territorios vecinos protagonizaron buena parte de la mesa ‘Ayudas a la producción local’, celebrada en el marco de la décima edición del Festival de Cine de Santander, coorganizada junto con la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y Audiovisual451.

Víctor Lamadrid, director de Cantabria Film Commission y secretario general de Spain Film Commission; Christian Franco, director de la Filmoteca de Cantabria Mario Camus; y los cineastas y productores Marta Solano y Carlos Mora han puesto sobre la mesa dos realidades que conviven actualmente en Cantabria, por un lado, un ecosistema audiovisual que ha avanzado considerablemente durante los últimos años y que cuenta con herramientas de desarrollo, formación, producción y promoción que antes no existían y por otro, una estructura administrativa que todavía genera dificultades para productores y cineastas en momentos decisivos de los proyectos.

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El punto de partida, ha apuntado Víctor Lamadrid, obliga además a analizar Cantabria desde su propia dimensión y no a partir de comparar la región con comunidades con estructuras audiovisuales mucho mayores. “La primera parte es saber dónde estamos, saber quiénes somos, saber qué limitaciones tenemos, porque no tiene mucho sentido intentar hacer per se, intentando imitar a País Vasco, Madrid, esas grandes regiones”.

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Ha recordado que Cantabria partía prácticamente de cero, pues “nosotros no tenemos televisión autonómica, no teníamos ayudas al audiovisual, teníamos muy poco, no tenemos estudios tampoco de cine” y ante esa situación, la estrategia ha sido “ir poniendo poquito a poquito piedras para que todo tuviera un sentido y fuera un crecimiento sostenido y sostenible en todos los sentidos”.

Christian Franco ha defendido un desarrollo ordenado de la industria. “Estamos en un momento de crecimiento del audiovisual de esta región, la gente quiere ver lo que se hace aquí, la gente quiere sentir que el cine cántabro está funcionando, quiere conocer a los cineastas”, pero “no se trata de crecer a lo loco, sobre todo debemos tener un crecimiento muy bien estructurado, tiene que estar todo muy bien estructurado y es muy importante que tengamos dinero y que tengamos unas ayudas potentes”, ha advertido.

De no tener ayudas a cubrir prácticamente todas las fases de un proyecto

Uno de los principales avances señalados durante la mesa es la construcción de una estrategia de apoyo que busca acompañar los proyectos desde sus primeras fases. Christian Franco ha explicado que actualmente existe un taller de impulso organizado anualmente por Cantabria Film Commission en el que seis proyectos son tutelados en su fase inicial, además de ayudas al desarrollo y a la producción. “De alguna manera estamos cubriendo todo el proceso de creación de una película; necesitamos más dinero, sí, pero esto es un avance importante”, ha dicho.

Una de las líneas que considera necesario reforzar es precisamente la destinada a la coproducción. “Hay alguna línea que querríamos incrementar para coproducciones, sobre todo una línea que yo creo que es lo que nos faltaría un poco para complementar ya todo, pero una vez que tienes esa estructura es más fácil crecer”, ha señalado.

Para Franco, tan importante como el volumen económico es la continuidad del acompañamiento, ya que “las cosas tienen que ir con un orden y tiene que estar todo bien estructurado y sobre todo eso, que el cineasta se sienta acompañado en cada momento del camino”, con el objetivo de evitar períodos sin instrumentos de apoyo que puedan paralizar un proyecto entre una etapa y la siguiente.

Lamadrid ha puesto el foco en ese mismo proceso en iniciativas como los Diálogos de Cine y Producción, jornadas formativas que alcanzan ya su edición número 50, el taller anual de impulso o el catálogo de cortometrajes. “Intentamos generar espacios donde poder dar pie a que el brillo del talento de los cineastas de la región tenga más capacidad de alcance y dotar de herramientas ya que hacer cine no es fácil, intentamos dar ese asesoramiento”.

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Marta Solano: “Tenemos dinero, pero falta personal”

El contrapunto en la mesa redonda llegó desde la experiencia de la producción. Marta Solano recordó las dificultades con las que Burbuja Films comenzó a trabajar hace dos décadas en Cantabria, cuando no existía prácticamente una estructura de apoyo. La situación ha cambiado, especialmente desde la aparición de las ayudas al largometraje, que, según ha explicado, han abierto una vía para que los proyectos de la comunidad hayan llegado al propio Festival de Cine de Santander y en esta edición especialmente tres: ‘Level’, de Carlos Mora; ‘La patria de los heladeros’, de Maite Vitoria; y ‘Las capas de la lasaña’, de Guillermo Ruiz.

Sin embargo, Solano ha identificado un problema muy concreto en la estructura actual, pues “en Cantabria tenemos dinero, pero falta personal, faltan técnicos” y esa carencia afecta especialmente al momento de justificar las subvenciones y puede provocar importantes retrasos en la recepción del dinero.

“¿Qué sucede cuando uno ya tiene el proyecto, se ha gastado el dinero y quiere ir a justificar la ayuda?”, se ha preguntado y la respuesta es que no se puede porque no hay personal técnico y ha asegurado que se han encontrado “con situaciones muy complicadas de estar más de un año esperando que las ayudas nos aprueben la justificación”, algo que considera incompatible con una industria que se encuentra en proceso de crecimiento.

“¿Qué hacen nuestros compañeros que nos quieren a dolor y luchan por el cine?”, ha continuado y responde que “intentar ayudarnos y tiran de la creatividad para que podamos justificar en tiempo y forma que lo hacemos y para que llegue el dinero, porque nos hemos encontrado con situaciones muy complicadas de estar más de un año esperando que las ayudas nos aprueben la justificación, lo hemos sufrido todos, y eso no se puede consentir”.

La productora ha puesto además el foco en los costes financieros que puede generar el sistema de avales cuando los tiempos administrativos se prolongan. “Si tú pides un aval y tú cuando entregas la justificación al mes, el dinero está en tu cuenta, el problema es que tienes que seguir pagando el aval y nadie te va a pagar el dinero que estás invirtiendo porque tú ya has entregado tu justificación”, ha expuesto.

Ha afirmado que su reivindicación ya no pasa únicamente por aumentar el presupuesto de las convocatorias. “Yo es que ahora mismo ya no quiero eso, yo lo que quiero es que se comprometan a sacar una ayuda, y resuelvan una ayuda. No puede ser que nos dejen tirados en mitad del proceso y que luego pues vayan diciendo que todo va bien porque las cosas no van bien”, añade.

El aval, una barrera que puede hacer caer una coproducción

Carlos Mora ha coincidido con Solano en el impacto que tienen estos mecanismos sobre quienes producen. “Sí, el tema del aval y todo esto son cosas que frustran, generan momentos de mucho estrés y ansiedad, que nos quitan el sueño, y solo pido que nos lo pongan fácil, que ya bastante difícil es levantar una producción, estamos bastante solos y el camino es largo e incierto”, y hace hincapié en que los procedimientos administrativos y logísticos deberían funcionar de manera especialmente ágil precisamente por la incertidumbre inherente a la producción cinematográfica.

El problema puede afectar además a la capacidad de atraer socios. Mora ha aportado un ejemplo directo: “A mí me han propuesto coproducir y en cuanto vieron lo del aval, se echaron para atrás; todas estas cosas no facilitan la producción de películas, no solo desde lo que se ve en la pantalla sino a nivel estructural, de equipos, de medios, todas estas trabas no ayudan”, añadió.

Los responsables de las instituciones reconocieron durante la propia mesa la existencia del problema. “Tiene toda razón, es así”, ha apuntado Víctor Lamadrid a las críticas de Solano. “A veces te encuentras con trabas que son más a nivel de personal de la administración, falta de personal que cuesta suplir, que puede parecer como la parte menos importante cuando a priori ves todo el mapa del proceso, pero que es un cuello de botella y que afecta a todo”.

Christian Franco ha puesto la diferencia entre dos cuestiones: el diseño de las ayudas y la falta de personal. Sobre la primera, ha explicado que se está intentando modificar la exigencia del aval y que María Fernández-Rosillo, directora general de la Sociedad Regional de Educación, Cultura y Deporte, había enviado durante el año tres versiones distintas para intentar modificar ese apartado y las tres han sido rechazadas. “Ahora estamos trabajando en la cuarta, que la vamos a enviar en estos días, en principio, es la idea; lo que pasa es que como no lo resolvamos de esta, ya tenemos que volver a sacar las ayudas otra vez pidiendo el aval, porque ya quedamos sin plazo”.

Nadie debería hipotecar su casa para hacer una película

Christian Franco ha sido especialmente contundente al abordar las consecuencias que determinadas exigencias administrativas pueden tener para los productores. “Estamos en 2026, nadie tiene que hipotecar su casa para hacer una película o nadie debería hipotecar su casa para hacer una película; cuando una decisión administrativa o una normativa que ya se tendría que haber actualizado te obliga a hipotecar tu casa para hacer una película es que algo no está funcionando en la administración y ese es el punto de partida de todo, nadie tiene que hipotecarse para rodar o para producir una película”, ha insistido.

Marta Solano amplió el debate hacia la consideración económica de la actividad cinematográfica y ha aseverado que “desde la PACCA (Productoras Asociadas de Cantabria de Cine y Audiovisuales) llevamos años intentando que el cine sea reconocido como una industria, queremos ganar dinero también con lo que hacemos y no precarizar los trabajos” y recalca que levantar una película no puede convertirse permanentemente en una lucha contra obstáculos financieros y administrativos.

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Las coproducciones entre comunidades plantean además otro problema: la falta de coordinación entre convocatorias y requisitos territoriales. Solano ha reclamado una mayor interlocución política para conseguir calendarios que faciliten la financiación conjunta de las películas y a los políticos e instituciones ha pedido que “hagan un calendario, siéntense y trabajen con nosotros”.

Lamadrid también ha hablado de la necesidad de introducir flexibilidad cuando confluyen diferentes territorios en una misma producción y ha señalado que “tenemos que, hasta cierto punto, ser permisivos en cosas como rodaje en Cantabria, porque si no, si en Cantabria pedimos rodar en la región, pero en el País Vasco piden rodar ahí y en Valencia también, no hay manera de sacar adelante el proyecto, hay que saber dónde apretar y dónde soltar”.

Más rodajes pese a competir con incentivos fiscales de hasta el 70 por ciento

A pesar de las dificultades descritas, los cuatro participantes han estado de acuerdo en que la situación del audiovisual cántabro ha cambiado sustancialmente. “Ha cambiado muchísimo todo. A lo mejor hay muchísimas cosas todavía por mejorar, pero las cosas han cambiado, de eso no cabe ninguna duda”, resume Carlos Mora mientras que Víctor Lamadrid ha resaltado que uno de los indicadores más visibles es el incremento de los rodajes y cada año en Cantabria se rueda más, aunque recordó la particular situación competitiva de la comunidad frente a territorios cercanos con regímenes fiscales propios. “¿Cómo compites cuando no tienes capacidad de cambiar el incentivo fiscal con un 30 % cuando ellos tienen hasta un 70?”, ha cuestionado.

La respuesta de Cantabria, según Lamadrid, pasa en buena medida por la colaboración y por explotar otras ventajas competitivas pues “ya que no puedes competir, vamos a llevarnos bien, vamos a colaborar; existen producciones que distribuyen sus rodajes entre distintos territorios e incluso otras que, pese a poder acceder a incentivos superiores en comunidades vecinas, eligen Cantabria por sus costes o por la facilidad para obtener permisos”.

Pero para el director de Cantabria Film Commission, el verdadero indicador de éxito no es únicamente atraer producciones externas, “lo realmente importante es que ese crecimiento venga desde dentro, que el sector sea más fuerte, que creo que también lo estamos consiguiendo, Cantabria es una comunidad de referencia en fomento del talento” y ha subrayado la percepción exterior de iniciativas como las jornadas DCP y de la colaboración existente entre los profesionales locales.

Al respecto, Marta Solano ha asegurado que “una cosa que tenemos aquí es que nos llevamos todos muy bien. muy bien, también eso es muy positivo, el sector está unido” y agrega que, aunque el cine cántabro ha existido desde hace muchos años, es ahora cuando se está exportando al mundo, no solamente a España, sino fuera de estas fronteras. Carlos Mora ha cerrado el debate con una perspectiva optimista pese a todos los obstáculos abordados durante la mesa: “sí, siempre ha habido cine cántabro, yo creo que hay futuro, auguro larga vida al cine cántabro”.

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