Hace tres años, el gobierno de Canadá aprobó una ayuda especial de 23 millones de dólares canadienses (unos 14,3 millones de euros) para que el TIFF, Toronto International Film Festival, creara un mercado organizado o “formal” (el informal ya existía y cerraba muchos acuerdos desde hace tiempo).
No se puede decir, por tanto, que hayan tenido que montar “TIFF: The Market / Le Marché” solamente “por un puñado de dólares”, pero sí que la sensación de vacío en el recinto del Metro Toronto Convention Centre (MTCC) era muy similar a la que se produce en una película del oeste poco antes del duelo final cuando surcan el pueblo los cardos rodadores o “tumbleweed”.

Las cifras
Según el balance difundido al cierre, TIFF: The Market reunió del 10 al 16 de septiembre a 7.010 delegados de 92 países, 238 expositores y 1.473 compradores registrados, un 19 % más que los 1.237 del año anterior, cuando el mercado aún era oficioso. Hubo 196 proyecciones de mercado. Estados Unidos aportó el 40 % de los compradores, seguido de Canadá, Alemania, Francia y Reino Unido. Oficialmente, el recinto principal fue el Metro Toronto Convention Centre, con sedes también en el InterContinental y el Ritz-Carlton.
La sensación
Las cifras, sin embargo, no coincidían con lo que se veía. Barry Hertz, crítico de The Globe and Mail -el único crítico de cine canadiense que sigue en plantilla en un medio escrito- ha comentado en su balance del festival no solo la escasa afluencia, sino sobre todo, el “exceso de stands ocupados no por agencias de ventas de prestigio, productoras o compradores, sino por organismos cinematográficos nacionales de diversos países (el espacio de Telefilm fue, con diferencia, el más concurrido), el recinto daba a menudo la impresión de ser una versión especialmente adormilada de una conferencia de turismo”.
Esta impresión se comprobaba en uno de los stands más grandes de la planta, el de Goodfellas: a las once de la mañana de un día laborable de mercado, la agencia parisina —la antigua Wild Bunch International— lo tenía vacío. Y, por cierto, es quien vende internacionalmente ‘La bola negra’, la película que días después ganaría el principal premio del festival, el premio del público. Su negocio, como el de otras grandes compañías, se estaba haciendo en otro sitio.
En el pabellón de España: “Los negocios de verdad se van a seguir haciendo en los hoteles”
ICEX e ICAA organizaron un pabellón común, bajo las marcas Cinema from Spain y Spanish Kaleidoscope, con ocho empresas: Bendita Film Sales, ConUnPack de Películas, Filmax, Film Factory, Sideral Cinema, Lady Red Producciones, Lantia Publishing y Seven Islands Film. La Oficina Económica y Comercial de España en Toronto, que apoya a las empresas españolas en TIFF desde 2022, cifra el balance en “más de 50 reuniones bilaterales con productores, compradores y agentes clave del sector”, según su consejero jefe, José Luis Echániz Cobas, en respuestas enviadas a Audiovisual451. Los resultados de esta primera edición, afirma, “han sido muy prometedores y sitúan este festival entre los principales del mundo”.
Las empresas coinciden en lo esencial: el paraguas institucional funciona y el recinto está bien situado, frente a la sede de la CBC. Pero el tráfico por los pasillos fue escaso.
JJ Montero, head of sales de ConUnPack, venía por primera vez. “Cuando nos enteramos de que este año, por primera vez, de manera oficial, iba a haber mercado, no lo dudamos”, explica. Su balance es crítico: “Para ser una primera edición, mi valoración es que está siendo bastante floja”. Según él, en la planta superior, donde estaba el pabellón español, había “como un cuarto del área expositiva libre, totalmente libre”, disimulado con paneles. “Las empresas de venta internacional como nosotros, productores, etcétera, donde realmente van a seguir haciendo el negocio es en los hoteles y en las suites”, resume.

Su crítica es de modelo. “No puedes hacer una primera edición oficial de mercado partiendo de descentralizar el mercado. Si apuestas por una zona expositiva, no sigas apostando porque el business se siga haciendo a puerta cerrada, en suites privadas o en los lobbies de los hoteles”, afirma. Reprocha además a la organización problemas con la aplicación y con el acceso a los datos de contacto de los compradores. Aún así, cree que “algunas operaciones se van a cerrar” y que “habrá merecido la pena”, y subraya que venir con ICEX les permitió estar “a unos precios razonables”.
Alba Pérez Puente, responsable de desarrollo de negocio y marketing de la canaria Seven Islands, pasó dos horas y cuarenta minutos en la cola para, al final, no encontrar su acreditación: la recibió cuatro días después de llegar. “Hay ciertas cosas muy mejorables, pero de cara al año que viene yo creo que lo tendrán más que de sobra”, afirma. Tuvo la agenda llena, sobre todo con productores interesados en los incentivos fiscales de Canarias, un interés que crece, dice, “por los problemas que está habiendo ahora entre Canadá y Estados Unidos”. Pero echó en falta el tráfico espontáneo: “En otros mercados, con quedarme sentada en la mesa se va acercando gente. Y eso aquí no lo estoy viendo”.

Marjorie Máceres, de ventas en Sideral, es la más optimista. Llegó con títulos como ‘The Sentence’ (‘Los relatos’), de Miguel del Arco. “Es un primer mercado, con las particularidades de ser un primer mercado. Hay cosas muy positivas que te llevas”, afirma. Toronto le parece “un buen acercamiento a los distribuidores del mercado norteamericano”, con presencia también asiática, y valora el respaldo del pabellón: “Sabes que vas a estar arropado”.

La nota discordante, en positivo, la pone la compañía más veterana del pabellón. “Estamos muy contentos con esta edición de Toronto”, afirma Iván Díaz, director del departamento internacional de Filmax, en declaraciones enviadas a Audiovisual451 un día antes de que cerrara el mercado. Vio “un poco más de movimiento y asistencia de compradores que en los dos años precedentes”, pero atribuye el resultado sobre todo al “momento dulce” de la compañía, y en concreto al éxito de ‘The Invite’, la versión estadounidense de ‘Sentimental’, de Cesc Gay, dirigida por Olivia Wilde. Eso, dice, “nos ha traído un aumento considerable de la atención y el interés de los compradores en nuestro slate”. Filmax llevó además a las proyecciones de mercado tres títulos “muy potentes y comerciales” —’El nido’, ‘Superthings: la película’ y ‘5 minutos más’—, que le propiciaron “mucho tráfico y reuniones”, y prevé salir de Toronto “con una cifra de ventas elevada”.
La bola negra: de un encuentro con treinta personas al premio del público
La película española más visible de este TIFF ha sido ‘La bola negra’, de Javier Calvo y Javier Ambrossi. Los Javis participaron en el mercado en un encuentro para el podcast Prestige Junkie, de la publicación estadounidense The Ankler, que tuvo lugar el lunes 14 de septiembre a las 12 de la mañana. Los directores no solo se expresaron en un perfecto inglés, sino que además explicaron con detalle cómo se coordinan para trabajar juntos, como se puede ver y escuchar ya, pero el evento apenas logró convocar a 30 personas, tal y como pude contar.

De hecho, la asistencia a los paneles organizados por el mercado fue muy desigual, con otro encuentro que reunió a menos de la mitad de la audiencia en una conferencia muy práctica sobre la adecuación de los rodajes a las necesidades de las personas con discapacidad, mientras que se llenó, con una larga cola de espera, el dedicado a las programadoras de festivales de cortometrajes.
La mañana del domingo 20 de septiembre, ‘La bola negra’ ganó el People’s Choice Award, el premio del público de TIFF, por delante de ‘I Play Rocky’, de Peter Farrelly, y ‘Being Heumann’, de Siân Heder. Se trata del galardón más característico de un festival en que votan los espectadores tras cada proyección, con los votos ponderados según el aforo de cada sala. Desde 2012, todos los ganadores salvo uno han sido candidatos a mejor película, por lo que el premio, de momento, puede reforzar su carrera hacia esos premios. ‘La bola negra’ rompe, además, una racha, porque es la primera vencedora en una lengua distinta del inglés desde 2011 (cuando ganó Nadine Labaki con ‘¿Y ahora dónde vamos?’) y la segunda española, tras ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’, premiada en 1988.
La película, que llega a los cines españoles el 25 de septiembre, estará en las pantallas de Estados Unidos y Canadá desde el 6 de noviembre y se podrá ver en dichos países en Netflix a partir del 4 de diciembre.
Un tratado de coproducción con camiseta de argentina y sin productores
El otro hito español fue institucional. El domingo 13 de septiembre, a las nueve de la mañana, la directora general del ICAA, Marta Serrano, y el ministro canadiense de Identidad y Cultura y responsable de Lenguas Oficiales, Marc Miller, firmaron en el pabellón de Canadá el nuevo Tratado de Coproducción Audiovisual entre España y Canadá. Asistieron también el embajador de España en Canadá, Alfredo Martínez Serrano, en el cargo desde 2021, que próximamente será destinado a la India, y la directora ejecutiva y CEO de Telefilm Canada, Julie Roy. El tratado sustituye al convenio de 1985 y es el primer acuerdo de coproducción que firma el ICAA desde el de Colombia, en 2025. Canadá aprovechó el festival para firmar también un tratado nuevo con Reino Unido.

La sala tenía poco público, y no se vio a ningún productor español entre los asistentes. Los discursos fueron desiguales. Serrano se centró en el cine: “Hoy no firmamos simplemente un instrumento jurídico. Reforzamos una relación estratégica y creamos un marco de cooperación que esperamos se traduzca en proyectos concretos”. Miller dedicó buena parte de su intervención al fútbol y al Mundial, con alusión a su camiseta de Argentina incluida, y apenas se refirió al cine español. En la nota oficial canadiense sí afirma que los acuerdos modernizados “harán más fácil que nuestros cineastas colaboren con socios de todo el mundo”.
El nuevo texto amplía el ámbito a obras cinematográficas, televisivas o de vídeo, sin límite de duración ni de género, y reconoce las coproducciones como producción nacional en ambos países, con acceso a sus ayudas. Exige al menos un productor español y uno canadiense, con una aportación mínima del 15 % del presupuesto por cada uno en las coproducciones bilaterales y del 10 % en las multipartitas. Abre, además, la puerta a productores de terceros países y a profesionales de otras nacionalidades cuando lo justifiquen razones narrativas, creativas o de producción.
Las cifras explican por qué hacía falta. Según el Gobierno canadiense, desde 1985 ambos países solo han hecho 16 coproducciones —11 películas y 5 series—, con unos 123 millones de dólares canadienses de presupuesto conjunto. Y, según los datos de Telefilm que maneja ActualTV, España figuró en apenas 5 de las 277 coproducciones internacionales recomendadas por el organismo desde 2021, aunque tres de ellas son del último ejercicio.
El tratado, eso sí, todavía no está en vigor: debe ser ratificado por ambos países. En Canadá se presenta en la Cámara de los Comunes durante 21 días de sesión como trámite previo a la ratificación del Gobierno, sin que se necesite votación parlamentaria.
Echániz Cobas enmarca el acuerdo en un momento “excepcional de madurez y proyección internacional” del cine español, y describe la industria canadiense como “un ecosistema creativo que genera oportunidades de financiación, coproducción y distribución” del que las empresas españolas “son cada vez más conscientes”.

Conclusión: desde el mercado no se vio… Toronto entero
TIFF: The Market ha cumplido en lo que se mide en hojas de cálculo: más compradores, más países, más empresas. Lo que no ha resuelto es dónde se hace el negocio. Si bien el MTCC parecía un lugar ideal por su ubicación en pleno centro de Toronto, cerca de los cines y al otro lado de la calle de la sede de la CBC (la televisión estatal en inglés de Canadá) en la capital de Ontario, los acuerdos seguían en las suites de los hoteles y una película vendida desde un stand normalmente vacío terminaba ganando el premio del público. Para las empresas españolas pequeñas, parece que el stand de España ha sido un paraguas útil y asequible, pero más de 200 compradores acudieron porque TIFF les pagaba todos los gastos.
Más allá de un escaparate para el cine canadiense, el mercado de TIFF parece que tiene todavía que definirse, o -por lo menos- hacer más apeticible la zona de los expositores que las suites de los hoteles donde se puede ver … Toronto entero.



