Una de las cosas que más me atraían de esta ciudad era la sensación de que ‘cualquier cosa podía pasar en cualquier momento’ y con esto me refiero a cosas como pasar un verano entero –jodido de ansiedad y curro– escribiendo un proyecto para que lo leyera un tal Martin Scorsese; tomarte un café y hablar de música con el co-author –junto a Clapton– del temazo ‘Lay Down Sally’, o ir a tu dentista y encontrarte a Seth Rogen –y porque Kobe Bryant ha palmado, que si no allí le veía–.
Estos add-ons que tenía el vivir en elei han desaparecido, y la sensación de que ‘cualquier cosa puede pasar’ se ha trasladado de Los Ángeles a la geopolítica mundial. Hasta esta semana, que ha regresado con portazo y carcajadas detrás de la puerta.
El episodio de hoy –sin planearlo, que conste– ha terminado siendo un season finale en toda regla. El portazo y las carcajadas vienen de los Ellison. Los villanos no solo han conseguido somehow parar el ticking fee de siete kilos al día a solo nueve días de su inicio, sino que han cerrado un acuerdo que ni ellos mismos se pueden creer.
No tienen que vender ningún canal –véase CBS, CNN, HBO, Showtime, MTV, Nickelodeon, Comedy Central, BET, Paramount Network, TNT, TBS, Cartoon Network, Adult Swim, Discovery, TLC, HGTV, Food Network, Animal Planet, Investigation Discovery, TCM, truTV, OWN, Magnolia, CMT, VH1, TV Land, CNN International, Eurosport, etcétera; pueden fusionar Paramount y Warner; y pueden hacer prácticamente lo que les dé la gana con las cabeceras de noticias –CBS News y CNN– que van a tener un ‘consejo de sabios’ por encima: un órgano encargado de vigilar la ‘independencia editorial’, que a mí me suena a bluf tanto como a vosotros.
La clave del éxito en el season finale de los Ellison está en el ‘somehow’. Todo el ruido que hicieron los 12 fiscales de los 12 estados que pararon la operación se ha quedado en nada, o en migajas. Los estados han negociado en otra dirección –la que les reclamaban los representantes de Hollywood– y Hollywood vive en una realidad paralela a punto de bancarrota.
Os decía en la última referencia al culebrón Paramount/Warner que acabarían sentándose a negociar, y lo hicieron, especialmente después de que Ellison amenazara muy seriamente con abandonar California at once. Los políticos de aquí se lo creyeron de verdad, se pusieron las pilas acojonados, y el Attorney General de California les dijo a los ‘representantes de Hollywood’ algo en la línea de “es que si vamos a juicio lo podemos perder todo, hay que sentarse”.
Pero ‘sentarse’ aquí es toda una aventura. Corporaciones audiovisuales aparte, en Hollywood hay cuatro poderes fácticos: directores, escritores, actores y resto –véase currantes sin sueldos galácticos–. Cada uno persigue un objetivo, o perseguía, porque en esta han ido todos a una. Se han puesto las gafas de ver de cerca, y han ignorado el verdadero problema: concentración means disruption en esteroides.
Cada player ha tirado a por lo suyo, pero todos coinciden en algo: han cambiado futuro por supervivencia inmediata. Los dires se llevan un mínimo conjunto –entre Paramount y Warner– de 30 pelis al año –32 a partir del tercer año–, más inversión en producción en Estados Unidos y la posibilidad de que parte de las multas por incumplimiento termine en los fondos médicos y de jubilación de los sindicatos. ¿Qué pierden? La posibilidad de mantener Paramount y Warner como estudios verdaderamente separados, cada uno compitiendo y contratando por su cuenta. A partir de ahora tendrán unas pelis garantizadas, pero un estudio menos al que llamar para ofrecer sus proyectos. Eso en el cine; para las series no hay promesa de volumen at all. Mi impresión es que la DGA estaba más perdida que el resto.
Los de la WGA –los escritores– han sido más efectivos en su visión a corto plazo: se llevan $17,5 millones para su fondo médico, los abogados pagados y cinco años sin despidos de guionistas en CBS News. A cambio, retiran la única demanda que todavía podía parar la operación y pierden uno de los –escasísimos– grandes compradores a los que vender sus proyectos. Ellos mismos lo reconocen: menos compradores, menos competencia y menos curro; pero el seguro médico aguanta un poco más.
Los actores de SAG-AFTRA no se llevan un cheque propio. Se llevan la promesa de más películas, más inversión en Estados Unidos y, en teoría, más curro –me pregunto si se lo habrán creído–. Como el resto, pierden otro estudio compitiendo por contratarlos, otra estructura de casting, otra lista de proyectos y parte de su capacidad para negociar. Dos pantallas se convierten en una. Aunque durante cinco años prometan llenarla de producto, sigue siendo la mitad. No sé cómo eso se convierte en más trabajo.
El resto, los curritos –IATSE, Teamsters, LIUNA y compañía– se llevan el compromiso de respetar los convenios –¡Ojo, cifra importante!–. Un día os tengo que hablar de esto: un gaffer ‘union’ –sindicado– está en $4,000 a la semana. Es decir, mantienen los sueldos si tienen curro, y se llevan una parte de las posibles multas a los Ellison para pensiones y sanidad. Ahora viene una de esto-solo-pasa-en-jolibud: Los currantes sindicados de la industria han conseguido $47,5 millones para dedicar a quienes la fusión deje sin trabajo. Y aquí me tengo que descojonar de cómo son los gringos: The House of Ellison les da un ‘fondo para trabajadores desplazados’. No sé si se puede decir más claro.
El último episodio del culebrón más potente de la temporada nos deja a los malos ganando –muy ‘Game of Thrones’, que ahora es suyo–. En líneas generales, big success for ‘disruption’. The House of Ellison pasa sin problemas a controlar CBS, HBO, CNN, más de cincuenta canales de cable, dos grandes plataformas de streaming y una treintena larga de las cabeceras más reconocibles de la televisión mundial. Casi un tercio de la distribución cinematográfica y de la programación básica por cable de Estados Unidos todito bajo un mismo techo. Todo mal para el futuro de la industria, pero eso sí, a los dinosaurios de los poderes fácticos de jolibud igual les llega el seguro médico hasta que palmen. Big, big WTF esta vez. Sorry.
Nunca sabremos qué hubiera pasado si los poderes de Hollywood y los 12 estados aliados hubieran empujado a los Ellison hacia cosas como una transición para los trabajadores hacia los nuevos oficios que vienen –real y cobrando–; o la financiación de campus tecnológicos para lo que se nos avecina en entertainment –que va a ser mucho–. O convertir el fondo prometido por Paramount para comprar cine independiente –testimonial, no es una cifra seria– en un vehículo de verdad, que financiara nuevas productoras, IPs y proyectos originales con compromiso de distribución. Pero no, Hollywood ha negociado una prórroga en una industria que se muere, en vez de una inversión en la que está naciendo a su costa. Lo que os digo, directos a la extinción.
Esta semana Los Ángeles ha vuelto a ser esa ciudad donde ‘puede pasar cualquier cosa en cualquier momento’, al menos para los oligarcas tecnológicos. ¿El coste total para los Ellison? Migajas. Para ellos, calderilla. Nada de vender cabeceras importantes, nada de mantener los dos estudios, poco de garantizar producción, y aún pueden volver a usar la amenaza de dejar California cuando quieran. Igual que yo no me esperaba a Scorsese, los Ellison no se esperaban este chollo.



