Cines Capitol prepara la proyección de ‘¿Quién puede matar a un niño?’, en homenaje a Chicho Ibáñez Serrador

Mucho debemos a Narciso “Chicho” Ibánez Serrador, artesano del sobresalto que nos educó con maestría el gusto por lo siniestro. Solo dos obras cinematográficas le bastaron para aterrorizar a espectadores de todo el mundo. Mientras, en España, el apetito por lo macabro del realizador ya había quitado el sueño a muchos televidentes con sus series legendarias: ‘Historias para no dormir’ y ‘Mañana puede ser verdad’.

Quizá fueron sus exitosos (y longevos) concursos para la pequeña pantalla los que privaron a Chicho del tiempo necesario para desarrollar una filmografía más prolífica, para disgusto de los amantes del genero fantástico. Sin embargo, tan solo ‘La Residencia’ (1969) y ‘Quién puede matar a un niño’ (1976) le bastaron para ser uno de nuestros directores más celebrados internacionalmente, y recibir ahora el reconocimiento que le brinda la Academia del Cine Español con el Goya Honorífico por el legado que nos ha dejado.

⇒ Cines Capitol, en plena Gran Vía de Madrid, prepara para el 7 de febrero la proyección de ‘Quién puede matar a un niño’, de la mano de MK2 Sunset Cinema.

Como les ha ocurrido a muchos grandes maestros patrios, algunas de sus obras no han gozado del debido reconocimiento dentro de nuestras fronteras, al menos por el gran público, hasta pasados muchos años después. Es curiosa la anécdota de que ‘Quién puede matar a un niño’ recaudase en Italia más dinero que ‘Tiburón’ de Spielberg. Sin embargo, con el paso del tiempo, la película de Chicho se ha consagrado como una de las obras culmen del genero en nuestro país, sirviendo de inspiración a tantos otros directores que han venido detrás.

La película es inquietante incluso desde antes de su visionado, ya que sólo con su título, ‘Quién puede matar a un niño’, ya nos plantea un desasosegante y aterrador dilema moral. Por si fuese poco, una vez encendido el proyector, las sobrecogedoras imágenes reales del prólogo nos anticipan que la indiferencia de nosotros, los adultos, ante los problemas del mundo, podría estar ya respondiendo a la pregunta planteada. Y que esa indiferencia nuestra, en manos de la mente tan macabra como brillante del director, se acabará traduciendo en una metáfora en la que unas idílicas vacaciones en el Mediterráneo se transformarán en cruenta e inesperada venganza.

La película no abandona las claves del género pero Chicho las presenta de una forma especial: un guion adaptado inteligentemente hilvanado para la gran pantalla, una sobria puesta en escena alejada de trucos y efectos especiales, la inquietante banda sonora de Waldo de los Ríos con reminiscencias a ‘Tiburón’ o ‘La Semilla del Diablo’, y una exquisita fotografía a manos de José Luis Alcaine en la que la oscuridad y las sombras góticas de la época se eliminan para dar paso a un precioso destino turístico a plena luz del día. Todo esto, sumado a la claustrofóbica y pavorosa sensación que resulta la verosimilitud de la película, hace que después de más de 40 años ‘Quién puede matar a un niño’ nos siga aterrorizando como la primera vez.

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