Con ya muchas más de 100 producciones de todo tipo a nuestras espaldas, y un equipo del que estamos profundamente orgullosas, cuando nos preguntan cómo ha sido nuestro camino profesional como pioneras de la coordinación de intimidad, solo podemos reconocer que cuatro años han dado para mucho.

A comienzos de 2022, acabábamos de crear Intimact con el objetivo de que fuera un paraguas que abarcara esta nueva profesión que íbamos a desempeñar. La coordinación de intimidad acababa apenas de dar sus primeros pasos en la industria audiovisual española y rara era la vez que cuando nos preguntaban a qué nos dedicábamos, no nos encontrábamos rostros de extrañeza y desconfianza. No los juzgamos, lo cierto es que nosotras mismas tampoco estábamos seguras de que nuestro rol fuera a encontrar su sitio en España.
Eran muchos los desafíos, comenzando por encontrar la forma de adaptar la metodología para que encajase en nuestra industria – tan caracterizada por su amplia representación de escenas íntimas – y en nuestra cultura, con una relación con el contacto físico tan diferente a la anglosajona.
Nos tocaba navegar los miedos y prejuicios que aparecían, hacer comprender que no veníamos a censurar el contenido ni a limitar la libertad creativa de los directores, sino todo lo contrario: a construir una red que diera la suficiente seguridad y protección a los actores como para que pudieran saltar a la ficción con creatividad y confianza; a ofrecer la atención que estas escenas merecían para conseguir hacer crecer su sentido narrativo y expresivo dentro de nuestras historias.
Poco a poco fuimos encontrando nuestro lugar y cada vez eran más las producciones que confiaban en nosotras. Pero, cuando parecía que se empezaba a naturalizar el rol, aparecieron voces que sugerían que la coordinación de intimidad sería algo transitorio, que muy bien, habíamos aprendido mucho como industria y quizá dejaría poco a poco de tener sentido.
Sin embargo, nosotras siempre creímos en el valor de nuestro trabajo. Nos propusimos demostrar que no solo tenía sentido en series de plataformas y que tampoco era solo para “actores jóvenes”, y que no solo era para las mujeres. Confiábamos en que era una herramienta de la que se podrían beneficiar todo tipo de intérpretes e historias, llegando también al cine independiente con una fuerte mirada de autor.
Hoy, por suerte, el tiempo nos ha dado la razón. Lejos de haberse convertido en algo anecdótico, podemos celebrar que la coordinación de intimidad en nuestro país ha llegado para quedarse. También, aún más importante: que en vez de haberse reducido a un trámite burocrático, comienza a ser una parte fundamental de los procesos creativos. Y aunque el estatuto del artista esté actualmente en trámites de legislar su obligatoriedad, no ha sido a fuerza de ley como ha sucedido esto, sino gracias a todos los actores, directores y productores que han confiado en nuestra labor y han dado testimonio de los beneficios de trabajar junto a coordinación de intimidad. Es por ejemplo el caso de Jose María Goenaga y Aitor Arregi (los Moriarti) que compartían que para ellos “supone una gran tranquilidad no solo para los actores, sino también para los directores” y que ha sido de “vital ayuda a la hora de coreografiar las escenas sexuales y de desnudo [de ‘Maspalomas’] y para intermediar con los actores para que la comunicación fluya sin trabas”. Por nuestra parte nada nos hizo más felices que poder colaborar con ellos en la representación de una intimidad aún muy poco explorada en nuestro cine, demostrando cómo la coordinación de intimidad ayuda a conseguir escenas íntimas auténticas, realistas y que pueden formar parte fundamental de la historia.

Y es que, además de ‘Maspalomas’, este año desde Intimact hemos tenido el privilegio de formar parte de muchas de las películas que estamos celebrando en la temporada de premios como ‘Romería’, ‘Los Domingos’, ‘Estrany Riu’, ‘Gaua’, ‘Enemigos’, ‘Aro Berria’… y de colaborar con directores de amplio recorrido que por primera vez han trabajado con coordinación de intimidad, como Julio Medem o David Trueba.
Para nosotras esto es solo sintomático de que nuestro oficio se está entendiendo y valorando. Y ahí es donde vamos a seguir enfocándonos: en adaptarnos a las necesidades de cada historia, en sostener a las personas involucradas en ellas y en disfrutar de formar parte de algo tan importante como es la representación de la intimidad en la pantalla.



