Madrid Film Office y Cineteca Madrid celebran una nueva edición de Documenta Pro, las jornadas de industria del sector de cine documental que se llevan a cabo en el marco de la 23ª edición del festival Documenta Madrid. La cuarta edición de este espacio ha iniciado sus jornadas el miércoles 27 de mayo en la Sala El Taller de Matadero Madrid, reivindicando el valor del documental dentro de la industria audiovisual.
La sesión inaugural, presentada por Raúl Torquemada, director de Madrid Film Office, ha reunido a productores, programadores, responsables institucionales y creadores para debatir sobre financiación, circulación internacional, patrimonio audiovisual y posicionamiento en premios. Arrancó con una reflexión sobre el papel de los archivos audiovisuales como herramienta de memoria y construcción histórica y su papel invaluable para dotar de herramientas a los documentalistas, en una presentación centrada en los fondos documentales del Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

A continuación, la consultora y asesora de industria Susana Fernández abordó las claves estratégicas para navegar el circuito internacional de festivales y mercados y ha insistido en la necesidad de pensar el recorrido de los proyectos desde sus primeras fases de desarrollo. En la mesa siguiente: “La carrera a los Goya y como no morir en el intento”, productores y cineastas como Carlo D’Ursi, Cristina Urgel y Álvaro Longoria compartieron sus experiencias sobre campañas de promoción, visibilidad y posicionamiento de obras documentales en el ecosistema de premios, en un debate que evidenció las dificultades que todavía enfrentan este tipo de obras.
La primera parte de esta jornada de Documenta Pro 2026 cerró con la participación del Festival de Cine de Málaga, el cual ha mantenido desde sus inicios una apuesta firme por el cine documental, incluso abriendo espacio al cine iberoamericano mucho antes de que fuera una tendencia. Según el crítico e historiador de cine, miembro del comité de dirección del certamen, Mirito Torreiro, el festival ha sabido adaptarse a los cambios del cine y de la sociedad en sus 30 años de trayectoria, convirtiendo el documental en una parte esencial de su programación y en una garantía de la vigencia y supervivencia de la no ficción.
Los archivos reivindican su papel clave para el documental
Los archivos dejaron de ser simples depósitos de documentos para convertirse en una infraestructura estratégica para la industria documental, ha enfatizado Ana Isabel Pozo Rivas, jefa del Servicio de Difusión y Actividades Culturales y Pedagógicas del Archivo Regional de la Comunidad de Madrid (ARCM). “Con una buena investigación y una buena selección de material se eleva el trabajo del documentalista”, ha agregado.

Además, ha resaltado que la preservación del patrimonio documental es ahora una labor más valiosa que nunca. “En estos tiempos convulsos y con la llegada de la Inteligencia Artificial (IA), los archivos salvaguardados tienen un valor añadido”, sostuvo y consideró fundamental conservar los originales de documentos y de fotografías para tener certeza de que se trata de elementos reales.
La responsable ha puesto el foco en el enorme potencial narrativo y visual de los fondos que custodia la Comunidad de Madrid, especialmente útiles para la investigación y producción de documentales históricos, “lo cual tiene mucho gancho”, y se refirió a protocolos notariales conservados desde 1504 hasta expedientes administrativos, planos, carteles, registros institucionales o correspondencia personal de figuras claves de la historia española, lo que ofrece “un registro de lo real”, capaz de reconstruir épocas enteras con un nivel de detalle imposible de encontrar en otras fuentes.
La industria documental al descubierto: estrategias, mercados y festivales más allá de Cannes
La consultora de documental, programadora y asesora en industria, Susana Fernández, ha defendido la necesidad de que los documentalistas conozcan en profundidad el funcionamiento de festivales y mercados para mantener el control sobre la trayectoria de sus proyectos. En la clase magistral: Entender la industria: el circuito de festivales y mercados internacionales, Fernández, con experiencia profesional en Canadá, Alemania y España señaló que muchas veces “poner significado y entender festivales y mercados parece una parte muy opaca y muy oscura, que a veces no apetece demasiado, sobre todo cuando se es cineasta y se pone en valor la parte artística”.
La experta ha recordado que la estrategia debe comenzar desde el desarrollo del proyecto, ya que “la programación empieza en los mercados”, y los programadores de festivales siguen de cerca los proyectos que han pasado previamente por laboratorios, pitchings o foros de industria.

Ha insistido en la importancia de definir desde el inicio cuál es la audiencia y el circuito natural de cada documental, alejándose de la idea de que todos los proyectos deben aspirar necesariamente a festivales como Sundance, Cannes o IDFA. Según explicó, hay películas orientadas a una carrera rápida y de alto imácto mediático y otras concebidas para un recorrido más sostenible y prolongado en festivales especializados antes de llegar a televisiones o plataformas y destacó la importancia de construir relaciones duraderas con productores, agentes de ventas y profesionales de la industria, recordando que esos vínculos pueden extenderse durante los cuatro o cinco años que pueda durar un proyecto o incluso más, si se crean nuevas sinergias.
La ponente ha repasado distintos ejemplos de mercados y festivales especializados, como Visions du Réel, FIPADOC, Nordic Panorama o Doc Leipzig y ha expuesto que muchos de ellos ofrecen oportunidades concretas de financiación mediante premios en metálico, mentorías o ayudas en especie, incluyendo acceso a archivos audiovisuales. Antes de terminar y resaltando que puede ser más cuidadoso e incluso amoroso, subrayó que los mercados pequeños permiten un acceso mucho más directo a responsables de decisión y profesionales clave del sector.
Entre festivales, burocracia y votos: la batalla silenciosa del cine documental para llegar a los Goya
La mesa redonda “La carrera a los Goya y cómo no morir en el intento” ha reunido a tres voces destacadas del cine documental para reflexionar sobre el complejo recorrido que supone llegar a los Premios Goya. Carlos D’Ursi: (director de ‘El santo’, Goya al mejor corto documental 2026), Cristina Urgel (directora de ‘La conversación que no tuvimos’, nominado a mejor corto documental 2026 y
Álvaro Longoria (productor y director de ‘The Sleeper. El Caravaggio perdido’, nominado a mejor largometraje documental en 2026), compartieron sus experiencias, moderados por Luis E. Parés (director de Cineteca y Documenta Madrid) sobre la nominación, la promoción y el impacto que tiene ese reconocimiento dentro de la industria audiovisual española.
Durante la conversación, Carlo D’Ursi puso el foco en la relevancia que tienen los Premios Goya dentro del panorama europeo, subrayando que su repercusión mediática supera incluso a otros galardones internacionales y resaltó además las dificultades específicas que enfrentan los cortometrajes documentales, una categoría que definió como especialmente vulnerable por la falta de distribución comercial y de apoyo promocional.
Según explicó, siendo además vocal de la Junta Directiva de la Academia del Cine Español, que la carrera hacia los Goya comienza mucho antes de las votaciones, en un circuito de festivales que obliga a los creadores a luchar primero “por existir” antes incluso de aspirar al premio.
Por su parte, Álvaro Longoria destacó la enorme visibilidad profesional que aporta una nominación. El productor y director explicó que el reconocimiento de la Academia no solo beneficia a la película, sino que también posiciona a sus creadores dentro de la industria, facilitando nuevos proyectos y colaboraciones y en su experiencia, las plataformas y distribuidoras aprovechan las nominaciones para reforzar la promoción de las obras, mientras que para los cineastas el verdadero valor reside en cómo este impulso repercute en sus futuras producciones.

Cristina Urgel aportó la visión más cercana al cine independiente y de producción precaria, confesando que nunca imaginó que un cortometraje documental tan íntimo y personal pudiera alcanzar una nominación al Goya. La directora reconoció que la carrera de premios le ha permitido ganar visibilidad y abrirse camino dentro de la industria, aunque también denunció la dureza burocrática y promocional del proceso. Los participantes coincidieron en señalar la falta de apoyo específico al documental y la dificultad añadida que supone competir en una categoría que todavía continúa necesitando una mayor apuesta de promoción y reconocimiento.
Festival de Cine de Málaga: “termómetro” de las mutaciones del documental iberoamericano en los últimos 30 años
El Festival de Cine de Málaga ha funcionado, durante las tres últimas décadas, como un auténtico termómetro de las transformaciones del documental iberoamericano, ha asegurado Mirito Torreiro, crítico e historiador de cine y miembro del comité del certamen, al subrayar la capacidad del mismo para acompañar y reflejar las distintas mutaciones de esta forma de hacer cine: desde la consolidación del documental de autor hasta la aparición y normalización de nuevs corrientes temáticas y narrativas.
En su intervención, el crítico señaló cómo ciertas prácticas que hace años eran marginales se han convertido hoy en habituales dentro de la producción documental y mencionó, entre otras, el auge del “documental del yo”, así como la proliferación de documentales feministas o LGTBI, fenómenos que interpretó como parte de las modas y tendencias que atraviesa el audiovisual contemporáneo.
Frente a ello, reivindicó el papel de la programación como un ejercicio de selección capaz de distinguir aquellas obras que verdaderamente “abren algún tipo de camino” dentro del panorama documental.
Torreiro destacó además que Málaga ha ampliado progresivamente su espacio para el documental hasta alcanzar alrededor de 70 títulos programados cada año, una cifra inédita en un festival generalista español, crecimiento que responde tanto al aumento de la producción documental como a la expansión industrial del festival a través de MAFIZ, el área de industria y mercado audiovisual. El resultado es un ecosistema donde conviven documentales de autor, propuestas vinculadas a lo local y nuevas formas híbridas que evidencian la vitalidad actual del cine documental iberoamericano.



