El cineasta argentino Andrés Duprat critica el modelo industrial que relega al guionista y reivindica su papel clave en el proceso audiovisual

El guionista y gestor cultural argentino Andrés Duprat lanzó en Málaga Talent del pasado Festival de Mälaga una crítica directa a las dinámicas de la industria audiovisual, señalando la falta de integración del guionista en el proceso creativo y defendiendo la necesidad de preservar la autoría frente a modelos cada vez más estandarizados.

El también arquitecto y actual director del Museo Nacional de Bellas Artes de Argentina (MNBA) ofreció a los participantes del Campus Málaga Talent, que cada año reúne a 20 jóvenes talentos audiovisuales de Latinoamérica y Europa, una conferencia para explicar los elementos característicos de las películas dirigidas por Mariano Cohn y Gastón Duprat, de las que él es parte.

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Duprat, una de esas figuras que combinan mirada artística y visión estratégica dentro del panorama audiovisual iberoamericano, ha enlazado en su intervención su experiencia como guionista con su trayectoria en el ámbito de la gestión cultural y del arte. A partir de ahí, ha planteado una reflexión sobre creación artística, pensamiento crítico e industria audiovisual. Su recorrido profesional no responde al camino habitual dentro del sector, ya que no proviene de una formación estrictamente cinematográfica, sino que ha llegado al guion desde otros campos.

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Uno de los principales cuestionamientos ha estado dirigido a la posición del guionista dentro del engranaje industrial y ha considerado que “la industria se equivoca al dejar de lado el guionista una vez que empieza el rodaje, incluso en la edición, porque es el creador y hay que sumarlo, porque es el que creó todo, el que pensó todo, el que se imagina la historia”, ha afirmado, subrayando un problema estructural en los modelos de producción actuales y ha agregado que en ese sentido, Mariano Cohn y Gastón Duprat “no sé si solo por generosos o porque funcionan así, me han involucrado en las decisiones de casting y en las localizaciones”.

Duprat asegura haber aprendido que, en el cine, la obra es del director y la última palabra es del director y eso está bien, porque “alguien tiene que bajar el martillo, independientemente de que el cine es una construcción colectiva, pero ellos son muy generosos y transversales, entonces, se hace el trabajo colectivo, durante, antes del rodaje, incluso después, porque la edición también es una escritura, que es lo que queda de todo lo proyectado en el guion”.

En ese sentido, el cineasta argentino ha defendido una integración real en todas las fases, pero en paralelo, ha advertido sobre la presión de formatos industriales como el pitch, que, a su juicio, simplifican en exceso el proceso creativo. “Lo del pitch es una cosa súper ingrata, pues a veces el tiempo atenta contra la idea; lo importante de una historia no es la esencia de la historia, es la esencia más los detalles, y por ahí los detalles son los que hacen que sea distinto”, ha dicho y sostiene que no necesariamente es muy buena una historia espectacular que a uno le parece que es inédita, sino por ahí ciertos puntos que aparentemente son menos importantes y que merecen un desarrollo y que uno en un resumen seguramente no incluiría”.

Al referirse a las películas dirigidas por Mariano Cohn y Gastón Duprat, ha puesto como ejemplo que “las historias no son extraordinarias, no son de extraterrestres, de dinosaurios, las historias son mundanas, son cosas que nos han pasado de alguna manera, lo que tienen es un nivel de observación muy agudo y si se quiere, implacable, muy sin filtros” y más allá de los procesos, ha puesto el foco en el riesgo de homogeneización de las miradas, reivindicando la singularidad autoral como valor diferencial en la industria y ha señalado que “lo que lograron mis guiones a través de las películas de ambos es que tiene una voz particular, incluso si a uno no le gusta y yo creo que ese es el mayor desafío de un creador, encontrar su voz”.

El guionista ha resaltado además que “cuando uno escribe sobre lo que conoce, se logran niveles de profundidad altísimos”, lo que permite evitar representaciones impostadas o superficiales y ha hecho hincapié en que “queremos que nuestras películas sean populares, pero de alta calidad, se puede” y ha aseverado que uno de los elementos que atraviesan sus películas es la importancia de la arquitectura y del espacio como parte activa del relato y lejos de ser un simple fondo, los escenarios tienen un peso narrativo claro y, en muchos casos, funcionan casi como un personaje más.

“En las películas nuestras la arquitectura tiene un rol fundamental”, ha explicado Duprat y ha apuntado que otro de los rasgos recurrentes es la confrontación entre distintos niveles sociales y culturales, especialmente entre quienes se perciben a sí mismos como parte de una élite y aquellos que quedan fuera de ese ámbito. El guionista ha subrayado que existe una tensión constante “entre la cultura popular y la cultura de élite”, un conflicto que se repite en títulos como ‘El hombre de al lado’, ‘El ciudadano ilustre’ o ‘Competencia oficial’.

Mariano Cohn y Gastón Duprat
Entre de la Biznaga de honor a Mariano Cohn y Gastón Duprat

Esa fricción, ha explicado, no se plantea desde una mirada externa, sino desde la autocrítica. “Nuestras historias suelen centrarse en el mundo que nosotros mismos conocemos, poniendo en cuestión los códigos, contradicciones y prejuicios y de este modo, construyen un retrato incómodo, a menudo irónico, de determinados sectores sociales, evitando los estereotipos más evidentes y apostando por una observación más directa y sin concesiones”, ha concluido.

La edición 29ª del pasado Festival de Málaga entregó, en el marco del certamen, la Biznaga de Honor a los cineastas argentinos Mariano Cohn y Gastón Duprat para reconocer la trayectoria de uno de los dúos creativos más influyentes del audiovisual contemporáneo, en una gala que contó también con la presencia de Andrés Duprat, del actor Antonio Banderas y del director del certamen, Juan Antonio Vigar.

Mariano Cohn y Gastón Duprat llevan trabajando como dúo creativo desde finales de los años noventa y se han convertido en referentes del audiovisual argentino contemporáneo gracias a un estilo caracterizado por la sátira, la provocación y una mirada crítica sobre el arte, el poder y las contradicciones sociales. Sus obras, con los guiones de Andrés, se distinguen por un humor ácido que funciona como herramienta narrativa para retratar la condición humana.

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