La Asociación Española de Cine Documental (DOCMA) ha presentado un manifiesto en el que reafirma su compromiso con el fortalecimiento del cine documental y de su comunidad profesional, y reclama mejores condiciones para su creación, producción, financiación, exhibición y difusión. Creada en 2007, esta asociación cuenta con cerca de 500 socios.
El documento recoge algunas de las principales líneas de trabajo de DOCMA de cara a los próximos años: defender unas condiciones de trabajo dignas para el sector, generar nuevas alianzas, ampliar las ayudas públicas y reforzar los espacios de exhibición y formación, así como favorecer la creación de nuevos públicos en territorios y contextos diversos.

La asociación subraya que el cine documental ocupa un espacio relevante en la cultura y que numerosas obras consiguen llegar a públicos amplios y tener incidencia social. Al mismo tiempo, considera necesario mejorar el reconocimiento de las particularidades de sus procesos de producción y difusión, y las condiciones en las que trabajan sus profesionales.
Para DOCMA, en un contexto caracterizado por la velocidad y la sobreabundancia de información, el documental puede desempeñar un papel relevante como espacio para acercarse a realidades complejas y favorecer el espíritu crítico.
El manifiesto es fruto de un proceso de reflexión colectiva entre los socios de DOCMA. Su lanzamiento se acompaña de un vídeo en el que participan asistentes al último encuentro DOCMÁTICA, celebrado el pasado mes de mayo en Madrid.
DOCMA, es la única asociación de documental de ámbito estatal que reúne a profesionales de distintos ámbitos, desde la creación y producción hasta la fotografía, el montaje, la investigación, la programación, la exhibición y la formación.
Irene Cardona, presidenta de DOCMA
Coincidiendo con la publicación del manifiesto, Audiovisual451 ha conversado con Irene Cardona, directora, productora, guionista, docente, actriz y, además, presidenta de la Junta Directiva de DOCMA desde hace menos de un año.

Audiovisual451: ¿De dónde surge la idea de publicar un manifiesto en este momento?
Irene Cardona: «Para nada es un manifiesto fundacional, sino más bien una manera de recordar las líneas de acción y de trabajo que DOCMA ha ido desarrollando durante sus 20 años de vida. Creo que es un buen momento para dar a conocer lo que hacemos en DOCMA, sobre todo por la coyuntura histórica en la que estamos, en la que sigue siendo muy necesario defender el documental entre tanta sobrecarga de información, banalización de los mensajes y simplificación. Precisamente, el documental ofrece la posibilidad de ampliar nuestra mirada y atender a las distintas realidades y pensamientos de una manera más pausada, profunda, sutil, innovadora, matizada y abierta, y por eso creemos que, más allá de conservar su relevancia, debe conquistar nuevos espacios. Como decía Marcel Proust, el verdadero viaje del descubrimiento no consiste en conocer nuevos paisajes, sino tener nuevos ojos.»
A451: ¿Cómo definirías DOCMA?
I.C.: «Lo más valioso que tiene DOCMA es la comunidad de socios que la conforman. Ya somos casi 500 profesionales compartiendo un espacio de apoyo mutuo, y esa solidaridad es, de hecho, lo que más aprecian nuestros socios, sobre todo en estos tiempos que corren. Con este manifiesto, que refleja muy bien quiénes somos y la diversidad de personas que formamos parte de la asociación, queremos visibilizar el trabajo que estamos haciendo y ampliar, si es posible, esa comunidad. Pero, cuando hablo de diversidad, no solo me refiero a distintas procedencias territoriales o edades; somos la única asociación de cine documental de ámbito estatal que reúne a directores, productores, directores de fotografía, programadores, investigadores y archiveros. Esto es algo que nos aporta muchas cosas y que también queremos celebrar, de alguna manera.»
A451: ¿Cuáles son los grandes desafíos que afronta en este momento el sector del documental en España?
I.C.: «Los procesos del documental, tanto creativos como de producción, distribución y exhibición, no son como los del cine de ficción. Esta falta de conocimiento, que muchas veces se traduce en falta de medidas de apoyo ajustadas a esas especificidades del documental, es la mayor dificultad a la que nos enfrentamos en el sector. Los procesos de producción de una película están muy claros: el desarrollo da paso al rodaje, seguido de la postproducción, y finalmente, la campaña de distribución, fases que en el caso del documental se alargan mucho en el tiempo y se entremezclan continuamente. Esto lleva a que no encajemos en las políticas públicas de apoyo al cine; por ejemplo, nos vemos obligados a justificar gastos de rodajes como material de archivo porque es imposible cumplir con los marcos temporales establecidos. Tradicionalmente, se ha entendido el documental como un formato muy vocacional, de autor, sostenido por presupuestos pequeños y equipos sobrecargados de trabajo, y creo que hay que cambiar ese paradigma y entender que, para hacer un buen documental, se necesitan financiación y condiciones laborales dignas. Contar con ayudas específicas para el cine documental facilitaría mucho ese cambio de mentalidad.»
A451: ¿Y qué hay de las fortalezas?
I.C.: «Este es un sector con un potencial enorme. En las plataformas, son muchos los títulos de true crime o los documentales biográficos de artistas y deportistas que consiguen triunfar, y en las salas de cine, hay ejemplos recientes que han trascendido el ámbito marginal en el que muchas veces se mueven los documentales de autor, como es el caso de ‘Tardes de soledad’, de Albert Serra. Lo que hay que tener en cuenta, a la hora de medir el éxito, es que los documentales suelen tener una trayectoria que va más allá de los circuitos comerciales de cine, en términos de incidencia social, en ámbitos educativos y comunitarios. El cine documental debe dirigirse al gran público y aspirar a llenar las salas, por supuesto, pero sin desatender esos circuitos alternativos que a veces se convierten en su territorio natural. Hay documentales que arriesgan mucho en cuanto a lenguaje e innovación formal, más allá de la historia que cuentan, y aunque no trasciendan tanto, también tienen su público.»
A451: ¿Existen diferencias notables con respecto al contexto europeo?
I.C.: «En este sentido, tenemos un problema, porque en España no existen ahora mismo datos objetivos sobre la situación del documental. Es una de las tareas pendientes que queremos impulsar desde DOCMA, y es que sería muy conveniente hacer un estudio para poder cuantificar en qué punto estamos y compararlo con el panorama que ofrecen otros países. Al margen de esta ausencia de cifras, Francia siempre ha sido nuestro gran referente, dado que los franceses llevan haciendo documentales prácticamente 50 años más que nosotros. Mientras en España se estaba produciendo un cierto renacer del documental allá por los años noventa, en Francia ya se habían estrenado muchas películas que habían conseguido acceder a los grandes festivales, por lo que ya había una cultura del documental y la visibilidad era muy grande. Creo que, en el caso de España, no todo el mundo entiende todavía que el documental es algo que va mucho más allá del reportaje de naturaleza o actualidad, por lo que hay que seguir trabajando por una cultura ciudadana del documental, principalmente desde los circuitos de distribución.»
A451: ¿Cuál dirías que es la fórmula para el documental llegue a más públicos?
I.C.: «La clave vuelve a estar en la distribución, que no deja de ser el gran problema, no solo del documental, sino del cine español en general. El documental también es cine, y no es un género, como se suele decir; es otra cosa mucho más amplia. Hay propuestas que hibridan el documental con la ficción, que incluyen dramatizaciones y no son admitidas como documentales al uso, pero tampoco pueden adscribirse al terreno de la ficción y quedan en tierra de nadie. Por eso, puede que el término de no ficción sea el más útil para englobar toda esa riqueza del cine documental, que muchas veces es más estimulante. Otro de los retos pendientes es impulsar la internacionalización del sector, estar más presentes en los mercados europeos y latinoamericanos, pero aquí nos topamos con algunas limitaciones. Por ejemplo, es habitual que las ayudas europeas entren en contradicción con los plazos que manejamos en España, y esto dificulta mucho la coproducción. Muchas veces, cuando te piden que confirmes si vas a recibir finalmente una ayuda determinada, no queda más remedio que decir que no lo sabes.»
A451: La situación es parecida en el caso de la animación…
I.C.: «Es cierto, aunque ellos nos llevan la delantera a la hora de conseguir que se pongan en marcha ayudas específicas o se contemplen ampliaciones de plazo. Poco a poco, se está avanzando, pero aún se dan casos como el de las ayudas al desarrollo de guiones del ICAA, que consisten en una beca de 30.000 euros para ficción y de solo 20.000 euros para documental, cosa que no entendemos. Más allá de que el documental bebe de la realidad, hay que investigar mucho y elaborar un discurso a partir de ahí, y esto cuesta lo mismo o más que escribir un guion de ficción, pero no todo el mundo lo entiende aún.»

A451: Volviendo al manifiesto, ¿cuáles son las principales líneas de trabajo que recoge?
I.C.: «La Junta Directiva que presido desde hace menos de un año cuenta con varios grupos de trabajo que han participado en este manifiesto. Hemos recogido una serie de debates que estábamos teniendo y hemos decidido trasladar todas esas ideas a un vídeo que grabamos de manera muy espontánea en la última edición de DOCMÁTICA, nuestro encuentro anual de socios, que se celebró en mayo. Creo que es positivo compartir, a través del formato audiovisual, la comunidad que se ha construido en torno a DOCMA, porque no es tan importante lo que se dice, sino más bien el hecho de que somos muchas la voces que lo decimos. El mensaje clave de este manifiesto es que hoy el documental es más necesario que nunca, por la necesidad de mirar desde otros ángulos y de empatizar, más aún en el contexto en el que estamos. El documental tiene una clara vocación de conocer otras realidades y personas de una manera profunda y directa, y no solo realidades sociales y políticas.»
A451: ¿Qué logros ha cosechado hasta ahora la nueva Junta Directiva de DOCMA?
I.C.: «Este primer año lo hemos dedicado a reactivar con un entusiasmo renovado cuestiones que ya estaban latentes. Concretamente, hemos trabajado mucho en materia de archivos, y de hecho, vamos a organizar un encuentro temático en el marco de la próxima Seminci. También estamos abordando en profundidad la inteligencia artificial, un campo en el que la perspectiva del cine documental no siempre se tiene en cuenta. La industria audiovisual está muy preocupada por los derechos de los autores, pero la IA también conlleva una dimensión ética de la veracidad a la que no se presta tanta atención, así que en ello estamos. Y otro de nuestros grupos de trabajo está valorando la incorporación y el encaje de los estudios de cine documental en unas futuras enseñanzas artísticas y cinematográficas superiores. En paralelo, hemos continuado con nuestros programas clásicos, como el Ciclo DOCMA, espacio en el que proyectamos una película documental todos los meses en Cineteca Madrid desde hace 14 años y que queremos ampliar a otros lugares; DOCMA Forum, donde hacemos hincapié en la formación y la reflexión; y toda una serie de sesiones para el desarrollo de los proyectos de nuestros socios que queremos potenciar.»
A451: ¿Y qué podéis contar de vuestras próximas iniciativas?
I.C.: «De cara al futuro, las prioridades son mantener viva esta comunidad y velar por la sostenibilidad de la propia asociación. Las organizaciones como la nuestra suelen descansar sobre un equilibrio muy precario, en base al trabajo voluntario, y aspiramos a cambiar esta situación. Más allá de esto, la intención es seguir contribuyendo a mejorar la posición del documental para darle el lugar que se merece. Es imprescindible, y todo un placer, trabajar activamente en la defensa de este sector.»



