La actriz Eva Hache debuta en la dirección con ‘Un mal día lo tiene cualquiera’, producida por Pokeepsie Films y Atresmedia Cine

La actriz Eva Hache debuta en la dirección con ‘Un mal día lo tiene cualquiera’. El rodaje, que arrancó el pasado 19 de octubre y ha finalizado en diciembre, se ha llevado a cabo en diferentes localizaciones de Madrid.

‘Un mal día lo tiene cualquiera’ está producida por Pokeepsie Films (Banijay Iberia), Atresmedia Cine y Chicas del Barroco AIE, cuenta además con la financiación de ICAA y la participación de ATRESMEDIA y Movistar+. El filme cuenta con un presupuesto de tres millones de euros y ha recibido un millón en el primer procedimiento de ayudas generales del ICAA de 2022.

“He rodado una película. Nunca en mi vida, ni en mis mejores sueños ni en mis peores pesadillas, hubiera imaginado el revuelo físico y emocional en que he pasado estas seis semanas. Ha sido un esfuerzo que ha merecido la pena a pesar de haber encontrado debatiéndome entre querer vomitar y llorar de alegría. Lo que es seguro es que siento un agradecimiento infinito. He aprendido mucho más de lo que jamás imaginé. He aprendido un oficio”, ha comentado la directora.

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La película está protagonizada por Ana Polvorosa y completan el reparto Agustín Jiménez, Bárbara Mestanza, Juriji Der Klee, Aníbal Gómez, Goize Blanco y Ariana Martínez. ‘Un mal día lo tiene cualquiera’ es la historia de Sonia (Ana Polvorosa), una mujer responsable, ordenada y con el sentido de la norma muy integrada. Sin embargo, en una sola noche esta controladora de manual se verá obligada a hacer todo aquello que no se ha atrevido a realizar en treinta y seis años.

Sinopsis

Sonia se acaba de mudar con su gato a un nuevo estudio en el centro. Es interior, con gotelé, no tiene calefacción, y es bastante ruidoso porque está al lado de los contenedores de basura pero por lo demás es ideal. Por fin se ha independizado del todo antes de los cuarenta. Sonia es responsable, ordenada y con una incapacidad absoluta para saltarse las normas. Es una controladora de manual incapaz de improvisar. Lleva cinco años prácticamente aislada del mundo pero no a causa de la pandemia, sino debido a algo mucho peor: su tesis doctoral.

Sí, todavía hay gente que se dedica a escribir tesis. Sonia es una de ellas. Tras realizar varios masters, trabajos de investigación y cientos de artículos, por fin ha llegado el día de defender su tesis. Convertirse en doctora significaría dejar de ser profesora ayudante y optar a una plaza de titular con sueldo fijo, y quién sabe si con ello decir adiós a su triste vida de precaria.

La noche antes del gran día su mejor amiga, Luci, insiste en que le acompañe a un concierto de electrónica para despejar la mente. Sonia prefiere quedarse en casa tal y como tenía planeado. A las ocho de la mañana del día siguiente, un tribunal, toda su familia, y media Segovia serán testigos del día más importante de su vida. Todo tiene que salir perfecto.

Unos minutos más tarde, mientras baja la basura orgullosa de sí misma, se encuentra en la calle con María, una amiga que le propone tomar cañas en un bar cercano. Sonia trata de excusarse como puede, pero cuando María rompe a llorar porque acaba de cortar con su novio, se ve obligada a consolarla. Sonia ha bajado sin cartera y sin móvil, pero María insiste en que se despreocupe porque invita ella.

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