El viernes 10 de julio llegará a los cines españoles ‘Winnipeg, el barco de la esperanza’, cinta de animación dirigida por Beñat Beitia (‘Dixie y la rebelión zombi’) y Elio Quiroga (‘La estrategia del pequinés’). Esta coproducción entre España, Chile y Argentina se estrenará bajo la distribución de Barton Films tras competir en la sección Contrechamp del Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy, que se celebra estos días en la localidad francesa.
Basada en la novela gráfica de la escritora y guionista canaria Laura Martel, esta película rescata un episodio clave de la historia reciente de España: la travesía de un mes del carguero Winnipeg, que en 1939 trasladó a más de 2.200 refugiados republicanos rumbo a Chile, pese a haber sido concebido para dar cabida a apenas un centenar de tripulantes.

‘Winnipeg, el barco de la esperanza’, ambientada al final de la Guerra Civil y el exilio, cuenta la historia de Víctor y su hija Julia, quienes fueron obligados a abandonar España tras la caída de Barcelona. Después de atravesar la frontera francesa y enfrentarse a la dureza de los campos de internamiento, padre e hija encuentran una oportunidad de escapar gracias al Winnipeg, barco impulsado por Pablo Neruda que partió hacia Valparaíso, ofreciendo un futuro a miles de personas.
Esta historia ficticia enmarcada en un suceso real aborda temas universales como la pérdida, la memoria y la esperanza, así como las distintas dimensiones del amor (paterno-filial, humano y entre los pueblos), y habla también de lucha, solidaridad, reconocimiento y responsabilidad individual y colectiva, cuestionando el papel de los ciudadanos y los gobiernos.
Además, el filme sobresale por un reparto de voces a cargo de actores chilenos como Paulina García (‘La reina de desierto’), quien interpreta al personaje de Julia, ya de mayor; Luis Gnecco (‘Neruda’), que da voz a Pablo Neruda; o Alfredo Castro (‘Polvo serán’) como el presidente chileno Salvador Allende. Dentro del equipo técnico, figuran Diego Navarro (‘Mariposas negras’), compositor de la banda sonora original, y Miguel Francisco (‘Angry Birds’), creador de estos personajes.
Producida por Dibulitoon Studio, Dibulitoon Factory AIE, La Ballesta, la chilena El Otro Film y la argentina Malabar Producciones, ‘Winnipeg, el barco de la esperanza’ cuenta con la participación de RTVE, RTVC y 3Cat. El proyecto inició su andadura en 2019, y tras formar parte del laboratorio Animation! WIPs by Annecy en el año 2024, regresa ahora al prestigioso certamen francés para celebrar su puesta de largo internacional. Un impulso que el equipo va a aprovechar para que este largometraje de 77 minutos, realizado mayoritariamente en una técnica de animación 2D que incluye elementos de 3D, desembarque por fin en las salas españolas, como colofón a siete largos años de trabajo a ambos lados del Atlántico.
El recorrido de esta película por mercados y festivales incluye su paso por Cartoon Movie 2021, Premios Quirino, Ventana Sur 2025 y, hace escasos días, la 7ª edición de Lo Que Viene Tenerife, en el marco de una jornada dedicada al cine español de animación, así como el 28º Shanghai International Film Festival (SIFF), en competición dentro de la Sección Oficial. A pocas semanas del debut en Annecy, Audiovisual451 ha podido conversar con sus principales responsables.

Un pasado muy apegado a la realidad presente
Si hay una persona clave en el origen de este filme de ficción basado en hechos reales es Toni Marín, productor por parte de La Ballesta, que dio con la historia de este barco gracias al documental ‘Winnipeg, palabras de un exilio’ (1999), dirigido por Lala Gomà y Xavier Montanyà. No obstante, fue la novela gráfica de Laura Martel, publicada en 2014, la que despertó sus ganas de hacer una película de animación: «En 2018, leí el cómic de Laura y decidí llamarla. Como ella es canaria, se nos ocurrió buscar equipo en las islas. Entonces, en los Quirino, dimos con Elio Quiroga, que había dirigido varios cortos de animación, y con el músico Diego Navarro, que también es de allí. Igualmente, le hablé del proyecto a mi amigo Beñat Beitia, quien a su vez ya había trabajado con Jone Landaluze y Ricardo Ramón, de Dibulitoon, y nos dimos cuenta de que aquí había una película. Más adelante, en Chile, conocí a Marianne Mayer-Beckh, de El Otro Film, que se unió a nosotros a pesar de que nunca había producido animación, y entró también Nico Couvin, de la argentina Malabar Producciones», relata Marín.
El desarraigo, la renuncia a las propias raíces y la incertidumbre ante el futuro que vivieron en sus carnes los pasajeros del Winnipeg son algunos de los temas principales que articulan este drama histórico, en este caso, en torno a la odisea que afrontan la protagonista y su padre. «Es una situación límite que, de hecho, está experimentando mucha gente hoy en día también, y por eso, para entenderlo, es importante recordar», advierte Elio Quiroga, secundado por su compañero en la dirección de la cinta, Beñat Beitia: «No se trata solo de un ejercicio de memoria, sino que hablamos de realidades que siguen sucediendo en este momento, desgraciadamente. Han pasado siete años desde que empezamos a trabajar en este proyecto, y hoy el contexto es aún más preocupante que entonces, por lo que estamos ante un material muy vivo. Por eso, es el momento de agradecer la solidaridad que mostró el pueblo chileno al acoger a tantísimas personas con vidas rotas.»
Aunque la ambición es interpelar a toda la sociedad como parte de una labor de concienciación sobre cuestiones como el horror de la guerra, la tolerancia hacia el diferente, la generosidad y la no repetición de los errores del pasado, el destinatario de esta historia, calificada para mayores de 12 años, es el público infantil y juvenil: «Queremos transmitir valores a los más pequeños, y para eso, lo ideal es que vean esta película acompañados de adultos que puedan ayudarles a asimilar lo que contamos. Difundir el pasado es trabajar por un futuro más humano«, explica Beitia, a lo que la productora Jone Landaluze añade: «La historia del Winnipeg incluye momentos de gran crudeza, pero Julia, nuestra protagonista, es una niña de solo 7 años, y plantear la narración desde su punto de vista ayuda a que los niños puedan identificarse con ella.»

Una odisea repleta de desafíos
A las complicaciones propias de una industria en permanente crisis como la de la animación, en el caso de ‘Winnipeg, el barco de la esperanza’, hay que sumar los no pocos obstáculos que debe superar una coproducción a tres bandas, entre España, Chile y Argentina, a la hora de reunir la financiación necesaria. «En siete años, hay muchas cosas que cambian. Por ejemplo, en Argentina, la entrada del nuevo gobierno nos ha dificultado mucho encontrar financiación en estos últimos tiempos. Cuando comenzamos esta aventura, el INCAA tenía unas reglas que no tienen nada que ver con las que existen ahora, por lo que el dinero con el que pensábamos contar en un inicio para la producción desapareció de golpe. Por suerte, nuestros socios coproductores salieron al rescate y hemos podido sobrellevar la situación», reconoce el productor Nico Couvin.
El viaje del Winnipeg es, sin duda, una buen símil del arduo proceso que ha ido atravesando el proyecto hasta que ha conseguido por fin llegar a buen puerto en 2026: «Levantar una película como esta entre tres países tan diferentes y con equipos diseminados a ambos lados del Atlántico es un reto mayúsculo. Las normas y los tiempos cambian mucho de un lugar a otro, de manera que cuando unos socios parecían tener asegurada la financiación, luego todo se venía abajo y había que volver a empezar, pero la unión que siempre hemos demostrado ha permitido hacerlo realidad», confiesa Beñat Beitia. «La historia del Winnipeg es mucho más conocida en Chile que en España, y estamos muy agradecidos a las instituciones chilenas por lo bien que recibieron esta propuesta desde el principio», puntualiza Marín, a lo que la productora chilena Marianne Mayer-Beckh agrega: «Hace poco, presentamos la película en el Museo de la Memoria de Santiago de Chile, con la asistencia de familiares de los tripulantes y refugiados que cruzaron el océano. Es decir, el apoyo social ha sido importante, pero al mismo tiempo, recabar la financiación necesaria sobre el terreno no ha sido una tarea fácil.»
A pesar de las trabas, la coproducción internacional era la fórmula natural para hacer crecer un proyecto en el que se aborda la historia reciente, no solo de España, sino también de Chile o Francia: «La coproducción siempre aporta a una película, y en el caso de ‘Winnipeg’, nos ha ayudado a integrar talento de diversas procedencias. Cada país coproductor se ha encargado de distintas tareas y ha aportado un toque propio, tanto consciente como inconscientemente», señala Couvin. «La presencia de Chile ha sido determinante para la película, como también lo ha sido la de Argentina, y es que no hay que olvidar que la esposa de Pablo Neruda en aquel momento era Delia del Carril, un personaje central en esta historia, ya que llevó las riendas de la gestión del viaje junto a su marido», recuerda Beitia. «A la hora de fletar el Winnipeg, Chile garantizó los visados, pero la financiación se consiguió en Buenos Aires gracias a Delia, y después se sumaron apoyos en Montevideo, del SERE en París e incluso de los cuáqueros, que sufragaron la compra del barco. Es decir, el éxito del Winnipeg fue resultado de la suma de muchas voluntades, y la producción de esta película, también. La coproducción estaba más que justificada.»

El largo camino hasta Annecy
Aunque la animación de ‘Winnipeg, el barco de la esperanza’ bebe en ciertos aspectos del estilo de la novela gráfica en la que se inspira, son más las particularidades que la separan de ella y que el equipo ha decidido introducir con el objetivo de lograr un acabado más pictórico y detallado. «Desde el principio, el tridente que formamos Laura Martel, Elio Quiroga y yo decidimos apostar por el blanco y negro para remarcar la crudeza de la guerra, lo que progresivamente da paso a una luz y un color más densos que ayudan a generar una atmósfera más amable según el barco se va a acercando a Valparaíso, su destino final», aclara Beñat Beitia. «Nuestros esfuerzos se han dirigido a tratar de equilibrar las diferentes necesidades de la historia, la realización y la ilustración, a nivel de personajes, fondos y acting. Ya desde la preproducción, trabajamos para cristalizar todo eso, también con la ayuda de Pájaro en Chile, y siempre con una mirada muy clara.»
Mientras que algunas fases quedaron superadas en un cierto punto de la producción -como la «encomiable» labor de documentación previa, en palabras de Toni Marín, o la confección del reparto de voces que incorpora al actor chileno Alfredo Castro-, la postproducción se desarrolló en paralelo al resto de procesos desde el principio. «Aunque lentamente, la postproducción ha ido avanzando desde el momento en el que entramos en producción, con el fin de ir definiendo cómo íbamos a armar la película. Hemos trabajado desde la proximidad y la contención para conseguir traducirlo todo plano a plano, a partir de la escaleta, el diseño de fondos y personajes, los storyboards y la animática. El viaje tiene una riqueza inmensa en cuanto a atmósferas y tanto el sonido como la composición musical son elementos clave en esta película, por lo que hemos estado trabajando sobre todo ello hasta noviembre de 2025«, apunta Beñat Beitia.
La banda sonora de ‘Winnipeg’ está firmada por Diego Navarro, compositor español con una notable trayectoria en el cine de animación gracias a su participación en obras como la multipremiada ‘Mariposas negras’, ‘Atrapa la bandera’ o ‘SuperKlaus’. Según cuenta Marín, «Diego se embarcó en este proyecto desde el principio. De hecho, aportó el tema principal ya de cara al primer teaser, y el trabajo que ha hecho para acompañar la historia es excepcional. Lo hemos grabado todo en Praga, con la Orquesta Filarmónica Checa, y vamos a editar un disco porque el resultado es impresionante.»
Todos los productores coinciden en que el recorrido por festivales y mercados ha sido fundamental para darle visibilidad al proyecto en sus diferentes etapas de desarrollo: desde los primeros pasos en Cartoon Movie hasta el empujón de Venta Sur, y a modo de broche, la puesta de largo en Annecy, tras pasar también por el Festival de Shangái. Volver al certamen galo para el estreno internacional después de participar en uno de sus laboratorios hace dos años es, para el equipo, un regalo del destino. «El simple hecho de estar en Annecy es algo muy importante, así que creo que ya hemos ganado», sentencia Nico Couvin, con el refrendo de Beitia: «Nuestro objetivo era estrenar en algún festival internacional, y que una coproducción tan compleja esté presente en la mayor cita de animación a nivel mundial es todo un éxito. Ninguno de nosotros ha gozado antes de este nivel de proyección, pero volver a Annecy encaja, al final, con un deseo que teníamos en mente, que es traer el Winnipeg de vuelta a Francia. Además de ser el motor europeo de la animación, hablamos de un país que no se portó muy bien con los exiliados españoles, por lo que queremos que conozcan esta historia.»

Estreno y futuros proyectos
El Festival de Annecy será el último gran hito del largo viaje del Winnipeg antes de llegar a los cines españoles, este 10 de julio, el mismo día que debuta, por cierto, un competidor tan duro en el terreno de la animación como es la tercera entrega de la saga ‘Minions’. «En España, ahora mismo es muy difícil cerrar el número de copias con las distribuidoras hasta la última semana, prácticamente. Estamos en contacto con los cines para intentar conseguir la mayor cantidad posible, y una vez que pase el estreno comercial, sabemos que el recorrido por salas de cultura y espacios alternativos va ser una pieza clave. Queremos organizar proyecciones más personales también, con coloquios y presencia de familiares; de hecho, muchos nos están contactando», subraya Landaluze. «Es muy emocionante cuando tenemos la oportunidad de conocer a pasajeros como Lola Patau, una señora que ahora tiene 93 años y asistió al preestreno en Barcelona», afirma Marín.
Si se cumplen los planes de sus coproductores, ‘Winnipeg, el barco de la esperanza’ llegará a las salas argentinas a finales de este año, tras pasar previsiblemente por el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata en noviembre, «aunque será algo pequeño, porque allí las cadenas comerciales no son muy receptivas a este tipo de proyectos», admite el productor argentino Nico Couvin. En Chile, se podrá ver a partir del primer trimestre de 2027, y la estrategia pondrá el foco en el valor educativo de la cinta, al tiempo que también se contempla su estreno en Francia; de hecho, la distribuidora francesa MMM Films, que es quien se encarga de las ventas internacionales, ya ha estado mostrando la película en Cannes.
Pero, sin que esta travesía haya llegado aún a su fin, los productores implicados preparan ya nuevos proyectos. En los próximos meses, Dibulitoon Studio terminará la producción de la película animada ‘¡Corre, Kuru, corre!’, a la que se suman las nuevas temporadas de las series ‘Cazasabores’, junto a Pikkukala, y ‘Yoko’, así como otros dos proyectos de largometraje en busca de financiación: ‘Submarina’, de nuevo en coproducción con la argentina Malabar, y ‘San Juan 1565’, que contará la historia de los balleneros vascos en Canadá. Por parte de La Ballesta, Toni Marín prepara un documental sobre el periodista Quim Monzó y otro título sobre un campo de concentración franquista que fusiona no ficción y animación.



