Un total de 20 largometrajes estrenados entre los años 1960 y 2001 integrarán la retrospectiva dedicada al cineasta, guionista y novelista francés José Giovanni, figura destacada de la gran era del cine policíaco francés. En su 74ª edición, el Festival de San Sebastián recuperará la práctica totalidad de la obra que Giovanni firmó como director, así como ocho títulos que escribió para realizadores como Jacques Becker, Jean-Pierre Melville, Jacques Deray, Claude Sautet, Henri Verneuil y Robert Enrico, entre otros.
Organizado por el festival y la Filmoteca Vasca con la colaboración de Filmoteca Española, el ciclo contará con la publicación del libro ‘José Giovanni. No hay vida plena sin piedad’, escrito por Felipe Cabrerizo y editado por Quim Casas, crítico y miembro del comité de selección del certamen donostiarra. El estudio recorre toda la obra como novelista, guionista y director de Giovanni, así como aspectos de su vida envueltos en polémica, desde su cometido durante la ocupación alemana hasta su intento de huida de la cárcel.

El libro, editado en castellano e inglés, es el quinto de la colección del festival y la Filmoteca Vasca tras los dedicados a Claude Sautet, Hiroshi Teshigahara, el cine policíaco italiano y la guionista Lillian Hellman.
Sobre José Giovanni
José Giovanni (1923-2004), nacido Joseph Antoine Roger Damiani en París, en el seno de una familia acomodada de origen corso, escribió algunas de las páginas más reconocidas tanto de la novela policíaca como del cine policíaco francés. Fue antes novelista, adaptador y guionista, pero cuando tomó las riendas de sus propios proyectos como director, estableció una mirada y una estética en el policial francés pareja a la de autores como Jean-Pierre Melville o Jacques Deray, con quienes colaboró en los años 60.
Tuvo una vida ajetreada y compleja, repleta de zonas oscuras. De ella extrajo no pocos elementos argumentales para sus novelas. Su irrupción en el cine fue por la puerta grande: Jacques Becker se fijó en su novela ‘La evasión’, en la que relataba su estancia en la cárcel –acusado de asesinato y condenado a muerte, aunque la pena capital le fue conmutada por trabajos forzados–, y decidió llevarla a la pantalla. Giovanni, que había sido contratado como consejero técnico, terminó ejerciendo de coguionista del filme de 1960.
Poco después de publicar ‘La evasión’, Giovanni ya era uno de los escritores incluidos en la prestigiosa Série Noire, la colección de libros policíacos que había ideado Marcel Duhamel en la editorial Gallimard y que marcó una nueva apreciación de la literatura criminal, incluyendo las traducciones al francés de los clásicos norteamericanos. Su tercera novela, ‘Classe tous risques’ (1958), dio pie a ‘A todo riesgo’ (1960), de Claude Sautet, en la que Giovanni ejerció también de guionista. Y la segunda, ‘Le Deuxième souffle’ (1958), fue adaptada años más tarde por Jean-Pierre Melville en ‘Hasta el último aliento’ (1966).
Otra de sus novelas, ‘L’Excommunié’, sirvió de base para ‘Un tal La Rocca’ (1961), película protagonizada por Jean-Paul Belmondo y dirigida por Jean Becker, hijo de Jacques. En 1963 inició como guionista su colaboración con el director Jacques Deray, que incluye títulos como ‘Ronda de crímenes’ (1963), ‘Rififí en Tokio’ (1963), ‘El hombre de Marrakech’ (1966) y ‘Red siniestra’ (1966). Tres años después lo hizo con Robert Enrico, con el que trabajó en ‘Los rufianes’ (1966), ‘Tres aventureros’ (1967) y ‘¡Ho!’, (1968). Y en paralelo, debutó tras la cámara con ‘La ley del superviviente’ (1967), historia bélica en el que aparecen sus temas principales: la Resistencia Francesa durante la Segunda Guerra Mundial, los ambientes de Córcega y la traición.
A partir de este momento, y con la sola excepción de ‘El clan de los sicilianos’ (1969) de Henri Verneuil, Giovanni se dedicó principalmente a la dirección de sus propias obras. Y si bien en sus películas hay rasgos de todos los cineastas con los que trabajó, no tardó en imponer un estilo propio, crudo y directo, adaptándose a sí mismo o a otros escritores, en filmes en los que mostró a asesinos a sueldo, policías de barrio, jóvenes rebeldes enfrentados al sistema, el hampa marsellesa, delincuentes que no pueden reinsertarse en la sociedad, ladrones marginales que viven según sus códigos, robos a gran escala, presidiarios que intentan demostrar su inocencia o buscadores de oro. Un cine tan agitado como lo fue su vida.
De entre los quince largometrajes que dirigió, además de dos filmes para televisión y tres episodios de un par de series, destacan ‘Caza sin cuartel’ (1968), ‘Último domicilio conocido’ (1970), «La puerta cerrada’ (1971), ‘El clan de los marselleses’ (1972), ‘Dos hombres en la ciudad’ (1973), ‘Alias el gitano’ (1975) y ‘Une robe noire pour un tueur’ (1981). En sus dos últimas películas, ‘Mon ami le traître’ (1988) y ‘Mi padre’ (2001), coescrita con Bertrand Tavernier, reflexionó desde la ficción sobre aspectos determinantes de su propia vida.



