2016: el cine español, la taquilla y mucho más*

*Escrito por Emilio C. García Fernández, Catedrático de Historia del Cine Universidad Complutense de Madrid

Cuando llegamos al final de un año cinematográfico los datos suelen ser contundentes. Para bien o para mal hablar de taquilla significa dirigir la mirada a qué título despertó la atención del público, cuántos espectadores apostaron por una u otra película, y qué proyectos no han resultado agraciados en su estreno en sala.

Los titulares sembraron el ámbito mediático con entonaciones y recuerdos de un tiempo vivido excepcional. No será el que esto firma quien eche un jarro de agua fría sobre todo; más bien, en lo que queremos insistir es en que hay que mantener ciertas distancias emocionales y razonadamente llamar la atención sobre todo aquello que se mantiene a la sombra de una luz resplandeciente, pues hay cuestiones que obligan a que la industria entienda que es “necesario” y “obligado” asumir un compromiso directo sobre todo lo que se está haciendo y revisar una serie de cuestiones endógenas de gran importancia que están más allá de otras exógenas a las que se les señala como causales.

‘Un monstruo viene a verme’

Desde que dirigiera a un grupo de investigadores para analizar la evolución de la industria cinematográfica española desde 1980 hasta la actualidad (Marca e identidad del cine español. Proyección nacional e internacional entre 1980 y 2014. Madrid. Fragua. 2015), nos hemos planteado seguir anualmente una serie de cuestiones que determinan la existencia de la producción audiovisual en España, la subsistencia o desarrollo de la misma y su proyección nacional y percepción de su público. La publicación de los resultados de dicha investigación llamó la atención de un pequeño grupo de personas que, sorprendentemente, sí entendieron qué es lo que allí se planteaba. El resto de los profesionales, ni se han inmutado y, otros muchos, ni la conocen. Pues vamos a insistir un poco.

Primero la taquilla

Ya sabemos, puesto que es histórico, que en el balance anual destacan cinco películas que superan el millón de espectadores, tono medio de las últimas décadas. La cuestión se centra en qué películas y tiempo de pantalla, pues dependiendo de los estrenos, la época y el número de salas, podemos valorar adecuadamente los resultados.

En 2016 ‘Un monstruo viene a verme’, de Juan Antonio Bayona, en apenas tres meses desde su estreno consigue 4.620.133 espectadores, y una recaudación de 26.490.275 de euros. Inicialmente, la película ha despertado mucho interés en el público y ha funcionado en taquilla. ‘Villaviciosa de al lado’, de Ignacio G. Velilla, en un mes escaso ha logrado llamar la atención de 1.389.432 de espectadores que han dejado en taquilla 8.986.470 de euros. ‘Cien años de perdón’, de Daniel Calparsoro, en nueve meses ha alcanzado el 1.073.974 de espectadores, obteniendo una taquilla de 6.676.116 de euros. ‘Cuerpo de élite’, de Joaquín Mazón Lacasa, ha logrado 1.102.339 espectadores con 6.539.462 de euros. ‘Kiki, el amor se hace’, de Paco León, ha tenido durante ocho meses el respaldo de 1.062.007 espectadores y una recaudación de 6.195.929 de euros.

‘Villaviciosa de al lado’

Detrás de estas producciones se encuentran, junto con otras firmas nacionales, algunas con una proyección internacional destacada (Apache Entertainment, Morena Films, Vaca Films, Mod Producciones, Vertigo Films y otras creadas para la propia producción) compañías de televisión como Telecinco (‘Un monstruo viene a verme’), Atresmedia Cine (‘Villaviciosa de al lado’, ‘Cuerpo de élite’) o Telefónica Studios (‘Cien años de perdón’) y un revuelto de empresas que “participan” en cada proyecto, algunas con presencia extranjera.

Si además de esto tenemos en cuenta el coste sugerido de estos proyectos, tema siempre muy problemático dada la opacidad que reina en el sector a la hora de decir cuál es el presupuesto de la película, podemos aclarar un poco más el asunto. De entrada ‘Un monstruo viene a verme’ tuvo un presupuesto de 25 millones de euros, con lo que al cierre del 2016 no había alcanzado los recursos que se aplican técnicamente para indicar que una película ha sido rentable (es sabido que para que una película se considere rentable ha de hacer en su propio mercado, al menos el doble de lo invertido; algunos productores lo sitúan en tres). Está claro que nos referimos sólo al mercado nacional y que su estreno internacional, seguramente, dará muy buenos resultados que lleven al optimismo más contundente por parte de los productores.

‘Cien años de perdón’

‘Cien años de perdón’ se dice que tuvo un presupuesto de poco más de 6 millones de euros. Si durante su estreno en 2016 ha recaudado casi siete, quiere decir que le falta recorrido para superar los mínimos. De ‘Cuerpo de élite’ no se tiene datos. De ‘Kiki, el amor de hace’, se apuntan unos escasos 2 millones de euros, lo que confirma su buena salud al recaudar más de 6 millones.

Otras películas que suenan

Es evidente, que más allá de estos títulos nos encontramos con otros que han sonado especialmente a lo largo de 2016. Repercusión del director, polémicas sociales y premios nacionales e internacionales han marcado la trayectoria de varias películas que ya están en la línea de salida para alcanzar algunos de los reconocimientos anuales. La primera carrera se ha corrido en el Festival de San Sebastián para continuar con los Premios Forqué, Premios Feroz, los del Círculo de Escritores Cinematográficos y los Premios Goya, otros más posteriormente.

Hay que hablar, por tanto, de ‘El hombre de las mil caras’, de Alberto Rodríguez, con 410.391 espectadores (2.598.000 euros), con un presupuesto aproximado de 5 millones; ‘Julieta’, de Pedro Almodóvar, con 339.328 espectadores (2.149.792 euros), de la que se sugiere un presupuesto de 1,5 millones; ‘1898. Los últimos de Filipinas’, de Salvador Calvo, con 289.511 espectadores (1.810.764 euros), que se indica un presupuesto aproximado de 6 millones; ‘Que Dios nos perdone’, de Rodrigo Sorogoyen, con 209.570 espectadores (1.386.430 euros), con un presupuesto que ronda los 4 millones; ‘Tarde para la ira’, de Raúl Arévalo, con 183.104 espectadores (1.113.620 euros), que se dice tuvo un presupuesto de 1,2 millones; y ‘La reina de España’, de Fernando R. Trueba, con 168.830 espectadores (1.065.275 euros), de la que se apunta un presupuesto de 11 millones de euros. Los resultados al cierre de 2016 dejan muchas dudas sobre estos trabajos, sobre todo a partir de la respuesta del público a las mismas. Cabe esperar que los premios ayuden a que algunas recuperen la atención de los españoles y que se animen a verlas, bien en sala o en las plataformas que ya cuentan con esa posibilidad (aunque el precio de visionado supere con creces los 4 euros, algo discutible).

‘Kiki, el amor se hace’.

Tras estas películas, junto con productoras como El Deseo, Enrique Cerezo PC, Tornasol Films y otras productoras, se encuentra Atresmedia Cine (‘El hombre de las mil caras’, ‘Que Dios nos perdone’, ‘La reina de España’) y otras compañías de televisión que también “participan”.

Sostenibilidad de la producción

Los datos anteriores deben visibilizar las peculiaridades del sector de producción. En 2016, y de acuerdo con los datos de estreno de ComScore publicados por el ICAA, se produjeron un total de 168 películas, largometrajes de ficción (111) y documentales (57).

De las películas de ficción, cinco superaron el millón de espectadores, 22 se situaron entre los cien y cuatrocientos mil espectadores, 31 entre los diez mil y cien mil espectadores, 39 entre los mil y nueve mil espectadores, 46 entre los cien y mil espectadores, y 25 entre los cuatro y cien espectadores. Por su parte, entre los documentales encontramos en el puesto 40 de recaudación a ‘Footprints. El camino de tu vida’ (con 22.103 espectadores), seguida en el 46 por ‘Jota de Saura’ (con 14.165) y en el 50 a ‘Política, manual de instrucciones’ (con 12.860), y a partir de estas referencias todos los demás, con una taquilla conjunta total que alcanza los 114.401 espectadores.

Es a todas luces inviable que la industria cinematográfica española pueda empeñarse en un volumen de películas anuales que está por encima de la capacidad de un mercado especialmente controlado por las majors, tanto en la distribución como en la exhibición.
‘Tarde para la ira’

De acuerdo con la base de datos del ICAA, en 2015 se han producido un total de 255 largometrajes, y en 2016 se contabilizan 257. De partida indicar que ComScore señala que en 2015 se estrenaron 133 largometrajes y, como ya hemos apuntado, en 2016 fueron 168. La primera pregunta que se plantea es ¿cuántas películas no se han estrenado en ambos años? En 2015 unas 122 películas se han quedado en el despacho del productor; en 2016 fueron 89. Estas cifras obligan a analizar detenidamente qué es lo que está pasando y por qué. No se puede entender que tantas obras pasen al olvido más absoluto por razones dispares que tienen que ver, sin duda, con la política de distribución, el modelo de proyecto desarrollado y su calidad. No podemos anticipar nada en este sentido hasta que estas películas puedan ser visionadas, pero por lo visto y analizado en años anteriores sí se comprueba que muchos proyectos no alcanzan el mínimo de calidad necesario como para que dispongan del apoyo en su comercialización.

La segunda cuestión que hay que abordar tiene que centrarse en la sostenibilidad de este modelo de producción. Es a todas luces inviable que la industria cinematográfica española pueda empeñarse en un volumen de películas anuales que está por encima de la capacidad de un mercado especialmente controlado por las majors, tanto en la distribución como en la exhibición. Aquí la cuestión tiene que ver con los proyectos impulsados por el lobby nacional y la inmensa mayoría de los asumidos por pequeñas empresas e iniciativas individuales. La distancia es abismal en cuanto a la posibilidad de negocio, para unos más fácil en términos generales, para otros toda una carrera de obstáculos.

‘El hombre de las mil caras’

Nadie parece querer replantearse esta cuestión. La situación no se puede mantener por más tiempo. Aquí todo el mundo quiere hacer su película, pensando inicialmente en las vías que abren las ayudas públicas, pero nadie quiere asumir que el mercado, si bien demanda obras, las quiere de factura y con calidad. El público de una película se consigue gracias a la calidad; ya nadie acepta cualquier resultado por más que se venda como proyecto de riesgo, comprometido, personal, experimental, independiente, difícil empeño, de autor.

Al final la realidad es muy cruda y directa: si en 2016 diez películas recaudaron el 70 % de la taquilla española es que algo no funciona bien. Sí hablamos de un centenar de películas anuales, un 10-15 % de películas taquilleras no está nada mal; lo que no se concibe es que sean 168 y sólo diez acumulen el grueso de los ingresos. Y vemos que es una constante, pues hay que pensar en solucionar la situación.

Al final la realidad es muy cruda y directa: si en 2016 diez películas recaudaron el 70 % de la taquilla española es que algo no funciona bien.
De los consagrados a los nuevos directores

Sin duda, este trayecto lo han caminado prácticamente todos los directores españoles. Ha sido la constante histórica la que ha permitido que las generaciones de creadores cinematográficos fueran conviviendo década tras década y pasando los testigos para que las ideas y los proyectos se concretaran en cada momento.

‘Julieta’

La vocación, los contactos y la normativa han favorecido a lo largo de estas últimas décadas que la convivencia generara proyectos de diversa envergadura y proyección. Los clásicos han ido dando paso a los más jóvenes y éstos han visto como otros llegaban y se hacían un hueco en la industria.

No obstante, también se ha confirmado que los consagrados, los más veteranos, al ver cómo evoluciona el negocio, la industria, intentaron ser protagonistas del mismo, sobre todo para no perder la parte del pastel que dicen les corresponde. Esta situación ha generado demasiada controversia en las últimas décadas, porque los más jóvenes les atribuyen buena parte de las dificultades que ellos tienen para conseguir sacar adelante sus proyectos, al ver cómo, por ejemplo, las empresas de televisión sólo apuestan por ellos, excepciones muy contadas aparte.

La cuestión final que hay que plantearse es: ¿en qué medida y con qué amplitud de proyectos hay que asumir la presencia de jóvenes directores? Partiendo de la base, en general, que es obligada la incorporación de jóvenes que han demostrado en el cortometraje sus cualidades creativas ¿quién debe darle la primera oportunidad? El compromiso del Estado debe ser decisivo pero también exigente, por cuanto esas primeras obras no deben ampararse en el “yo me lo guiso” para evitar que, finalmente, el propio autor se lo tenga que guardar en un cajón. Debe haber una respuesta clara de toda la industria para entender que ellos serán el futuro de la misma. El lobby tiene mucho que decir en todo esto, pero el Estado también ha de asumir claramente su responsabilidad en el ámbito de las oportunidades.

‘Que dios nos perdone’
La promoción necesaria

Insistimos: si en la producción de la película no se contempla y se respeta el 10 % como mínimo de inversión en publicidad, ningún esfuerzo anterior tendrá sentido. Es evidente que cada proyecto tiene su identidad y la inversión en el mismo marcará el camino a seguir en todo lo que tenga que ver con la estrategia y planificación de marketing que se prepare. Aquellas películas, las menos, que se abordan con costes altos de producción estarán obligadas a identificarse desde la preparación de la misma. Obligadas a difundir su proyecto con el objetivo claro de que sea conocido por la sociedad. La mayoría de los filmes que se llevan a cabo en la industria cinematográfica española se mueven en la dinámica de la improvisación constante, salvo algunas que se ponen en las manos adecuadas para que su trabajo se visibilice lo mejor posible.

La mayoría de los filmes que se llevan a cabo en la industria cinematográfica española se mueven en la dinámica de la improvisación constante, salvo algunas que se ponen en las manos adecuadas para que su trabajo se visibilice lo mejor posible.

Prensa, radio, televisión y los medios online abren un abanico de posibilidades para que toda iniciativa pueda tener su cobijo en el ámbito más adecuado. Las grandes producciones, en las que participa activamente el sector televisivo, dispondrán de un apoyo constante por parte de aquellos que han invertido en la producción. Esto se viene haciendo a partir de una estrategia que genera respuestas precisas en el público español a la hora de acudir a una sala a ver la película. Creemos que la inmensa mayoría de las producciones, además de no contar con el respaldo de estos medios, no tiene claro por dónde entrar en el mercado. El ámbito online está esperando que lleguen y canalicen sus películas hacia el público objetivo, se sitúen en las plataformas de visionado existentes y decidan que ese es el mejor camino para transitar.

‘La reina de España’

Pero si en el primero de los casos la promoción de la película está bastante clara, para los demás no es así. Han de implicarse en un modelo de comercialización distinto pero que puede ser eficaz en función de la obra realizada. Pero tienen que implicarse, no se puede dejar al azar las decisiones que se tomen, abandonar la película esperando que el público llegará a ella sin problema. No, tienen que estar ahí, seguir el producto, reforzarlo con actuaciones precisas e insistir, si realmente se cree en lo realizado, que la obra sorprenderá a todo aquel que la vea. Y en este caso insistimos: en España se cuenta con un grupo de profesionales que saben cómo diseñar, planificar y afrontar un modelo de comunicación aplicado a cada obra, lo que tienen que hacer es acudir a estos expertos que llevan varias décadas desarrollando una labor importante.

Y en este caso insistimos: en España se cuenta con un grupo de profesionales que saben cómo diseñar, planificar y afrontar un modelo de comunicación aplicado a cada obra, lo que tienen que hacer es acudir a estos expertos que llevan varias décadas desarrollando una labor importante.
La proyección nacional e internacional

No podemos evitar insistir en cómo se reciben las películas españolas en el mercado interno y externo. En España la taquilla es un indicador del interés que han despertado en el público, indicador que se completará con los premios concedidos anualmente por distintas asociaciones, entidades, festivales y  muestras.

La proyección nacional es clara en los últimos años: el cine español resulta interesante para el público y éste consume cine propio en las diversas plataformas existentes y, además, algunas películas obtienen numerosos reconocimientos. ‘Un monstruo viene a verme’, ‘Tarde para la ira’, ‘El hombre de las mil caras’, ‘Julieta’ y ‘Que Dios nos perdone’, en diversas categorías técnicas y artísticas, han acaparado los premios más relevantes concedidos en territorio español.

‘1898. Los últimos de Filipinas’

No obstante, otras que no han conseguido un gran respaldo del público, por una u otra categoría han recibido diversos premios que acreditan su condición de obras de notable interés; en este caso nos encontramos con ‘El olivo’, ‘El ciudadano ilustre’, ‘La noche que mi padre mató a mi madre’, ‘La próxima piel’, ‘Neruda’, ‘Cerca de tu casa’, ‘La academia de las musas’, ‘Sicixia’ y ‘Quatretondeta’, entre otros. Es decir, la variedad de temáticas y obras permiten descubrir notables aportaciones en la interpretación, la dirección de fotografía, la música y, en general, en todos los ámbitos creativos. Un hecho incuestionable que hay que poner en valor y rescatar para que se insista en que hay que ir a más, buscar y desarrollar historias sólidas y que lleguen a un público receptivo.

En el mismo sentido hay que hablar de la presencia del cine español en el mercado internacional. Arropado por las innumerables acciones de difusión de nuestro cine por todo el mundo (iniciativas participadas por el ICEX, Instituto Cervantes, y la actividad de los más diversos certámenes y varias distribuidoras comerciales y culturales) el mercado sigue recibiendo con interés las películas que se estrenan en las salas de muchos países. En los últimos años asistimos a una buena salud del cine español, como lo demuestran los siguientes datos: en 2014 se han exhibido en el extranjero 157 películas que han generado una taquilla de 186,4 millones de euros (más de 30 millones de espectadores); en 2015, 132 filmes con unos ingresos de 160 millones de euros (26 millones de espectadores aproximadamente); y en 2016, a falta de datos, se sabe que los ingresos se situaron en torno a los 65 millones de euros.

En este nivel de recepción internacional hay que enmarcar, también, la actividad artística y creativa de los directores, actores y técnicos españoles, cada vez más valorados en la industria cinematográfica mundial. Han dado muestras, sin duda, de su buen hacer al participar en los repartos de numerosos proyectos, al integrar en producciones nacionales a figuras relevantes del panorama internacional, al entender que el mercado no se cierra con las fronteras sino que vuela en un horizonte cada vez más abierto y plural en el que se entiende la película más allá de su procedencia. Así se debe asumir y comprender, con el fin de encontrarle el sentido a todo empeño creativo por conseguir buenos y excelentes resultados, asunto de gran trascendencia a la hora de consolidar la Marca España tan necesitada, también, de horizontes claros en este sentido.

Conclusión

Cabe decir que echar las campanas al vuelo significa estar contentos y felices por unos resultados globales que permiten una cierta satisfacción. No obstante, esos resultados han de trascender el titular que se congratula con las aspiraciones fantasiosas que ocultan la realidad de una desesperación constante en la mayoría de los proyectos realizados.

‘Cuerpo de élite’

En este sentido, la inercia ha conducido a que todo siga igual año tras año: que nadie se proponga cambiar el modo de hacer y promover, que nadie analice qué canales y soportes utilizar, que apenas se piense en el nuevo consumo audiovisual, que se ignore ciertos intereses populares a través de los cuales se puede introducir asuntos de relevancia cultural, que la industria siga sin crear estructuras mínimamente sólidas, que se estén generando proyectos insostenibles, que no se hable claramente dentro de la profesión de los errores que se prodigan.

Los éxitos son relativos; muy relativos. La ausencia de productores de raza, la confirmación del productor ejecutivo, la dinámica impulsada por una serie de firmas que se amparan en las empresas de televisión para sacar adelante sus proyectos, la búsqueda del maná público y la angustiosa supervivencia de proyectos individuales que se topan con multitud de obstáculos, dicen mucho de una industria que no quiere cambiar, lo que se traduce en un futuro gris en el que seguirá saliendo el sol ocasionalmente y generando sequías constantes y graves.

Los que deben afrontar los retos no pueden dejar pasar más tiempo. Es la hora, un año más, de dar el paso, de decidir qué es lo que se quiere para un futuro inmediato más seguro y estable para todos. El público también lo agradecerá.

Artículo escrito por Emilio C. García Fernández, Catedrático de Historia del Cine Universidad Complutense de Madrid

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15 COMENTARIOS

  1. Artículo muy interesante, en el que con la frialdad de las cifras y el excelente texto, se pueden comprender, más allá de posturas personales, cual es la realidad de un cine español que en ocasiones, da la sensación de que el refrendo de la taquilla, le importase bastante menos, que el aplauso de determinados sectores sociales y culturales.

  2. Por fin podemos leer un análisis claro y bien documentado acerca de la realidad actual del cine español. Más allá del análisis, el autor indica direcciones y soluciones bastante razonables a un problema al que los supuestos profesionales todavía no han logrado dar salida. Sin duda un artículo de recomendable lectura para todos los profesionales del cine.

  3. Un artículo imprescindible para entender el presente del cine español y conocer las claves de los principales problemas que lo debilitan. Pone el foco en las flaquezas del todo el sistema en el que se sustenta la “industria” cinematográfica nacional, más allá de titulares fáciles de prensa o declaraciones triunfalistas interesadas desde instituciones o desde círculos influyentes ligados al sector. Arroja luz con buen criterio sobre esas zonas opacas que el propio lobby del cine español, ignora cuando no oculta, como conocer en detalle los presupuestos de las películas, muy en particular aquellas que cuentan con apoyo financiero público uno u otro modo. Con el rigor acostumbrado, su autor presenta un certero análisis, ponderado y agudo del panorama real del cine español del último año e identifica una serie de debilidades que aquejan al mismo desde hace ya demasiado tiempo.

  4. García Fernández pone al descubierto las contradicciones culturales de la industria cinematográfica española resumidas en la oposición entre la vocación por hacer cine frente al interés instrumental por el lucro. En el primer elemento quedan aclaradas las debilidades: falta de profesionalización de los creadores y productores, y una ceguera abundante sobre la “calidad” que estos fabrican y sobre lo que el público demanda. En el segundo apartado las carencias son las opuestas: el desinterés por la calidad es inversamente proporcional al impulso oportunista por hacer un negocio personal (subvenciones y desgravaciones fiscales para inversores y grandes fortunas). A todo ello se une la maduración de la colonización anglosajona de los últimos 30 años en la nueva generación de profesionales en activo, lo que está provocando que el cine español de éxito en taquilla sea cada vez más impersonal y ligero, pese a las indudables ganancias en pericia técnica. Las preguntas para que las responda el autor de este excelente artículo y catedrático de la UCM que me vienen a la cabeza son las siguientes: ¿Cuál es el impacto y la transferencia real de talento desde las universidades e instituciones de formación hacia la industria? ¿Cuál es el grado de injerencia que todavía sufre el sector en cuanto a personas ajenas a la vocación y que solo buscan la rentabilidad a corto plazo para su propio interés? Y ¿cuál es el cambio normativo fundamental que se debería atajar en la legislatura del actual gobierno (partiendo de que poco o nada tiene que ver con la bajada del IVA?)?

    • Le agradezco especialmente su comentario. Con el ánimo de no dejar en el olvido las inquietudes que me plantea, voy a intentar contestar a las cuestiones brevemente:

      ¿Cuál es el impacto y la transferencia real de talento desde las universidades e instituciones de formación hacia la industria?
      Considero que desde el ámbito universitario se está desarrollando una labor importante en la transmisión de conocimiento sobre el mundo audiovisual y cultural. Sin duda, nadie puede ocultar la excesiva masificación que existe en la Universidad española y las dificultades económicas e infraestructurales que se existen para poder insuflar en el conjunto de los estudiantes la pasión por lo que encierra todo el sector audiovisual. Es evidente que no todos los que estudian en España Comunicación Audiovisual quieren dedicarse a la profesión; el porcentaje es reducido para reunir a aquellos que realmente quieren, y lo conseguirán, dedicarse al guión, la dirección, la fotografía, el sonido, la edición y posproducción… Lo que no supone que todo tenga que reducirse al conocimiento y manejo de equipos profesionales. Considero que el profesional de la imagen tiene que saber literatura, música, arte, historia… y, además, estar al día de lo que pasa. Por ejemplo, un buen director de cine puede serlo también de teatro y pocos de los más jóvenes se plantean eso. La cultura no es hablar de ella, es tenerla. En los centros privados, con otro planteamiento formativo quizás más profesional, tienen otros recursos para dedicarse a grupos más reducidos y visceralmente más profesionales.
      Nadie se puede olvidar que son numerosos los profesionales que trabajan en el mundo del cine y la televisión, algunas firmas renombradas, que han estudiado en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. El impacto y la transferencia existe en el porcentaje adecuado, porque de los miles de estudiantes existentes en España en estas áreas creativas llegan los que tienen que llegar.

      ¿Cuál es el grado de injerencia que todavía sufre el sector en cuanto a personas ajenas a la vocación y que solo buscan la rentabilidad a corto plazo para su propio interés?
      La injerencia existe desde siempre. A priori todo aquel que crea contenidos audiovisuales se le supone que llega desde la formación específica, pero hay muchos que dicen que no es necesaria dicha formación y la práctica diaria permite adquirir los conocimientos suficientes como para abordar cualquier proyecto. El resultado, sin duda, se ve inmediatamente: guiones muy flojos con historias insustanciales, simplezas visuales o falta de rigor cuando se abordan temas históricos.
      Cuando se abordan proyectos se hace, en la mayoría de los casos, sabiendo que es “fácil” embarcarse en estos asuntos porque se cuenta con las “ayudas” públicas que facilitan la aventura. Es precisamente esta actitud la que lleva a la deriva al cine español, al que hay que exigirle más profesionalidad, aun contando con esas ayudas.
      Insisto, en España contamos con muy buenos profesionales en todos los ámbitos creativos, pero otros vienen a ensombrecer, lamentablemente, su trabajo.

      ¿Cuál es el cambio normativo fundamental que se debería atajar en la legislatura del actual gobierno (partiendo de que poco o nada tiene que ver con la bajada del IVA?)?
      Creo que el cambio normativo en materia de financiación ya se ha iniciado, sólo queda esperar para ver cuáles son los resultados.
      Es importante abordar la cuestión referida a los incentivos fiscales. Creo que no está bien articulado este tema a nivel nacional y debía asumirse, de una vez por todas, que el beneficio y el retorno de las producciones internacionales y coproducciones es rentable en líneas generales, genera riqueza, dinamiza la industria cinematográfica española y crea vínculos de gran proyección a medio y largo plazo. La ausencia de una normativa clara está llevando a un despropósito total que se aprecia en las decisiones que se toman en las diversas comunidades autónomas con el deseo de captar la presencia de la producción nacional e internacional en su territorio. En este sentido, se ha abierto un camino con un modelo equivocado: no es más inteligente el que ofrece un incentivo más alto, hay que ofrecer las mismas condiciones en todos los territorios españoles porque una cosa que se deja de lado es que los beneficios que se proponen desde una Comunidad Autónoma son discriminatorios frente a las demás, sobre todo cuando el fondo económico y la exención surge y afecta a los fondos generales que propiciamos todos los españoles con nuestros impuestos. Los políticos quieren ignorar esta realidad, pero no puede ser así. Es urgente diseñar una normativa general que contemple todo lo positivo sin discriminación.
      Y sobre lo que comenta del IVA, le diré que es el argumento que se esgrime desde hace muchos años como el causante de los males que padece el cine español, algo contradictorio en sí mismo porque si por un lado se dice que el cine español va bien, a tenor de los resultados de este último año por ejemplo, ¿por qué también se dice lo contrario? Ya he manifestado en muchas ocasiones, y en este mismo medio, que el IVA del cine debe estar entre el 5-8%, pero con una condición clara: si se aplica en este rango tiene que repercutir claramente en el precio de la entrada. No se puede estar reclamando la bajada del IVA y que la industria mantenga sus márgenes, porque a cualquier persona con sentido común se le antoja que es un despropósito. Y no vamos a insistir en lo que muchos pensamos: las ayudas del ICAA, de los gobiernos autonómicos y municipales, de las televisiones públicas, salen de las arcas comunes que generamos todos los españoles (por cierto, como pasa también en otros sectores industriales y empresariales), con lo que no tiene sentido que, además, paguemos otra vez por una entrada.

      Gracias.

  5. No es fácil resumir tan atinadamente un año cinematográfico como el que se aborda, tan especial en las producciones realizadas. Con la sencillez, hondura y luminosidad, que caracterizan los textos del mismo autor del artículo, el repaso no tiene desperdicio.. El balance anual es tratado poliédricamente en base a la relación causal que despierta nuestra realidad económica, audiovisual, social, comercial, tecnológica, cultural, etc. Sin dramatismos, pero con esperanza, el diagnóstico no puede ser más claro. La pelota está en el tejado. ¡Por favor!, a quien corresponda, que actúe y que deje proceder a los expertos para diseñar las vías de acción que posibilite el equilibrio industrial y creativo de nuestro audiovisual.

  6. Es duro enfrentarse a las cifras ahora que ya hemos celebrado los éxitos… Este artículo es un jarro de agua fría sobre la situación del cine español del pasado año, rutinas arrastradas de tiempo atrás. Pero el subtexto es alentador y, sobre todo, permite encontrarse con un autor que diagnostica y construye, desde su amor y respeto por el cine de nuestro país.

  7. Contra el vicio de la euforia sesgada y desmedida está la virtud de la prudencia y la autocrítica.
    Emilio vuelve a ser esa voz que razona si. Dejarse llevar por viscerales titulares ya manidos y fabricados que en realidad quieren desviar la atención de una realidad tan potente como insoportable para aquellos que hacemos películas en España y no tenemos un grupo mediático detrás que sostenga nuestras obras.
    Se habla cada año del éxito del cine español, un éxito que descansa en cuatro películas que hacen el 70% de la recaudación en taquilla canalizando la promoción en grandes campañas apoyadas por grupos televisivos que se ven obligados a realIzar películas evento. Y todo lo demás ni esta ni se le espera porque todo lo demás no existe en términos mediáticos. Pero existe en términos de datos. Vaya que si existe. Y aquí está la realidad

  8. Excelente artículo. Muchísima información, riguroso y entretenido. Se agradecen este tipo de artículos, y más viniendo de alguien del ámbito académico, en el que muchas veces nos encontramos con textos con un lenguaje farragoso, que sólo interesan a su autor y que sirven para poco más que para su autobombo y sus acreditaciones. Enhorabuena compañero por escribir tan claro y de manera tan seria.

  9. Un análisis brillante que deja constatar cómo se encuentra el sector cinematográfico de nuestro país. La radiografía no tiene pinta de que vaya a mejorar porque para eso tendrían que cambiar muchas políticas culturales donde precisamente ningún sector político tenga intereses, los que sí poseen intereses son determinadas cadenas de televisión que van a apostar por las películas que apoyan y al final el “juego de los Goya” recuerda bastante al modelo “40 principales en música”, es decir, sólo serán visibles los que estén bien apadrinados. Los jóvenes directores tendrán que buscar otras plataformas y crear nuevas vías de distribución para cambiar el sistema. La pregunta es, ¿a estas alturas la gente se cree los Goya o es un simple espectáculo de monólogos? Lo que sí creo es que a más gente de lo que los números indican les interesa el cine español y el modelo de su consumo es diferente y la taquilla no sólo debe pensar en los medios tradicionales sino en la forma de llegar a nuevos sectores que se informan a través de otros procesos de comunicación diferentes a los establecidos (redes sociales, blogs, youtubers…)

  10. Excelente artículo en el que se nos muestra de una manera certera una reflexión sobre el cine español que nadie en la industria del cine patrio quiere ver. Más películas realizadas cada año y más peliculas que no llegan a estrenar. Una serie de apuntes muy bien hilvanados, basados en cifras oficiales que deben llevar a la reflexión sobre un cine que quiera ser fuerte algun día.