Con motivo de la celebración de los Premios Goya, el año pasado por estas mismas fechas elaboramos una entrega temática de las mujeres “Jóvenes Aunque Sobradamente Preparadas” (JASP) del audiovisual español dedicada a las “artes y oficios” del sector en la que visibilizamos algunas de las profesiones más artesanales sin las que no podrían existir el cine ni las series. En aquella ocasión las protagonistas hablaron de montaje, vestuario, sonido y raccord; pero quedan tantas otras especialidades por cubrir que no hemos podido resistirnos a confeccionar una “segunda parte” para conocer a nuevas maestras del atrezo, el etalonaje o el modelado de puppets.
Volviendo a la carrera de los Goya, si hay un nombre que no deja de sonar en esta temporada de premios 2026 es el de Alauda Ruiz de Azúa: tras arrasar en los Premios Feroz con cinco estatuillas y obtener el máximo reconocimiento en los Premios Días de Cine, ‘Los domingos’ acumula el mayor número de nominaciones a los cabezones de la Academia de Cine, con un total de trece.
La otra gran promesa de todas las quinielas, ‘Sirat’, ha visto como una de sus dos nominaciones al Óscar reconoce el trabajo de su equipo de sonido, formado por Laia Casanovas, Amanda Villavieja y Yasmina Praderas. Un hito histórico, ya que es la primera vez en la vida de los galardones que un equipo íntegramente femenino está nominado en esta categoría. El trio podría así revalidar la hazaña que ya consiguió el mes pasado en Berlín, donde levantaron el Premio del Cine Europeo al mejor diseño de sonido.
Y hablando de la capital alemana, destacan dos selecciones de jóvenes realizadoras españolas que visitarán este año la Berlinale: Lucía G. Romero ha sido elegida para presentar en el Mercado de Coproducción su ‘Cura sana’, el largo producido por Filmax que bebe a su vez del corto homónimo reconocido con el Oso de Cristal en el Festival de Berlín 2024; y Lur Olaizola Lizarralde es una de los 200 cineastas de todo el mundo que participarán en Berlinale Talents Lab, donde presentará el proyecto ‘Dos cartas’ (Two letters), coescrito por ella y Maider Fernández.
Regresamos a la Academia de Cine para cerrar mencionando a dos de los proyectos seleccionados en la sexta edición de sus Ayudas a la investigación Luis García Berlanga: ‘El siglo del Cineclub Español (1928-2028) Una experiencia radical de cine y comunidad’, de Alicia Grueso Hierro; y ‘Entrelíneas: mujeres guionistas durante el franquismo (1939-1975)’, en el que Lucía Rodríguez García de Herreros y Elena Oroz quieren recuperar nombres, biografías y guiones de mujeres que trabajaron en un contexto sumamente masculinizado durante las décadas de la dictadura.
Cristina Gómez Villar

Prop Master
Cuéntanos brevemente en qué consiste tu trabajo
«En pocas palabras: diseño, gestiono, preparo y defiendo el atrezo de personaje. Si bien la palabra en inglés suena muy rimbombante (property master), en castellano sería “jefa de atrezo”. Desde el desglose de guión a la puesta a punto antes de que griten “acción”, pasando por todas las conversaciones con el/la directora y resto de departamentos con los que, a veces, la línea que nos separa es difusa.»
¿Qué es lo que más y lo que menos te gusta de tu trabajo?
«Lo que más, el punto creativo: la capacidad de crear y resolver todos los retos que surgen al llevar una idea del papel a la realidad. Me encanta pensar cómo tiene que ser el atrezo para que funcione en el set, no sólo a nivel visual sino funcional, la logística dentro del set, la facilidad para la manipulación, la rapidez del reseteo, el número de repeticiones…
En cuanto a lo que menos, creo que como a muchas, las largas jornadas y la incompatibilidad de esta profesión con la vida humana. Me gustar ser optimista y pensar que nos vamos acercando a reducciones de jornada y equipos más flexibles, donde la compresión y la empatía están presentes.»
Bajo tu punto de vista, ¿cómo se encuentra la industria audiovisual española en este momento?
«Desde mi experiencia, como técnico audiovisual en proyectos internacionales, diría que desde el auge de las plataformas hay mucha oferta laboral. Se solapan proyectos de gran envergadura, lo que supone una oportunidad perfecta para aquellos que están empezando. También creo que va notándose el cambio de guardia: la vieja escuela va estando menos presente, se establecen otras dinámicas de equipo y creo que eso es algo positivo. Cada vez se apuesta más por la construcción de platós y zonas dedicadas exclusivamente para las producciones, lo que hace que rodar en naves no insonorizadas y nada preparadas para acoger un rodaje, vaya quedando atrás.»
Si pudieras cambiar una sola cosa de nuestro sector, ¿qué sería?
«La jornada laboral. Sueño con el momento en el que trabajemos 8 horas diarias.»
¿Tienes algún proyecto laboral que te apasione particularmente y quieras hacer realidad este año?
«Tener la oportunidad de trabajar con el atrezo de un mundo de fantasía. Me encantaría formar parte de proyectos donde la creación es parte fundamental de la película. Con cada proyecto las necesidades cambian, pero aquellos que requieren de mentes creativas y de las manos de artistas plásticos son mis favoritos. Espero poder participar en alguno este año.”
Raquel de la Haza Argüelles

Colorista senior – Free Your Mind
Cuéntanos brevemente en qué consiste tu trabajo
“Mi trabajo se desarrolla en la fase de postproducción y se conoce formalmente como etalonaje: una vez que la pieza está montada, los coloristas nos encargamos de definir su aspecto visual en función de las necesidades de la historia, siguiendo y potenciando la intención marcada por el o la directora de fotografía. Su trabajo es nuestro punto de partida y desde ahí, construimos el universo visual final: ajustamos la luz, los colores y el contraste para definir la atmósfera, mantener la coherencia entre planos y reforzar la emoción y narrativa de cada escena. Es como diseñar un filtro de Instagram, sólo que aplicado plano a plano y con intención narrativa.”
¿Qué es lo que más y lo que menos te gusta de tu trabajo?
“Curiosamente, lo que menos y lo que más me gusta de mi trabajo es lo mismo: la cantidad infinita de posibilidades que existen a la hora de etalonar una pieza. Es maravilloso poder jugar con el color y la luz, pero al mismo tiempo da vértigo preguntarse si esa opción es la que mejor le sienta a la imagen y a la historia. Creo que por eso es tan enriquecedor trabajar junto al director/a de fotografía: recorrer ese camino juntos, probar, equivocarse y volver a probar, hasta que de pronto todo encaja y sientes claramente “esto es lo que necesita esta historia”.”
Bajo tu punto de vista, ¿cómo se encuentra la industria audiovisual española en este momento?
“Creo que nunca ha habido tanta oferta como ahora, en parte gracias a las plataformas, hasta el punto de que a veces resulta abrumadora. Como espectadora me encanta ver tantas opciones, pero también siento que tenemos menos tiempo y atención para dedicarles. Me pregunto si esta saturación nos ha vuelto más exigentes y selectivos a la hora de elegir qué ver, o si por el contrario, consumimos de forma casi automática, arrastrados por la inercia y el exceso de estímulos.
Aun así, soy optimista: aunque la fórmula continúa siendo dominante, cada vez hay más espacio para proyectos arriesgados que se salen de ese esquema y que antes apenas habrían tenido visibilidad. Ahora la encuentran, e incluso la gran mayoría conectan con el público y funcionan muy bien en taquilla. Es un momento para atreverse.”
Si pudieras cambiar una sola cosa de nuestro sector, ¿qué sería?
“Me gustaría que nuestra profesión tuviera la visibilidad y el reconocimiento que merece dentro de la industria. Junto a varios compañeros y compañeras de gremio, estamos impulsando una iniciativa para que la categoría de “Colorista” sea reconocida oficialmente por la Academia de Cine Español. Dar nombre y espacio a este trabajo es valorar una parte esencial del proceso creativo y reconocer la diversidad de talentos que hacen posible nuestro audiovisual.”
¿Tienes algún proyecto laboral que te apasione particularmente y quieras hacer realidad este año?
“En 2025 he tenido la oportunidad de trabajar en varios proyectos muy interesantes, que además de aportarme nuevas experiencias y conocimientos, me han permitido colaborar con nuevos profesionales con mucho talento y recorrido por delante.
Curiosamente, los proyectos que más ganas tengo de que se estrenen son dos óperas primas dirigidas por dos directoras: ‘Morir no siempre sale bien’, de Claudia Pinto (fotografía de Aitor Echevarría); y ‘Tal vez’, de Arima León (fotografía de Carolina Maltese). En ambos proyectos hubo muy buena energía desde el inicio, y la honestidad con la que todos ellos se enfrentaron a sus películas marcó especialmente el buen resultado final.”
Alicia Cánovas Verdú

Model Maker
Cuéntanos brevemente en qué consiste tu trabajo
“Mi trabajo consiste en la fabricación de muñecos para producciones de stop motion. Normalmente trabajo en un taller junto a un equipo. Suelen existir varios departamentos, cada uno especializado en una parte concreta del personaje: desde el esqueleto y el cuerpo hasta la ropa, la cabeza, las manos o el pelo, entre otros. El proceso de construcción puede variar considerablemente y depende tanto del tipo de personaje como, sobre todo, del tipo de producción: no es lo mismo crear un personaje que sólo va a animarse durante un minuto, que fabricar al protagonista de un largometraje.
También influyen, por supuesto, el tipo de animación y los movimientos que el personaje deba realizar, así como el estilo y el gusto del director. Directores como Wes Anderson, por ejemplo, buscan la esencia de lo artesanal y les gusta que se aprecie que tanto los puppets como los escenarios están hechos a mano. En otras producciones, sin embargo, la fabricación y la animación exigen tal nivel de realismo que, en ocasiones, no parece que los personajes hayan sido fabricados a mano.”
¿Qué es lo que más y lo que menos te gusta de tu trabajo?
“Me encanta poder trabajar de forma artesanal y me siento muy afortunada de crear puppets con mis propias manos, utilizando técnicas tradicionales. Dentro del mundo de la animación, el stop motion es la única técnica que, incluso hoy en día, sigue realizándose a la vieja usanza. Es cierto que se han incorporado avances, especialmente en lo relacionado con las cámaras y el equipo de rodaje, pero el proceso esencial sigue siendo el mismo: mover el personaje, tomar una fotografía y volver a moverlo una y otra vez hasta crear la animación deseada. Creo que hay algo profundamente mágico en este proceso y me encanta formarparte de esta técnica de animación tan peculiar.
Hay pocas cosas de mi trabajo que no me gusten. Quizás destacaría que, en ocasiones, es necesario utilizar ciertos materiales que pueden resultar perjudiciales para la salud. Por supuesto tomamos las medidas de protección necesarias, pero sería ideal trabajar en una producción en la que todo fuese natural, sin químicos ni productos nocivos y en la que además se pudieran reciclar todos los materiales utilizados. Una producción eco-friendly sería, sin duda, lo ideal.”
Bajo tu punto de vista, ¿cómo se encuentra la industria audiovisual española en este momento?
“Bien y mal. Por un lado, tras el parón provocado por la huelga que tanto afectó a la industria, ha habido un incremento en el número de producciones. Algunas plataformas están apostando por el contenido español y ciertas producciones están funcionando muy bien a nivel internacional. Sin embargo, sigo teniendo la sensación de que la estabilidad laboral continúa siendo difícil de alcanzar.
En lo que respecta al stop motion en concreto, España es un gran referente en cuanto a calidad y trabajo bien hecho, estando muy bien valorada a nivel internacional. No obstante, se producen muy pocos largometrajes y series de televisión. A veces puede pasar hasta una década entre una gran producción y la siguiente. Se realizan bastantes cortometrajes, lo cual es muy positivo, pero no ofrecen un retorno económico suficiente como para asentar la industria y garantizar estabilidad a sus profesionales, algo que sí ocurre en otros países como Reino Unido.”
Si pudieras cambiar una sola cosa de nuestro sector, ¿qué sería?
“La precariedad es uno de los principales problemas. En España es muy difícil dedicarse exclusivamente al stop motion. El trabajo suele darse por picos de producción seguidos de grandes períodos de parón en los que apenas hay oportunidades laborales. Esto hace que en muchos casos sea imprescindible salir del país para encontrar una continuidad profesional.
En mi caso, tuve la suerte de poder dedicarme únicamente al stop motion cuando comencé a trabajar en España. Durante tres años consecutivos enlacé varias producciones sin apenas interrupciones. Pero tras ese período y debido a la falta de oportunidades, me vi obligada a marcharme a Inglaterra para encontrar mayor estabilidad laboral. Sería ideal que en España existieran esquemas similares a los de otros países, como el paro del artista en Francia o Bélgica. De este modo, los profesionales podrían seguir creando incluso durante los parones entre producciones.”
¿Tienes algún proyecto laboral que te apasione particularmente y quieras hacer realidad este año?
“En ocasiones colaboro con mi pareja, José Prats, con quien cocreé y coescribí nuestro corto nominado al Goya ‘Umbrellas’. También he trabajado en su cortometraje de stop motion ‘Adiós’, nominado a los BAFTA y ganador de un Annie. Más recientemente he seguido colaborando con él en uno de sus próximos proyectos, y sería fantástico que pudiera salir adelante.
Actualmente estoy de vuelta en España y he tenido la suerte de formar parte de dos proyectos muy interesantes: uno ha sido el spot animado de Suchard para la campaña de Navidad 2026; el otro es un cortometraje del que aún no puedo hablar, que se estrenará próximamente.”



