Coincidiendo con la celebración del 130º aniversario de los inicios del cine en Madrid, se ha presentado el tráiler de ‘Madrid Collage’, documental de Javier Morales coproducido por el Ayuntamiento de Madrid, a través de Madrid Film Office, junto con ADUNA y FlixOlé. La participación de la film office se enmarca en la promoción del turismo de pantalla.
Madrid Collage se presenta como un viaje cinematográfico por el siglo XX madrileño, construido exclusivamente a partir de fragmentos de películas. Recorre la historia de la ciudad, sus transformaciones y la imagen cinematográfica de la capital, a través de películas españolas icónicas: el Madrid de la posguerra en los años 40; la inmigración y precariedad de los 50, palpables en películas como ‘Surcos’ o ‘El pisito’; el desarrollismo de los 60, con obras como ‘La ciudad no es para mí’ o ‘Los chicos del Preu’; los cambios políticos y sociales de los 70, tal y como aparecen representados en obras tan dispares como ‘El diputado’ o ‘Los nuevos españoles’, etc. El estreno del largometraje ‘Madrid Collage’ tendrá lugar próximamente.

La llegada del cine a Madrid
El 14 de mayo de 1896, tenía lugar la primera exhibición pública en España del cinematógrafo de los hermanos Lumière en el antiguo Hotel Rusia. El invento llegaba a Madrid tan solo cinco meses después de su presentación oficial en París y lo hacía con un programa similar, compuesto por diez vistas documentales de unos 50 segundos de duración.
La prensa local había asistido a un pase especial la tarde anterior y la crónica del diario La Iberia de la misma jornada del 14 de mayo vaticinaba el éxito del nuevo ingenio, señalando que «seguramente, acudirá todo Madrid a contemplar lo que puede considerarse una verdadera maravilla». Y no se equivocaba: durante los siguientes meses, por el elevado precio de 1 peseta, los vecinos de la capital pudieron ver en pases con una duración de 15 minutos cómo la fotografía cobraba vida ante sus ojos por arte de magia, «viéndose reproducidos los movimientos de las personas, el paso de los carruajes, la llegada de un tren y la ondulación de las aguas del mar, pero de una manera tan notable y con una perfección tal que no cabe más allá.»
No sería el primer contacto que tienen los madrileños con el cine: el año anterior descubrieron el kinetoscopio inventado en Estados Unidos por Edison, que solo permitía los visionados de forma individual, y tan solo tres días antes a la exhibición del cinematógrafo algunos asistieron a la primera proyección sobre pantalla con el animatógrafo del inglés Robert W. Paul, en el Circo Parish. Pero el invento de los Lumière se impondría en los corazones de los espectadores y los bolsillos de los primeros empresarios cinematográficos por la precisión de sus imágenes, el eco mediático que lo precedía, la rápida expansión internacional de sus operarios y el amplio catálogo de películas que impresionaron en sus múltiples destinos.
Primeras películas rodadas en España
El cinematógrafo llegaría a Madrid de la mano de Alexandre Promio, operario enviado por los hermanos Lumière para exhibir el nuevo invento por estas tierras e invitar a los madrileños a viajar a otras a través de la pantalla. Un mes después de la primera exhibición, Promio aprovecharía su doble función de cámara y proyector para registrar una serie de vistas documentales en Madrid, consideradas como las primeras películas de la historia del cine rodadas en nuestro país.
Probablemente, el gusto por lo folclórico le llevaría a grabar ‘La llegada de los toreros’, en la que se puede reconocer al matador Luis Mazzantini y dos miembros de su cuadrilla. Filmada en las proximidades de la antigua plaza de toros de la Carretera de Aragón (o de la Fuente del Berro), Promio dejaría de lado el edificio para centrar su atención en el movimiento de personas y carruajes, tema propicio para sacar el máximo partido a su aparato de «fotografías animadas.»
Le seguirían dos testimonios urbanos de gran valor documental. En ‘Puerta del Sol’, ofrece una preciosa vista ligeramente elevada sobre la icónica plaza, capturando sus fachadas colmadas de toldos de los comercios y el bullicio de peatones, carruajes y tranvías tirados por caballos. En ‘Puerta de Toledo’, inmortaliza el cotidiano subir y bajar de los vecinos por la calle del mismo nombre a través de su imponente puerta monumental, cuyo arco central permite entrever al fondo los límites de la ciudad. Junto a ella, se alzan una serie de edificios ya desaparecidos para dejar espacio a la actual glorieta.
Promio pasaría del trajín de las calles a la coreografía de los desfiles del ejército con una serie de películas rodadas en localizaciones estratégicas, una vez conseguido el permiso de la reina regente María Cristina, prendada del invento tras asistir a un pase privado. En la plaza de la Armería del Palacio Real, filma ‘La salida de los alabarderos del Palacio Real’ y ‘Guardia descendiendo del Palacio Real’. Desde el cuartel militar de Vicálvaro, hoy ocupado por el campus de la Universidad Rey Juan Carlos, las escenas de ‘Maniobras de artillería’ o ‘Carga de los lanceros de la reina’. Y en el antiguo cuartel de la Montaña de Príncipe Pío, sobre cuyos terrenos se erige en la actualidad el Templo de Debod, registró el elegante ‘Desfile de un regimiento de ingenieros’. En total, 12 piezas que dan buena cuenta del nacimiento del cine en la villa de Madrid.
Vistas de la ciudad
A partir de este momento, el cine pasó a formar parte de los programas de teatros, salones de variedades y jardines de recreo que ofrecían descanso y ocio a los habitantes de la capital. El espíritu festivo de las proyecciones contagiaría también la temática de las películas, siendo común las piezas en las que se observa un Madrid en celebración, como recoge ‘Bodas reales’ (1906), con motivo de la boda de Alfonso XIII en el entorno de la Iglesia de Los Jerónimos, o ‘Carnaval en la Castellana’ (hacia 1902-1906), que muestra la animación del famoso paseo transitado por carruajes y carrozas.
Las calles y gentes de Madrid se convertirán así en protagonistas habituales, ofreciendo un testimonio audiovisual que permite viajar a ese Madrid de comienzos de siglo para, como en el juego de las 10 diferencias, asombrarse ante las semejanzas y descubrir los cambios vividos por la ciudad en 125 años de historia del cine. En ‘Madrid hacia 1910’, uno de los primeros fondos digitalizados por Filmoteca Española, se invitaba a realizar un paseo por lugares señeros de la ciudad, entre calles, plazas y puentes donde encontramos niños y adultos devolviéndole la mirada a esa cámara que les observa con curiosidad.
Sorprende ver a los madrileños cruzando alegremente la plaza de Cibeles entre algún ocasional tranvía, con el Edificio Metrópolis alzándose al fondo. Una elaborada panorámica nos acerca a las hileras de ropa tendida por las lavanderas en la ribera del Manzanares, en cuya cornisa asoma el Palacio Real y las primeras piedras de una catedral aun por construir. Como remate final, varias perspectivas nos invitan a cruzar una Puerta del Sol abarrotada, kilómetro 0 de la vida de Madrid.
El camino hacia el cine sonoro
En estos inicios del cine en Madrid, el cinematógrafo iría ganándose poco a poco sus espacios. En 1899, se instala en la calle de Fuencarral el primer barracón cinematográfico, el Palacio de Proyecciones, y en 1905 lo hará el Coliseo Imperial, en la calle de la Concepción Jerónima, primer local de mampostería. Pero durante su primera década de vida en Madrid, en general convivirá en espacios con otros espectáculos; no debe extrañar por tanto que el teatro y la zarzuela sean unas de las principales fuentes de las que se nutran los tempranos largometrajes. Éxitos como ‘La verbena de la Paloma’ (1921) de José Buchs, y ‘La revoltosa’ (1924), de Florián Rey, ambas con escenas rodadas en exteriores, permitirían a los espectadores disfrutar en pantalla grande de los ambientes más castizo de las verbenas de la capital. Fiestas que unos años después, con buenas dosis de humor, Ernesto Giménez Caballero invitará a recorrer en su documental ‘Esencia de verbena’ (1930).
Para entonces, el sonido ya había llegado al cine español. Lo hacía precisamente con ‘El misterio de la Puerta del Sol’ (1929), melodrama de intrigas donde el director Francisco Elías aprovecha un vuelo en avión de los personajes para observar la ciudad desde el aire. Las Ventas, el Hospital de Maudes o la cornisa del Manzanares son algunos de los lugares por los que pasea la vista del espectador. Al fondo, los edificios de una Gran Vía recientemente construida se alzan imponentes hacia las alturas, de Madrid al cielo y del cielo al cine. Pero será la ajetreada Puerta del Sol la que una vez más capte la atención de los inquietos protagonistas y en la que se desarrolle el misterio que da título de la película. Esa misma Puerta del Sol que Alexandre Promio inmortalizó tres décadas atrás y en cuyas cercanías, a solo unos pasos, el misterio del cine llegó a Madrid.



