Son muchos los que definen la animación como un arte lleno de amor. No hace falta dejarse llevar por el romanticismo para verlo. Daniel Vélez (Colombia, 42 años) se enamoró de la animación cuando vio ‘Aladdin’ en 1992, un amor que le llevó a fundar el estudio colombiano Bombillo Amarillo hace unos 16 años. David Andrés Mesa (Colombia, 32 años), socio de Bombillo Amarillo junto con Juan Manuel Ochoa, aprovechó el aire romántico que destila la localidad francesa de Annecy para pedirle la mano a su ahora esposa, Juanita, durante la última edición del Festival Internacional de Animación más importante del mundo.
Un año más tarde, Daniel y David regresan a Annecy con los frutos de su historia de amor: la presentación de BA Estudios, la nueva sede con la que arrancan en Bilbao. Un nuevo estudio y un largometraje seleccionado como parte de la sección oficial del Festival, ‘La violinista’, que han ayudado a producir. Con tanto en el plato, solo falta el champán.
“Como empresa, Bombillo Amarillo se constituyó en 2011 y desde entonces hemos trabajado en más de 20 producciones como ‘Chapulín colorado’ para HBO, ‘James’, el proyecto para Netflix Orginals sobre el capitán de la selección colombiana o, ahora, ‘La violinista’, por mencionar los más recientes. Todo (son) piedritas que apuntaban en la misma dirección”, describe Vélez de una filmografía que durante más de una década apuntaló un estudio que se supo ganar el reconocimiento internacional gracias a su modelo empresarial y de negocios dedicado a ofrecer servicios para diferentes países como Canadá, Estados Unidos, Grecia, España, México o Polonia. Esta labor colocó a Bombillo Amarillo como la mejor exportadora de servicios de Colombia (capaz de superar los 5.600 millones de pesos colombianos -1,41 millones de euros- en ingresos según cita la revista Forbes). La cifra les hizo ganadores del Premio Nacional de Exportaciones 2025 en la categoría de Empresa Exportadora de Servicios, un galardón que entrega la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex) y ProColombia.
Pero como dicen en ‘Spider-Man’, con grandes poderes llegan más responsabilidades. O al menos el deseo de ser relevantes también en un modelo artístico. Con Bombillo Amarillo, Vélez y el resto de sus socios habían conseguido algo impensable una década antes. “Hace diez años nadie habría presentado Colombia como un país que exporta animación. Si hasta nos preguntaban si teníamos internet”, bromea Vélez, al frente en la actualidad de un estudio que da trabajo a cerca de un centenar de personas. “Fue en ese punto cuando Europa se nos volvió más relevante como hub artístico. En Colombia, en toda Latinoamérica tenemos artistas talentosísimos, pero en Europa nos llevan años de grandes narradores, de grandes artistas, hay un mayor volumen. Eso nos dice ‘vámonos para Europa’ porque el nivel artístico de nuestro estudio va a crecer, nos va a abrir nuevas puertas para los servicios que ya ofrecemos y además nos mostrará una nueva ventana a esa animación de calidad que siempre hemos perseguido. Y eso nos instala en España, uno de los países más relevantes por no decir el más relevante de la industria audiovisual europea actual”, se sincera.
No se les escapa el hecho de los lazos que ya existen entre la industria audiovisual española y latinoamericana, la existencia de un idioma común y que, además, España significa una puerta a la industria europea. Pero, ¿por qué Bilbao? La respuesta es sencilla, aunque David Andrés Mesa prefiere ofrecer la versión larga que arranca con un gran titular: “La culpa la tienen los canarios”. La frase tiene su explicación en positivo. “Desde hace varios años venimos teniendo esta inquietud de la que habla Daniel y veíamos los incentivos canarios y nos abrían aun más las ganas”, añade. Viajó por Tenerife, por Las Palmas de Gran Canaria, y luego vieron otras opciones como Navarra, Valencia, incluso en Tudela, donde le recibieron con los brazos abiertos, pero en Bilbao encontraron lo que querían. Podríamos volver a hablar de amor “paisa”, término coloquial con el que se conoce a los de Medellín, una ciudad que, como Bilbao, está en “el botxo”, un agujero entre montañas muy verdes en las que llueve muy a menudo. Los de Medellín hasta comparten ese sentimiento de rivalidad contra el centralismo. Pero esto sería leer mucho de una urbe en la que, aunque a Mesa le gusta y será su nueva residencia, apenas ha pasado en ella tres días. Lo de Bilbao es, sobre todo, una decisión comercial. “Bilbao fue el más agresivo. Con mucho. Ofrece un 70 por ciento de incentivo fiscal en el sector audiovisual si la producción es en euskera y el 60 por ciento si es en otras lenguas. Además, tiene el ecosistema más desarrollado que el resto. Por ejemplo, está DigiPen (Institute of Technology Europe Bilbao), que es una universidad muy interesante y una film commission robusta”, resume. Escuchó algunas críticas, para eso sirven los mercados y foros internacionales, pero recibió muestras de tranquilidad institucional, algo que fue importante para tomar la decisión. “Hay bolsas de incentivos que no están respaldadas o que no son tan grandes. En Bilbao vi que había voluntad y unos incentivos más grandes que incluso Canarias. Otro factor fue el mínimo de inversión de las producciones. En Bilbao no existe. En Canarias, sí. La producción tiene que ser de dos millones de euros mínimo. Hay muchas producciones que de entrada no cabrían ahí pero que podemos ir escalando hasta llegar a esa cifra. Empezar en Canarias significaba ya tener clientes”, recuerda Mesa que sigue en esta nueva aventura de Bombillo Amarillo la política del estudio. Piedrita a piedrita.
En España se llamarán BA Estudios. No es un cambio de línea, es una necesidad porque el nombre de Bombillo Amarillo ya tenía dueño. Eso no los detendrá para seguir vistiendo de amarillo canario como les gusta, sus camisas, sus calcetines… por el color los conocerás si te acercas a cualquier mercado. Y por sus ganas de hacer. De hecho, volviendo a la historia de amor, Mesa es consciente que este salto a España tiene también mucho de aventura personal y ese último Annecy donde selló una boda que ahora es un hecho. “Tiene mucho que ver con el momento de mi vida. No tengo hijos, me acabo de casar y mi esposa está dispuesta a recorrer el mundo conmigo. Si los dos socios estuviéramos súper arraigados quizás sería más difícil -la caricatura de Daniel junto a su esposa que luce en su despacho en Medellín es muestra de un matrimonio en el que ya tienen varios hijos-. Yo me quiero dar esta experiencia y sé que nunca sería como mandar a alguien para que nos busque un trabajo. En España están pasando cosas muy importantes. Hay una apertura real. Es un momento muy coyuntural y nos han ofrecido cosas muy interesantes que queremos vivir de primera mano”, resume quien, acabado el festival, estará buscando su nuevo lugar de residencia.
En Annecy, además, vivirán el estreno mundial de su último trabajo, ‘La violinista’, largometraje que dirigen Erwin Han y Raúl García y que es una coproducción entre España, Singapur e Italia en la que también colaboraron. Este fue otro sueño hecho realidad. El amor de Vélez por ‘Aladdin’ nunca le abandonó y conocer a Raúl García, el único animador español que trabajó en el Genio, fue uno de sus mejores recuerdos del Bogotá Audiovisual Market (BAM). “Tuve la fortuna de que me invitaran a una cena con los más importantes de ese evento y ahí Raúl nos contó las producciones que estaba preparando y entre ellas estaba ‘La violinista’. En ese momento había un gap de presupuesto. Andrés y yo sabíamos que para dar nuestro brinco teníamos que hacer una inversión y estábamos buscando qué producción. Y Raúl es alguien a quien admiro. Hablamos entre todos y finalmente ‘La violinista’ se convirtió en una apuesta estratégica para catapultarnos a otro nivel y demostrarle al mundo que estamos para otras cosas”, remata con orgullo.

Lo que venga de Bombillo Amarillo o de BA Estudios está por ver, pero las piedritas están puestas. Como recuerda Vélez, “la sede matriz en Medellín ofrece cierta estabilidad que permite esta exploración y montar un sistema productivo dentro de España”. No viene nada mal que el clúster audiovisual de la ciudad de Medellín está en proceso de tejer lazos con todo el ecosistema que hay en Bilbao, conversaciones “muy adelantadas entre las dos municipalidades”, apunta. “Si no tienes nada que te sostenga, es un riesgo. Aquí tenemos una construcción y lo que queremos es escalarlo en España. España gana generando nuevas empresas y nuevos empleos y negocios y Colombia gana con una empresa mucho más robusta no solo colombiana sino iberoamericana. La idea es juntar lo mejor de los dos mundos”.
¿Y esos proyectos, cuáles son? Mesa desgrana un par de ellos que llevan desarrollando desde hace varios años. Uno comenzó como serie, ahora convertido en filme, y también hay una segunda película de la que ya tienen un teaser. “Y tenemos conversaciones con posibles coproductores en Annecy. Contenido colombiano, pero con ganas de que trascienda a otros mercados como en España y en Estados Unidos. Que sea algo rentable”, comparte. Vélez vuelve a su plan de crecimiento mixto, algo que espera potenciar desde su nuevo estudio en Bilbao. “Hasta ahora Bombillo Amarillo ha crecido por los servicios hasta permitirnos la estabilidad, pero si queremos crecer exponencialmente la propiedad intelectual es la clave. Lograr un personaje con perfil mediático que genere una licencia y que se pueda importar a otras tecnologías. Parte de la estrategia de ir a España va por allá. Momento de crecer en latitudes que han generado ya clásicos como ‘Pocoyó’ o ‘Robot Dreams’, que han logrado cosas increíbles. ¡Qué bueno será aprender a ser uno de ellos dentro de este motor que tiene España!”, concluye.



