Las filmotecas española, francesa e italiana, y el Filmmuseum München impulsan la reconstrucción de ‘Don Quijote’, la inacabada adaptación de Cervantes que Orson Welles emprendió en 1957 y dejó inacabada cuando murió en 1985.
Oja Kodar, colaboradora artística de Welles durante los últimos años de su vida, ha dado su consentimiento a este proyecto, que utilizará los materiales originales que se conservan actualmente en la Filmoteca Española, la Cinémathèque Française, Cinecittà y el Filmmuseum München. El guion original de Welles servirá de punto de partida para la reconstrucción, que será dirigida por el historiador Esteve Riambau, autor de cuatro libros sobre Welles y antiguo director de la Filmoteca de Catalunya.

Welles inició el rodaje en México durante el verano de 1957 con Francisco Reiguera, exiliado español, como Don Quijote y Akim Tamiroff en el papel de Sancho Panza. La actriz infantil Patty McCormack interpretaba a una joven Dulcinea que contaba al propio Welles algunas anécdotas de estos personajes. Un año más tarde, Welles se instaló en Roma, prosiguió el rodaje con los mismos actores y se hizo traer las bobinas rodadas en México para iniciar el montaje.
En 1961, consiguió que la RAI financiase una serie televisiva sobre España, ‘Viaggio nel paese di Don Chisciotte’, que aprovechó para rodar nuevas escenas de ‘Don Quijote’. Tras el rodaje de ‘El proceso’ (1961) y durante el de ‘Campanadas a medianoche’ (1964), Welles siguió el proceso de montaje y añadió nuevas escenas. En 1966, descartó las escenas con Patty McCormack y dio un giro al guion con nuevas escenas que no llegó a rodar pero, en 1969, de nuevo en Roma seguía trabajando en el proyecto y sonorizó algunos diálogos con su propia voz. La muerte de Reiguera y la de Tamiroff, en 1972, no impidieron que siguiera rodando escenas, ahora en color, para un proyecto que afirmaba que estaba casi acabado. En 1982, sin embargo, todavía aportaba nuevos matices de un proyecto que aproximaba su Don Quijote más cerca del ensayo que de la narración.
En 1992, Jesús Franco estrenó en la Exposición Universal de Sevilla un filme llamado ‘Don Qujote de Orson Welles’, que conjugaba una parte de los materiales originales adquiridos por Filmoteca Española con escenas del documental ‘Viaggio nel paese di Don Chisciotte’ e incluso otras de nuevo cuño. A las voces originales de Welles añadió dobladores que recitan fragmentos de la novela sin respetar las sincronías labiales.
No pudo contar, en cambio, con las escenas custodiadas por el montador Mauro Bonanni en Cinecittà. Se trata de unos 50.000 metros de negativo que Oja Kodar recuperó en 2017 y Cineteca Nazionale digitalizará próximamente. La Cinémathèque Française conserva unos ochenta minutos de positivos en 35 mm que se exhibieron en el Festival de Cannes de 1986 y se presentaron en el marco de la retrospectiva que, a finales de 2025, acompañó la exposición My name is Orson Welles.
Filmoteca Española conserva los 50.000 metros de película de 16mm y 35mm que adquirió en 1991, junto con los derechos de todos los materiales existentes, para fines culturales y de investigación. El Filmmuseum conserva en su colección dedicada a Orson Welles copias de trabajo, negativos, fragmentos, cintas, vídeos y documentos en papel de las últimas películas de Orson Welles, entre los que se incluyen también materiales relacionados con el proyecto de «Don Quijote».

La totalidad de estos materiales se reunirán próximamente en Madrid y Esteve Riambau procederá a su estudio y comparación con las más de mil páginas de secuencias del guion localizadas para proceder a la reconstrucción de una película que Welles no sólo dejó inacabada sino que fue modificando con el tiempo con la perspectiva de por lo menos, tres versiones distintas.
El material resultante, absolutamente respetuoso con la voluntad del autor, será exhibido en festivales y cinematecas sin ningún ánimo de lucro. De todas las obras inacabadas de Welles, Don Quijote era aquella de la que se sentía más cercano. La llamaba “il mio bambino” y, sin otro productor que no fuese él mismo, la hizo evolucionar en el tiempo hasta que su muerte, en 1985, le impidió darla por definitivamente acabada. En sus imágenes, sin embargo, palpita toda la belleza estética de su cine y la relación de dos personajes míticos con los que el cineasta se sentía indistintamente identificado con el quimérico hidalgo que luchaba contra los molinos o el escudero bonachón y bon vivant, una réplica hispánica de Falstaff.



