El Festival de San Sebastián pone en marcha el Premio Tanta para proyectos que visibilicen la emergencia climática

El Festival de San Sebastián ha anunciado la creación del Premio Tanta, galardón dotado con 5.000 euros que busca impulsar proyectos que visibilicen la emergencia climática desde diferentes prismas. En esta edición, el reconocimiento se otorgará a uno de los trabajos seleccionados de Ikusmira Berriak y del Foro de Coproducción Europa-América Latina.

La apuesta por la sostenibilidad atraviesa diferentes dimensiones del Festival: desde la producción y la logística hasta el contenido y las narrativas. Una de estas líneas de colaboración es la alianza con la European Climate Foundation, que ha permitido incorporar la dimensión cultural del cambio climático como algo que también se juega en las historias.

Festival de San Sebastián

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En este contexto nace el Premio Tanta, iniciativa que busca apoyar proyectos audiovisuales que integren «una visión alternativa, constructiva y transformadora de la emergencia climática». A todo esto se suma, a su vez, la relación con Greenpeace, con quien el festival lleva más de diez años colaborando en la entrega del Premio Lurra, o con Climate Spring, una organización dedicada a impulsar narrativas que transformen cómo la crisis climática se representa en el cine.

Fondo de Carbono Voluntario

El Festival de San Sebastián participa desde sus inicios en el Fondo de Carbono Voluntario impulsado por la Diputación Foral de Guipúzcoa a través de Naturklima, una herramienta de colaboración público-privada que permite compensar emisiones y convertir esa compensación en proyectos concretos de restauración ecológica y mejora de la biodiversidad.

Uno de los ejemplos más representativos es la intervención en el entorno de Miserikordia Zaharra, en el monte Uzturre (Tolosa), donde la restauración de ecosistemas forestales se combina con la creación de un refugio climático accesible. La actuación ha permitido eliminar especies invasoras y plantar alrededor de 1.075 árboles autóctonos, con especial presencia del roble atlántico, además de acondicionar el entorno con zonas de descanso, agua y corredores de sombra.

Desarrollado en 2025 sobre 25 hectáreas, el proyecto contribuye a la captura de CO₂, la mejora del confort térmico, la protección del suelo y la conectividad ecológica en el corredor Hernio-Leitzaran, combatiendo así el cambio climático.

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