‘Coraline’, ‘ParanNorman’, ‘Missing Link’, ‘Boxtrolls’, ‘Kubo and the Two Strings’. Esta es la filmografía de un estudio que, si nos ponemos muy puristas, nació del capricho de un joven millonario. Pero dada la visión detrás de LAIKA es mucho más interesante hablar del sueño que, fotograma a fotograma, se convirtió en un referente cinematográfico fuera de Hollywood y revivió una técnica de animación que antes de su llegada parecía muerta. Hablamos de Travis Knight (Oregon, EEUU. 1973), el hijo del cofundador de Nike, Phil Knight, que se podía haber quedado en eso, en un nepo baby más de la industria del cine. Pero tras la compra a finales de los 90 de los Will Vinton Studios, donde trabajaba de joven, Knight reconstruyó la fama perdida del estudio de animación desde sus cimientos, primero como animador, luego como director y, por supuesto, como CEO de ese nuevo sello en la animación stop-motion en el que LAIKA se ha convertido en sus dos décadas de historia.
Reservado por naturaleza, como los bosques que rodean su estudio, Knight dejó por unos días la neblina y la humedad de su Portland natal para sobrevivir a duras penas el increíble calor de Annecy, una ciudad salida de un cuento de hadas donde anualmente se da cita toda la industria de la animación pero que este año tuvo temperaturas “más elevadas que las de la superficie de Mercurio”. La broma de Knight se sentía como cierta, especialmente dirigida a unos profesionales que, como buenos animadores, se pasan más de media vida en “la cueva”, dígase su mesa de animación, sus monitores o, en el caso de Travis y la stop-motion, en esos sets donde foto a foto dan vida a sus personajes. “Tengo la complexión de un chaval enfermizo de la era victoriana que trabaja en una mina de carbón”, siguió exagerando disculpando su palidez.

Fue la primera visita de Knight al Festival de Festivales en lo que a la animación se refiere, pero la razón estaba más que justificada: ofrecer una primera aproximación a su nuevo largometraje como director, ‘Wildwood’. Audiovisual451 tuvo acceso a esta cita solo por invitación de la que procedemos a ofrecer un extracto de conversación que allí mantuvo Travis Knight. “Hay algo de cruel ironía en el hecho de que esté aquí hablando de ‘Wildwood’, una película que transcurre mayormente en un bosque frondoso. Un filme de dos horas que disfruta de los espacios sombríos”, arrancó con humor desde la soleada Annecy.
Pregunta: ¿Por qué contar esta historia?
Tarvis Knight: «Llevo mucho tiempo con ella. Está basada en una serie de novelas que escribió Colin Meloy, también de Portland, e ilustró su esposa Carson Ellis. Supe de su existencia antes de que acabara de escribirla y recuerdo que, en mi primera conversación, Colin me pidió que la película no saliera antes que el libro. ¡De eso han pasado 16 años! Rodar stop-motion es hacer cine a la velocidad de un glaciar, a la velocidad que se desplazan las capas tectónicas. Soy un friki de la literatura fantástica. Desde niño. Mi madre me regaló ‘El señor de los anillos’ y los devoré. Esta historia respira el mismo aire, pero a la vez es muy cercana porque transcurre en Portland. Una perfecta combinación entre un épico de fantasía y algo muy cercano, íntimo.»
Pregunta: Difícil de creer vista la escala de esta nueva producción.
Travis Knight: «Mi socio Chris Butler, encargado de escribir el guion, describió a la perfección la evolución de las películas que hemos hecho en LAIKA. ‘Coraline’ transcurre en una casa; ‘ParaNorman’, en un pueblo; ‘Boxtrolls’, en una ciudad; ‘Kubo’, en un país; y ‘Missing Link’, por todo el mundo. ‘Wildwood’ tiene lugar en múltiples mundos. Con ‘Kubo’ hicimos la película más grande hasta la fecha, un Kurosawa mítico en miniatura, un épico de David Lean rodado en la mesa del comedor. Aquí lo hemos amplificado todo. Por eso nos ha llevado tanto tiempo, porque nuestro equipo ha desarrollado las herramientas, las técnicas, los trucos para poder hacer algo en esta escala, lo más ambicioso que hemos acometido nunca.»

Pregunta: El guion es una pieza muy importante para empezar la travesía hasta lo que llega a la pantalla.
Travis Knight: «Sí, ahí comienza todo. Las adaptaciones son siempre complicadas porque las películas son un arte basado en el tiempo. Cuentas con un tiempo limitado para narrar la historia. Y esa es la pieza central. Esa historia es la razón por la que queremos hacer la película, su corazón. Hay que tener esto siempre presente. Es el contrato implícito que firma el realizador con el público, tú me das tu tiempo y tu atención y yo hago que valga la pena. Así que, comenzamos con la historia y de ahí vamos construyendo el diseño de personajes y del mundo donde nos movemos. Construimos un storyboard completo y vamos dando vida a una combinación de efectos prácticos y digitales. Obviamente utilizamos ordenadores. A ver, no somos Amish. Combinamos el arte y la artesanía con la tecnología. Desde nuestros comienzos ambos han sido elementos fundamentales. Cuando comencé en esta industria como animador la stop-motion tenía los días contados, estábamos al borde de la extinción. La implantación de los ordenadores mostró que se podía trabajar mejor, más rápido y más barato. Lo que nos planteamos en LAIKA fue porqué no utilizar esas herramientas y fusionarlas con nuestro trabajo. Fuimos los luditas que abrazamos nuestra extinción para ver cómo podíamos convivir y así sobrevivir. De algún modo, fue un acto de rebelión.»
Pregunta: ¿Cuál es la conexión emocional con sus filmes?
Travis Knight: «Siempre he sido un apasionado de la animación. Toda mi vida. En especial, la stop-motion. Incluso antes de ser director, de ser animador, de ser artista. De niño siempre iba con mi cuaderno tomando apuntes, algo que no le gustaba mucho a mi entrenador de béisbol. Siempre estaba dibujando. Siempre reinterpretando el mundo a través de mis manos. Me encanta el cine, me encanta la animación, pero para mi hay algo especial en la stop-motion. Crear la ilusión de vida mediante las manos del animador. Y que es un proceso progresivo no repetitivo como otras técnicas de animación. Cada plano es una interpretación que va de principio a fin. Un proceso que apenas ha cambiado en cien años, desde que (Georges) Meliés mandó un cohete a la Luna. La tecnología es diferente pero el proceso, el mismo. Mover un objeto delante de la cámara en pequeños incrementos hasta que se acaba el filme o el mundo colapse.»
Pregunta: Eso necesita una gran atención al detalle.
Travis Knight: «Es lo que amo del cine, la colaboración. Cada uno trayendo su propia visión desde los animadores hasta los actores, en este caso nombres como Awkwafina, Mahershala Ali, Maya Erskine, Carey Mulligan o Jacob Tremblay. Es como formar un grupo de rock o una orquesta. Cada uno tiene que trabajar de forma armoniosa o enfrentándose a los demás, pero siempre formando parte del mismo universo. Los animadores escuchan sus interpretaciones una y otra vez y utilizan hasta las sutilezas de sus movimientos. ¡Esta vez incluso contamos con Tom Waits! Cuando grababa su parte con esa voz de haber hecho gárgaras con cristales rotos casi sonaba como si cantara. En Wildwood también tuve el honor de trabajar con el director de fotografía Caleb Deschanel. Una leyenda con un montón de candidaturas al Oscar. Creo que seis. Nunca había trabajado en una película de stop-motion antes y ya tiene más de 80 años. Recuerdo que al principio no entendía cómo funcionaba la stop-motion y me preguntaba porque no trabajábamos en el exterior. Y yo le decía eso de ‘el sol ya se habrá puesto para cuando acabemos con el primer fotograma’. Pero la maravillosa cinematografía de Wildwood se la debemos a las increíbles ocurrencias de Caleb. Esa es la belleza de lo que hacemos, la colaboración artística que saca lo mejor de cada uno para crear algo que es más grande que todos nosotros. Con ‘Wildwood’ he logrado la película que quería hacer sobre las cosas que me importan y de la que me siento muy orgulloso.»



