Dinosaurios de boda en la Côte D’Azur


Beverly Hills Adjacent A451 Daniel Cubillo horLa ventana de mi Beverly Hills Adjacent no abre hoy ni con elei ni con Madrid. Hoy la intro viene con aires de Riviera francesa. Una brisa que no siento in my face desde hace demasiado y que tiene un algo adictivo. Mi primera visita a Cannes fue hace exactamente 20 años. Los siguientes diez años me convertí en regular, así que esta columna va a ser —entre otras cosas— una mezcla de nostalgia y estupor. Sí. Hoy toca MIPCOM, y está bien, porque el patio por aquí ha estado bastante tranquilo.

Lo único destacable de la —medio abandonada— ciudad de los sueños es que las super talent agencies de Jolibud, las todopoderosas —y entre sí normalmente enfrentadas— CAA, William Morris y UTA, se han ido juntas de la mano a Wasintón —aprovechando el romance entre Jon Voight y el orange muppet— para pedir que un 15 % del dineral del beneficio fiscal se emplee en proyectos independientes. Primero Hollywood pide $$$ en Washington para producir local, y ahora las agencias le están pidiendo al muppet que obligue a los grandes a no quedarse con todo. Ya está. Para servidor, aquí terminan las noticias locales. El resto ya no es noticia, it’s just the regular disruption, o sea, la trama habitual en caída libre.

Las novedades en disruption comienzan hoy con uno de los motores históricos del caos reinante: Netflix. Mi manual de supervivencia al caos dice algo así como: «Si content is king, la distribución es emperor y Wall Street es freaking God». Triste, pero cierto. Los superconglomerados que van a rematar esta industria no mandan; más bien obedecen.

Será coincidencia o no, pero desde que Netflix se arrodilla ante Wall St. las cosas andan torcidas de verdad. Esta semana han despedido al 6 % de la plantilla y están reformando del todo los pisos nobles. Entre otros super-execs, se han cargado a Bela Bajaria —la jefa mundial de contenidos—, que fue clave para convertir Netflix en algo verdaderamente global; no produciendo con pretensiones globales, sino con acuerdos locales. Vamos, construyendo casas de papel y juegos del calamar, entre otros.

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Desde que Netflix pujó por Warner – Discovery, las cosas se han ido de madre. Las mentes pensantes de Wall St. se empezaron a preguntar las razones por las que «LA» súper plataforma de streaming da señales de duda y se tira a comprar antigüedades que, encima, están caras. De ahí en adelante, los de la N colorada han estado dando palos de ciego en todos los frentes. Si os paráis un minuto en el home de Netflix y lo comparáis con cómo era hace un par de años, está todo dicho. They look lost, pero ojo, que siguen haciendo mucha plata. Y aquí entra en escena una de esas Hollywood contradictions: una compañía que declara 3.000 millones de beneficios en el último trimestre se carga a cinco de sus líderes y, ya de paso, a mil curritos. Misterios de Jolibud. A mí me da que los emperadores del contenido y la distribución le están enviando un mensaje a Dios, a ver si los perdona el haberse ido de compras con su tarjeta.

Pero, ya que estamos con disruption, mejor nos volvemos a la Costa Azul, que tiene mucho más glamour que los pisos altos de las oficinas de Netflix.

La noticia de MIP no es la caída en picado del mercado, sino su anuncio público en el sagrado The Wit. The Great Depression era el título de la presentación de este año —esta vez va un manda huevos en vez de un WTF—. Lo curioso es que no ha sido el único en hablar de chaos. Otra jefa de contenidos británica —la de la BBC, esta vez— se ha despachado a gusto con una perla en la onda de: «Quien encarga programas siguiendo algoritmos se convierte en un creative carcass». Eso ya lo sabíamos, y mira. Otra interesante: un periodista del medio alemán DWDL cuenta que, tras preguntar a varios asistentes, ninguno recordaba ni siquiera uno de los formatos nuevos presentados en The Wit. Tela. He estado en el MIP un promedio de 1,7 veces al año durante diez años consecutivos, y la única conversación que de verdad molaba era la de los reels nuevos de The Wit. Si la peña ya no recuerda ni un formato, la extinción está más cerca de lo que yo pensaba.

En un evento lleno de dinosaurios mirando al meteorito, MIP quiere vender «transformación» —lo de creadores, marcas, verticales e IA—. El problema es que ya es tarde y este no es su público. Y, si no, que se lo digan a Dhar Mann, uno de los visionarios que vieron negocio donde nadie miró. Contó el propio Dhar que le explicó a una mujer que dirigía un estudio con 170 millones de seguidores, 75 decorados y entre cinco y siete horas semanales de ficción. Ella pensó que hablaba de Paramount o Lionsgate. Cuando dijo que distribuía en YouTube, la señora desconectó. Pues eso: una mezcla entre dinosaurio y avestruz.

Los que probablemente estarán felices despite disruption son los grandes. A esos no es que les dé igual, es que les viene mejor esta situación. Los highlights son impresionantes: se presentan un 62 % menos de formatos nuevos que la última vez que pisé la Croisette —no quiero ni pensar en cómo habrá bajado el volumen de negocio—. Mientras, la pareja Banijay–All3Media controla ya el 25,8 % de las adaptaciones vendidas. Aquí va el WTF de hoy: ¡una de cada cuatro! The Great Depression para el mercado; menuda cosecha para los dueños del catálogo. Regalo de luna de miel.

Y aquí viene el motivo por el que algunos se cabrearon con los nuevos putosamos, y con razón. Antes, All3Media era una de las primeras paradas para buscar cosas sólidas y probadas; después de la boda con Banijay, han decidido que eso se acaba. Los títulos que antes podían comprar y producir indies like us han dejado de estar disponibles para productoras ajenas al grupo. Sip. El gigante no solo tiene una cuarta parte del negocio: también puede decidir qué IP reserva para sus propias productoras y cuáles deja circular. Menos mercado, menos puertas y el mismo portero, que ha cambiado el acento inglés por uno francés.

Pero tranquilos, porque, aunque —como Netflix— hoy sean kings of content y emperors of distribution, mañana tendrán que rendir cuentas a los señores de Wall St. y aledaños. Ya veremos.

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