¿La unión de la desunión?

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Tras varias semanas de silencio, el martes 7 de abril, el Ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, compareció en rueda de prensa, junto al Ministro de Sanidad, Salvador Illa, para dar cuenta de las actuaciones llevadas a cabo desde su ministerio tras la declaración del Estado de Alarma, el 14 de marzo. Contra su voluntad, las declaraciones del titular de Cultura, lejos de aplacar los ánimos, inflamaron a un sector audiovisual aletargado hasta entonces o quizá todavía en estado de shock por los efectos de la crisis sanitaria.

Rodríguez Uribes agradeció la comprensión de la industria cultural pero señaló que lo realmente importante en esos difíciles momentos era luchar contra la pandemia: “Me gustaría agradecer su comprensión, porque son sectores muy golpeados en las consecuencias económicas y sociales derivadas de esta pandemia. Son sectores que viven de público, sectores vulnerables, con mucha volatilidad y temporalidad pero que son perfectamente conscientes de que lo primero ahora es salvar vidas y contener la pandemia, pero también no dejar a nadie atrás, como lo dice en reiteradas ocasiones el presidente del Gobierno”, apuntó.

José Manuel Rodríguez Uribes
José Manuel Rodríguez Uribes

Lo que colmó la paciencia del sector e hizo levantar la voz casi de manera unánime fue la sentencia final de su intervención: “Hoy toca pensar en los enfermos, en salvar vidas y en parar el virus. Cuando lo consigamos haremos todo para reactivar la Cultura y el Deporte. Como decía Orson Welles, primero va la vida y luego el cine, pero la vida sin cine, sin cultura, tiene muy poco sentido y es muy poco humana”.

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Estas palabras desataron en el sector audiovisual una fiebre asociativa inusitada hasta ese momento. Nacieron así nuevas asociaciones en gremios que casi siempre habían renunciado a unirse para luchar por intereses comunes, otras agrupaciones decidieron sumar fuerzas en entidades supra-asociativas para realizar sus reivindicaciones, mientras que otras reconocidas hermandades empresariales, que ya tenían una trayectoria contrastada en los últimos años como lobby, incrementaron su actividad durante esos días.

Se sucedieron las reuniones telemáticas entre profesionales y aparecieron multitud de manifiestos, pliegos de reivindicaciones y comunicados con las diferentes peticiones al Ejecutivo de Pedro Sánchez. Insisto, nunca antes el sector había alzado la voz de esa manera y con ese ímpetu, pero la situación lo demandaba. Nadie puede poner hoy en duda que esa reacción fue un efecto positivo en el marco de la tragedia que estamos viviendo.

Sin embargo, no es menos cierto que esa voracidad asociativa ha distanciado en ocasiones esas reivindicaciones y ha generado que cada grupo, grupúsculo o gremio haya buscado más su beneficio propio que el bien común para el sector. Con esa atomización siempre se corre el riesgo de que el mensaje se disperse y que al final se olvide lo esencial y se dejen fuera medidas necesarias para todos. Por ejemplo, la guerra librada por su cuenta de diferentes sectores hizo que apenas una semana salieran a la luz varios protocolos de actuación para la reactivación de los rodajes audiovisuales, en condiciones idóneas de seguridad higiénico-sanitarias. Quizá lo lógico hubiera sido unificar criterios y no gastar fuerzas y recursos por separado, máxime cuando las medidas eran muy similares en todos los documentos presentados. Finalmente el ICAA sacó su propia guía para rodajes y se cerró el debate.

Es quizá hora de plantearse si la incuestionable noticia positiva que ha supuesto este frenético afán asociativo para alzar la voz surgido de la crisis, puede derivar ahora hacia un Reino de Taifas que no acabe beneficiando a todo el sector en su conjunto. Cabría preguntarse ¿es esta la unión de la desunión?

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