La Asociación Estatal de Cine, AECINE, con el apoyo de EGEDA, ha celebrado en la Academia de Cine el encuentro: «Los productores independientes como motor del cine español», un panel profesional protagonizado por algunos de los que han presidido algunas de las principales asociaciones de productores audiovisuales de España en las últimas dos décadas.
La intención de la jornada era evaluar la evolución del sector, las normas que lo regulan y los retos a los que se enfrenta, además de poner en valor el papel de los productores independientes en el momento actual del cine español. Y quien mejor para hacerlo que aquellos que, como productores independientes, fueron la voz autorizada del gremio ante instituciones, administraciones, televisiones y plataformas, influyendo en los cambios decisivos en el modelo de financiación o en la mejora del sistema de ayudas públicas, aún con el peligro de poner en riesgo sus propias carreras profesionales.

Por parte de la extinta FAPAE, la Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales Españoles, que en su punto álgido de existencia actuó como un verdadero lobby y agrupó a más de una veintena de asociaciones de productores, han participado Pedro Pérez (Secuoya), Eduardo Campoy (Álamo) y Gerardo Herrero (Tornasol). Por su parte, los presidentes de AECINE presentes en la mesa redonda han sido Gonzalo Salazar-Simpson (LaZona), Pilar Benito (Morena) y la actual presidenta de la asociación, María Luisa Gutiérrez (Bowfinger), que dejará el cargo en el último trimestre de este año 2026, tras permanecer en él los últimos seis años.
Eso sí, han faltado algunos nombres, como por ejemplo el que fuera el último presidente de FAPAE antes de su triste desaparición, Ramón Colom; o el hoy ejecutivo de Netflix Paco Ramos, que estuvo durante unos pocos meses de 2017 al frente de AECINE (entonces solo AEC) y cuya presidencia abandonó cuando se trasladó a la matriz de la plataforma en Los Ángeles, o también el desaparecido José Antonio Félez, que fue presidente de AEC justo antes de Paco Ramos y que tuvo un papel fundamental en el cambio al actual modelo de financiación del cine.
Cada uno de ellos han ido desgranando las principales batallas que tuvieron que afrontar como presidentes, unas negociaciones y confrontaciones que hicieron mella incluso en el plano personal, porque perjudicaron posteriormente a sus propias empresas. Según han contado en el encuentro, sus compañías productoras fueron en ocasiones represaliadas por los propios interlocutores con los que se reunían.
Entre los conflictos y retos en los que se vieron involucrados como presidentes de las asociaciones de productores está desde la aprobación con el consenso de todos los partidos de la Ley del Cine del año 2007, todavía vigente y que debía ser sustituida ahora por la nueva Ley que estaba previsto aprobar en 2024 y que ahora ya nadie quiere porque nace obsoleta y sin el consenso del sector; hasta poner en marcha la obligación de inversión de las televisiones en la producción de cine; o la implementación de los incentivos fiscales para la producción audiovisual.
Otros momentos cruciales fue el paso del modelo de ayudas a la amortización al sistema de puntos actual. También afrontar una pandemia que paralizó toda la industria o la aprobación de la Ley General de Comunicación Audiovisual, que hoy se siente como una derrota, principalmente por la definición de productor independiente que se publicó en ella… En definitiva, multitud de cambios, muchas veces estructurales y en otras ocasiones meros parches más o menos acertados, pero que de una manera u otra han conseguido que se perciba el sector audiovisual como una verdadera industria.
Todos los participantes han coincidido en la necesitad de tener una única voz en las negociaciones con administraciones públicas, televisiones y plataformas para que su labor sea mucho más efectiva. Pedro Pérez ha recordado que en 2013, cuando dejó FAPAE, había 21 asociaciones en la federación, por lo que lo más difícil de su labor era poner de acuerdo a los representantes de esas 21 entidades. Sin embargo, una vez que el acuerdo veía la luz, Pérez señaló que FAPAE acudía a las instituciones y a las reuniones con las televisiones como interlocutor único y una única propuesta, lo que siempre facilitaba llegar a un acuerdo. «Cuando hay varias voces, la Administración va a escuchar solo la que le interesa», ha comentado Pérez.

Por su parte, Gonzalo Salazar-Simpson piensa también que desde la desaparición de FAPAE ha faltado unión para tener un mismo discurso frente a la Administración y Mª Luisa Gutiérrez considera que juntos siempre les ha ido mejor y no cree que la producción no esté unida. Todos los ponentes han reconocido que, pese a todos los cambios y luchas, actualmente «estamos mucho mejor que estábamos, a todos los niveles». Para Pilar Benito, además, «entre todos se ha conseguido que nos consideren una una industria».
Quizá lo que no ha mejorado en todo este tiempo es el Fondo de Protección de la Cinematografía, del que dependen las líneas de ayudas del ICAA. Actualmente, dicho Fondo cuenta con una dotación de tan solo 65 millones de euros, una cifra a todas luces insuficiente. Hay que tener en cuenta que ya la Ley del Cine de 2007 estimaba que para satisfacer con solvencia las demandas del sector, dicho Fondo de Cinematografía debía contar con al menos 100 millones de euros.
Y esta infradotación del Fondo de Protección a la Cinematografía es el origen de muchos de los males que han afectado a los productores en las últimas dos décadas. Se estima que con esa dotación de al menos 100 millones de euros ninguna película se hubiera quedado fuera de las líneas de ayudas a la producción del ICAA, algo que ha ocurrido en contadas convocatorias. Esto significa que se podrían hacer películas más arriesgadas y también más operas primas, además de películas comerciales mucho más ambiciosas. De hecho, Gerardo Herrero cree que el principal problema es que «en estos 20 años han faltado 800 millones de euros para el cine», precisamente porque no se instauró la cifra de 100 millones de euros anuales.
Además, con una dotación adecuada, los productores no tendrían que competir salvajemente entre ellos y dejarían de hacer las películas a través de un hoja de excel, con el único objetivo de sumar 100 puntos para no quedar fuera de la lista de beneficiarios. Esto es, los productores diseñarían la producción para mejorarla desde un punto de vista creativo, sin pensar en sumar puntos como fin último. Así de sencillo. «No trabajamos las películas desde un punto de vista creativo, sino en un excel para llegar a 100 puntos», apunta Pilar Benito. «Efectivamente, tenemos un modelo Frankenstein y hacemos las películas con un excel», coincide Mª Luisa Gutiérrez.
En opinión de Eduardo Campoy, el cambio del modelo de ayudas no ha sido positivo: «Lo hicimos mal, porque al no tener la dotación adecuada, acabamos repartiendo miseria» y también cree que se han pervertido los tres principales fuentes del financiación del cine: las ayudas del ICAA, los incentivos fiscales y la inversión de las televisiones. Gonzalo Salazar-Simpson aseguró que el nuevo modelo tuvo muy buenas intenciones y nació con la idea de no dejar a nadie fuera, pero la escasez de recursos ha sido todo un lastre en este sentido: «En el momento en que el modelo obligó a alcanzar un mínimo de 80 puntos para no quedar fuera, fracasó», ha comentado el que es también máximo responsable de ECAM.
Pedro Pérez, quizá el presidente de FAPAE más influyente, cree que para estar preparado de cara el futuro sería bueno que el sector recuperase una única voz y que tuviese en cuenta los constantes cambios del mercado: «Es fundamental diseñar muy bien la relación con las plataformas y televisiones, sin ahuyentarles de la producción», ha comentado. Pérez también apuesta por «privilegiar las desgravaciones fiscales y ha sentenciado: «Somos más poderosos de lo que nos creemos».

Uno de los principales retos que deberán afrontar los representantes de los productores es la aprobación de una nueva Ley del Cine, pero no el borrador actual que no convence a nadie. «La nueva Ley nace ya obsoleta, debe revisarse para cambiar el modelo de financiación», apostilla al respecto Pilar Benito. También es de esa misma opinión Gerardo Herrero, que entiende que el borrador de la Ley que aprobó el Consejo de Ministros, «es mejor que no salga», pero tiene claro que es necesaria una nueva Ley de Cine, que se adapte a la situación actual. Tampoco hay que olvidarse de lo que se están jugando los productores en Europa, con el nuevo programa ÁgoraUE, que incluye al subprograma MEDIA+. Y en todas las regulaciones pendientes, tanto nacionales como internacionales, será decisivo de nuevo el enfoque se dé a la definición de lo que es un productor independiente.
Durante el encuentro han salido a la luz otras problemas endémicos como la falta de presupuesto para el lanzamiento de las películas que se producen o las dificultades que tienen los estrenos nacionales para hacerse un hueco los viernes en el parque de salas español. También la sobreproducción y en este punto Gonzalo Salazar-Simpson ha sido claro: «No pasa nada por que se produzca más, la clave es la diversidad«. Parece que los próximos meses van a ser decisivos para el sector de producción de España, que mantiene muchos frentes abiertos, mientras sigue generando envidia en el mundo con sus películas. El último hito, contar con tres filmes en la competición del Festival de Cannes, un hecho histórico.



