Entrevistar a un productor es como hablar con un político. Puedes ver que nada se le pega, nada le hace mella, mientras contesta como la persona más cordial del mundo. Pero si ese productor encima es el número uno de Hollywood, alguien como Jerry Bruckheimer, tan alabado por sus logros -artísticos y económicos- como denostado por quienes sienten envidia, sabes que tienes delante un teflón de la mejor calidad. A sus 82 años, el productor estadounidense me recibe en el hotel Ritz de Madrid hecho un pincel, delgado, atento y con el mismo deseo de atención mediática que siempre ha buscado el último de los grandes de Hollywood. Nunca será el legendario Robert Evans que hizo posibles películas como ‘El padrino’ (1972), ‘Chinatown’ (1974), ‘Love Story’ (1970) o ‘La semilla del diablo’ (1968). Eran otros tiempos y para el cine, una galaxia muy, muy lejana. Pero a Bruckheimer no le faltan méritos. Económicos, indudables. Los números hablan por sí mismos: Solo los 42 títulos donde su nombre aparece como productor han amasado más de 14.000 millones de dólares en la taquilla mundial. Y para aquellos que quieran tirarle abajo como el hombre que infantilizó el cine con sus blockbusters, otros vendrán que harán de Bruckheimer el productor de toda una generación, detrás de sagas que pese a los años no mueren como la de ‘Top Gun’, ‘Piratas del Caribe’, ‘Bad Boys’ o películas de una época como ‘Superdetective en Hollywood’, ‘Flashdance’ o ‘Armaggedon’, entre otras muchas. Películas llenas de acción, adrenalina y velocidad, el sello de este nacido en Detroit, la cuna del automóvil en EEUU, que sin embargo nunca se pasó al universo cinemático de los superhéroes. Probablemente para que no le hagan sombra.
Bruckheimer está en Madrid para ver a sus amigos Javier Bardem y Penélope Cruz con los que lleva filmadas varias aventuras cinematográficas. O para un a modo de homenaje en la Academia en España, un evento realmente dirigido a los académicos de Hollywood y otros votantes en esta temporada de premios en Estados Unidos. Y sobre todo para acompañar el estreno en plataformas (Apple TV) de su último taquillazo y -confirma- futura saga, ‘F1: La película’, con Brad Pitt al volante, el filme más taquillero de este guapo siempre en busca de validación que ahora aspira al Globo de Oro al Mejor Logro Cinemático y de Taquilla. “Es de lo más interesante -se confiesa en ese tono bajo de voz con el que ahora guarda su energía-, porque en un principio no le daban mucho futuro. Estos americanos no saben nada de este deporte y la película va a ser una patraña”. Bruckheimer imita comentarios que quizás no llegó a escuchar, pero que imaginó en las cabezas de aquellos enamorados de las carreras de Fórmula 1, un deporte apenas conocido en Estados Unidos. “Pero cuando estrenamos, cuando la vieron, se dieron cuenta. No tuvo un estreno fuerte, estuvo bien, pero nada gigantesco. Luego fue creciendo y creciendo… Una de las pocas películas que tras su estreno en IMAX unas pocas semanas en junio regresó en agosto a estos cines porque había funcionado muy bien. Un trabajo conjunto con Apple. Y todos sabemos como son los streamers, que normalmente estrenan en tres o cuatro semanas. ‘F1: La película’ llegó a las pantallas a finales de junio y ha aguantado hasta el 12 de diciembre hasta llegar a la plataforma. Nada mal”, confiesa pausado pero dejando claro su poderío.

En una industria donde la conversación más habitual en los últimos tiempos (además del futuro de la Inteligencia Artificial) es su propio futuro, la desaparición del cine como ese formato que triunfó en el siglo XX y principios del XXI, con sus salas, sus palomitas y toda su fanfarria, a Bruckheimer se le ve de lo más tranquilo ante el anunciado final. Tiene sus manos en todos los pasteles, desde hace décadas triunfando también en el campo de la televisión y ahora, por supuesto, trabajando con plataformas como Apple TV. Pero su corazón sigue en el cine y a este formato le sigue viendo un gran futuro. Bueno, al menos un futuro. “¿Tienes cocina en casa, no? Pero, ¿sigues saliendo a cenar fuera? Y te gustan los buenos restaurantes, ¿no? Pues esto es lo mismo. En casa tienes televisión donde lo puedes ver todo pero si sabes de algo que es bueno, vas a verlo. Y eso es lo que hacemos, buenas películas que atraigan a la audiencia”, resume, quizá algo simplista, pero se lo puede permitir. ‘F1: La película’ ha recaudado 629 millones de dólares en la taquilla mundial, el largometraje de imagen real original (nada de sagas) más exitoso de 2025.
Queda claro que respaldado por el éxito, el José Andrés del cine de palomitas de Hollywood sabe lo que se cocina. Su principal ingrediente: guion, guion, guion. “La historia lo es todo y ‘F1: La película’ es una historia que conecta con tus emociones. Todos queremos una segunda oportunidad. Una historia bien elaborada lo mismo que todos sus personajes, que tienen chicha. Fue un verdadero placer para mi embarcarme en un viaje como este”, se relame.
Bruckheimer tiene gustos eclécticos a la hora de ver cine. Le gusta estar al tanto de lo que hay en la calle, pero también disfrutar de títulos más antiguos como ‘Los 400 golpes’ (1959), ‘El padrino’ (1972) o ‘French Connection’ (1971). De esta película nunca llegó a conocer a Fernando Rey, uno de los referentes interpretativos del cine español, un Javier Bardem mucho antes de Javier Bardem, pero sí que recuerda que con el protagonista de la cinta, Gene Hackman, fue con quien trabajó en España hace muchos, muchos años. Era ‘Marchar o morir’ (1977), un título del que ni él mismo se acuerda mucho. “Era una de mis primeras películas y rodamos bastante en Almería”, se esfuerza por hacer memoria. Esta también le falla cuando le pregunto por su conocimiento del cine español reciente, pero en lugar de hacer un pasapalabra deja su cerebro funcionando hasta que le viene a la cabeza la filmografía de Juan Antonio Bayona. “Ahí lo tienes, un español que me gusta mucho”, se jacta entrecortando otro momento de la conversación para demostrar su conocimiento del cine español que había dejado en entredicho.

Sobre Javier y Penélope no tiene que esforzarse. Las palabras -todas buenas- brotan con una rapidez inusitada en esta conversación pausada. “Un tipo increíble Javier. Trabajar a su lado siempre es un placer y fuente de alegría. Un actor inimitable con una familia estupenda. Su esposa también es brillante. Me siento afortunado de haber trabajado con ambos. Para mí, representan el talento español, lo que amas de España, de su gente. Son gregarios, cálidos, divertidos, disfrutan de la vida y te contagian sus sentimientos. Son lo mejor”, describe. Ellos también se han convertido en los mejores embajadores de la industria española para Bruckheimer, compartiendo en este viaje relámpago encuentros con los productores españoles de sus próximos estrenos. “En este viaje he aprendido mucho de la industria cinematográfica española”, insiste. “También asistí a una proyección con chavales que fue maravillosa donde pude responder a sus preguntas”, describe de un encuentro que al parecer se tornó rápidamente en un continuo preguntar por parte de futuros realizadores cómo poderle hacer llegar sus guiones o sus currículos mientras Bruckheimer tiraba balones fuera diciendo eso de “que tu agente contacte con mi agente”. Una visión de la industria española quizá algo distorsionada. “No creo que haya tanta diferencia. Hacer cine en Hollywood o en España es la misma lucha. Todo funciona de la misma manera. Lo que cambia es la escala, el tamaño. Aquí no se produce a la misma escala. Lo demás es igual. Necesitas un gran guion y con eso, un buen director. Y le sumas un buen actor. Y con todo vas a buscar financiación”, detalla.
Pequeño detalle el de la financiación. Aquí no se trata solo de escala sino de modelos de financiación. Tras titubear me da la razón. Quizá las industrias no son tan similares, al menos en este punto. Comparto con el productor las declaraciones de Peter Weir o Milos Forman, ambos grandes cineastas de Hollywood que tuvieron que buscar financiación en Europa para sus últimas producciones y, como también le ocurrió a Terry Gilliam, se sintieron incómodos con un sistema de puntos y de ayudas que limitaban (más que apoyar, decían) su creatividad. “No puedo hablar desde la experiencia, pero es más fácil trabajar con los estudios. Con otro tipo de financiación nunca sabes si realmente tienes el dinero hasta que está en el banco. Sí, es mucho más duro hacer cine de la forma en la que se hace en España”, claudica finalmente.

El panorama también está cambiando mucho en Hollywood desde los tiempos en los que, junto con Don Simpson, eran los reyes del mambo en Hollywood. Hace casi 30 años desde que su compañero cinematográfico falleció a lo grande, de una parada cardiaca a los 52 años provocada por una sobredosis de cocaína y otras drogas. Bruckheimer aún le recuerda como su polo opuesto del que aprendió mucho. “Dominábamos campos diferentes. Yo hacía las películas, él las desarrollaba. Él era el mejor de los vendedores y sabía pillar a los que iban de farol. Porque una cosa es saber hablar y otra saber andar. Yo me relajaba en el asiento trasero y le dejaba hablar”, rememora con cariño. Ahora las cosas son diferentes y más que van a cambiar si se hacen realidad los últimos anuncios de compra en Hollywood. “Es lo triste de nuestra industria, que se está contrayendo. Hemos perdido 20th Century Fox. Ahora puede que perdamos Warner Bros. No está bien. Menos mal que ganamos Amazon, Netflix y Apple, tres nuevos lugares con los que seguir haciendo lo que nos gusta”, concluye por primera vez en toda la conversación dejando notar el paso de las ocho décadas de Hollywood que lleva a sus espaldas.


