Más Jolibud que Jolibud


Beverly Hills Adjacent A451 Daniel Cubillo horEn esta ciudad de tamaño descomunal hay más de 40.000 calles, pero si hay una que representa la industria de Hollywood no es precisamente Hollywood Boulevard. Hoy volvemos a hablar de Sunset, el auténtico pulmón del show business. En la primera trama de hoy se acuestan en la misma cama la contradicción, la creatividad, el absurdo y la ambición. Como en todas las demás camas de Hollywood.

Esta semana, en elei —la segunda ciudad con mayor número de homeless del imperio—, a los marqueteros de Netflix se les ha ocurrido poner a vivir a un señor en una valla publicitaria. Sip. Así como suena. Le han construido una casita que es una mezcla entre favela y decorado de peli poscataclismo. Si fuera homeless, yo exploraría el modelo. El muñeco —actor— ha pasado allí dos o tres días —confío que con aire acondicionado— saludando a la peña y escribiendo mensajes en una pizarra. Se trataba de promocionar la peli ‘The Last House’, que estrena Netflix. Esto, por supuesto, ha ocurrido en Sunset Blvd. ¿Visual? Sí. ¿Absurdo? También. Y demasiado local y más jolibud que todo jolibud.

Otra trama de cama que suena imposible es la de Francia y los capos del entertainment. Ahora que Europa permite a The House of Ellison comprar Warner, resulta que el único problema que tienen los amigos del orange muppet para cerrar la compra está en casa. ¿Quién lo iba a decir, no? Dejemos al villano y sigamos con la trama francesa —que sigue siendo muy de cama—. Macron acaba de convocar una reunión internacional para hablar del futuro del cine y de la imagen en movimiento. Serán 150 invitados de más de 30 países; se supone que serán las mejores mentes del negocio. Lo interesante de la línea argumental es el compañero de cama de Macron. El elegante presi francés monta la cumbre con Corea del Sur. ¿Cómorrrrrrrr? Yes. Corea, esos que han convertido sus contenidos originales en un big cultural power por todo el freaking world haciendo miles de millones con ello. Pues parece que los del K-pop, ‘Squid Game’, ‘Parasite’ y derivados van a jugar en el mismo equipo que la France, que representa, como nadie, lo de la ‘excepción cultural europea’. Y aquí es donde vienen las regulaciones, cuotas, financiación pública y ‘soberanía cultural’ —término resbaladizo que está terminando en las manos de los tech oligarchs. Bueno, pues los conquistadores coreanos y el elegante francés han visto el hueco, y se van a poner a liderar. So far, a mí me parece bien. En la cumbre va a haber muchos señores de Sunset, a ver cómo lo procesan. Están perdiendo la partida y no están acostumbrados —a lo mejor por eso Macron ha puesto la Lumière Summit cerca de Cannes, para que al menos se sientan como en casa—.

La tercera trama de cama en la ciudad de los sueños tiene nombres grandes: Warhammer 40,000 y Amazon. La pareja está en plena luna de miel. Hace unos días se cerró el acuerdo por el que Amazon entra en un ecosistema que ya tiene producto, comunidad, rituales, personajes, historias, videojuegos, tiendas, libros y décadas de fidelidad. Muy buena jugada, en mi opinión. Por cierto, mucho más listos estos de Warhammer que sus vecinos de Star Wars, Dungeons & Dragons o El Señor de los Anillos. Amazon, por ahora, solo tiene derechos para cine, TV y merchandising de Warhammer 40,000, pero el control creativo sigue siendo de los warhammeros, que, by the way, están haciendo un dineral.

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Lucas le vendió el chiringuito entero a Disney; los resultados dicen bastante. El universo de Tolkien se reparte entre el propio Tolkien Estate, Warner, Amazon y Embracer; la cosa es que cada uno maneja partes distintas, y los que se están haciendo de oro de verdad son los abogados que tratan de darle sentido a todo. Warhammeros, toca quedarse tranquilos; esto está bajo control.

La última trama de hoy no es de cama, es de armario y está lleno de sorpresas. Uno de los dos cerebros creativos detrás de Matrix —los exhermanos, o sea, hoy hermanas Wachowski— está poniendo en marcha algo parecido a lo que en su día hizo United Artists: crear un estudio con las propias estrellas para liberarlas de la esclavitud de Hollywood. En otra época convulsa —1919— Pickford, Fairbanks, Chaplin y Griffith quisieron controlar sus propias pelis y lo hicieron a través de su propio estudio. Después de salir del armario forzada por la prensa, la menor de las hermanas Lana y Lilly Wachowski —Lilly— tiene algo parecido entre manos. Está montando una de esas de las que solo se ven en Hollywood. Como lo del tipo viviendo en la valla publicitaria, pero en vez de por márquetin, por corazón. Cosas de las estrellas.

Lilly (ex Andy) Wachowski ha lanzado una iniciativa que se llama Anarchists United, y que es a la vez una fundación sin ánimo de lucro y un estudio de producción. La fórmula tiene muy poco de Hollywood: la fundación encuentra, forma y ayuda a escritores y directores + El estudio desarrolla y produce sus proyectos + Todas las personas que trabajan participan en los beneficios + Los beneficios netos del estudio regresan a la fundación + Ese dinero sirve para apoyar a la siguiente generación. Se van a centrar en género —terror, ciencia ficción, thriller— con budgets por debajo de 10 millones de dólares, aunque le van a dar a todo. ¡No me digáis que esto no es final feliz 100 % jolibud! Una de las creadoras de la distopía tecnológica más influyente de la historia utiliza ahora la pasta y la sabiduría que sacó de Hollywood para construir un sistema alternativo a Hollywood. Jolibudiano total.

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