Animación española: Es el momento

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Por Nico Matji, presidente de Diboos.

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Han tenido que pasar cerca de 70 años desde que los estudios Moro empezaran a dedicarse a los servicios de animación en aquel Madrid en blanco y negro de 1950, para que podamos comenzar a hablar de algo parecido a una industria de animación en España. Y ya en la actualidad, podamos hablar de Diboos, la Federación de productores de animación y efectos visuales de España cuenta con más de 30 empresas entre sus socios. Así, grandes producciones internacionales como ‘Klaus’ y ‘Wonderpark’ o los efectos visuales de ‘The Mandalorian’ o ‘Juego de Tronos’ han sido llevadas a cabo bien íntegramente, bien parcialmente, por algunos de nuestros socios.

Nico Matji
Nico Matji, presidente de Diboos.

Los últimos incentivos fiscales aprobados el pasado 6 de mayo permiten a las empresas de animación españolas poder competir al nivel más alto en el entorno de servicios, sin embargo, esto no es suficiente para apuntalar una industria que proporciona un empleo joven, a largo plazo y donde el teletrabajo es una realidad.

Todos sabemos que la competición entre países por presentar los mejores incentivos fiscales para atraer rodajes nunca acaba y también conocemos que nuestras empresas de animación y VFX compiten constantemente con empresas de otros países, siempre dispuestas a bajar el precio. El giro que tenemos que dar para afianzarnos es generar marcas propias y conceptos con proyección internacional que generen una gama de productos derivados y que ayuden a engordar a nuestras empresas y nuestro Producto Interior Bruto.

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Juego de Tronos El Ranchito
‘Juego de Tronos’.

Poder generar y empezar a financiar esas series de televisión y largometrajes dentro de nuestras fronteras es nuestra asignatura pendiente. No dejo de pensar por qué el respaldo más importante que tuvo una serie como ‘Pocoyó’ llegó de la productora inglesa Granada, hipotecando el desarrollo de la marca, antes que de nuestras propias cadenas de televisión. Y en cómo mi querido ‘Tadeo Jones’ aportó 5 euros netos a las arcas del estado por cada euro público que recibió, contando sólo el territorio nacional.

Porque cada caso de éxito surgido en nuestras fronteras ha tenido mucho trabajo detrás y un pequeño milagro económico que permitió sacar adelante el embrión que lo lanzó todo: ‘Klaus’ fue posible gracias a que Atresmedia decidió invertir en el desarrollo del teaser de la película y con ello, se pudo ir a Netflix. ‘Atrapa la Bandera’ ocurrió gracias a un desarrollo inicial financiado por Mediaset España, ‘Dragonkeeper’ (próximo estreno) tuvo un importante empujón de Atresmedia y Telefónica. Sin embargo, esto es algo que ha empezado a ocurrir con cuentagotas en los últimos 7 años. Una de las razones más importantes por la que este fenómeno se produce con tan poca frecuencia es porque el periodo de desarrollo y producción de una obra animada puede llevar hasta cuatro años y los ejecutivos de las empresas tienen que rendir cuentas con carácter anual.

Pocoyo
‘Pocoyó’.

Desde esta columna me gustaría proponer dos medidas al gobierno con el fin de que podamos afianzar un sector que se puede convertir en una gran industria y en una fuente de riqueza para nuestro país y que no tienen un coste directo en las arcas públicas:

  • La primera medida se refiere a la próxima trasposición de la directiva audiovisual europea: Sería conveniente que se estableciera una cuota de la obligación de inversión anual de teleoperadores, operadores de cable y plataformas destinada a la inversión en contenido de animación, tanto largometrajes como series de televisión.
  • La segunda medida tiene que ver con la anualización de las desgravaciones fiscales en las producciones audiovisuales. Actualmente, son el último dinero que entra en una producción porque depende de la fecha de calificación de la obra audiovisual y de los beneficios anuales de los inversores (este 2020, por cierto, va a estar cruda la cosa).

Con estas dos medidas, estaríamos creando un círculo virtuoso para el desarrollo de obras audiovisuales animadas susceptibles de convertirse en marcas internacionales y desarrollando una industria capaz de jugar al mejor nivel de manera global y a prueba de virus incómodos.

El momento de hacerlo es antes de octubre de 2020. Es decir, ya mismo.

Nico Matji, presidente de Diboos.

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